¿Por qué se mueren todas mis plantas?

Errores que comentemos en sus cuidados y algunos consejos de jardinería útiles.

"Me encantan las plantas, pero todas se me mueren". Lo has escuchado alguna vez, ¿verdad? Lo cierto es que es algo muy común entre la gente y resulta frustrante para todos aquellos que desearían introducirse de lleno en el mundo de las plantas. Plantas de interior, de exterior o huertos urbanos son víctimas de esta pregunta a la que intentaremos poner freno con algunos consejos útiles.

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La muerte de nuestras plantas es un claro indicador de que estamos haciendo algo mal y lo primero en lo que debemos indagar es en saber qué es exactamente lo que está fallando.

En primer lugar, debemos tener claro si nuestras especies son de interior o exterior. Las condiciones de humedad y temperatura, no son las mismas. Así que cuando adquieras una especie, cerciórate sobre su ubicación.

¿CUÁNDO COMPRAR CADA PLANTA?
Esta pregunta es fundamental, puesto que durante el año las condiciones de temperatura no son las mismas. Por supuesto, nuestra casa no reúne las condiciones de los invernaderos y el sol directo de un ventanal o la calefacción en invierno, pueden perjudicarlas. Es importante conocer las condiciones de cada una. Pregunta al especialista antes de llevártela a casa.

Otro consejo, asegúrate de comprar siempre las más frescas. Los cambios que sufrirá entre el transporte del invernadero a la tienda y de la tienda a tu hogar, serán más pequeños y por tanto, menos traumáticos para la planta. Porque, recuerda, son seres vivos.

¿Y cómo saber cuál es la más fresca? Fácil. Aquellas con más capullos cerrados y pocas flores abiertas son las últimas en llegar. Esa es tu planta. Otra clave: las hojas inferiores han de estar tiernas. Nada de estar secas o cortadas.

SOBRE EL RIEGO
Si no conoces las necesidades de cada especie, compruébalas a través de su maceta. Basta con introducir el dedo en ella. Si el borde está ya a unos centímetros de la tierra, es que es el momento de regarla. Esto no es igual en cada estación y sucederá con mayor frecuencia en verano que en invierno.

Calefacciones, aires acondicionados y ventiladores no son buenos aliados igual que no lo son las exposiciones elevadas o vientos fuertes en el exterior. Busca siempre una ubicación equilibrada y, por supuesto, ten en cuenta el tamaño de la maceta.

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Una planta que crece en una maceta pequeña terminará por ahogarse y dejar de crecer. Ve cambiando a macetas más grandes en la medida que veas que lo necesiten. ¿Cómo saberlo? Verás por los agujeros de la base que la raíz empieza a pedir a gritos un lugar más grande donde instalarse.

No la dejes nunca en su contenedor original. Y mejor, uno de barro que uno de plástico con orificios adecuados para un buen drenaje y mantenimiento de la humedad.

Y un último consejo: ten cuidado con el plato de la base. Si la planta en sensible a la humedad, el agua sobrante podría ocasionar daños en la raíz y hacerle morir así que tan sólo utilízalos en el momento del riego para recoger el agua que sobre y cuando veas que ya no sale más, retíralos.

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