¿Sabías que las malas hierbas resisten al cambio climático? 🌿

Ahora sabemos que el dicho Mala hierba nunca muere, se podía interpretar de forma literal.

Carretilla con hierbas cortadas
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Uno de los errores más comunes a la hora de cuidar nuestros jardines y huertos, es no conocer la clase de ecosistema al que nos enfrentamos. Por ejemplo, no es lo mismo un campo gallego que uno australiano.

Y es que el tipo de vegetación, el grado de sequía o las condiciones climatológicas, son aspectos fundamentales que debemos tener muy presentes para el correcto crecimiento de nuestras plantas. No obstante, si hay un tema que lleva dando muchos dolores de cabeza en los últimos años, es el del cambio climático.

Pero, ¿qué tienen que ver las malas hierbas con todo esto? Según una investigación internacional liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Cientí­ficas (CSIC), las plantas que regulan su población mediante factores endógenos pueden ser más resistentes a los efectos del cambio climático.


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Para llegar a la conclusión, el estudio tomó como referencias dos de las malas hierbas más comunes en los campos de cereales: el jaramago y la hierba gallinera. Ambas especies son invasoras, y provocan pérdidas millonarias cada año. ¿La buena noticia? Al conocer de antemano qué especies se pueden desplazar a las zonas de cultivo, es mucho más fácil tomar medidas para proteger las cosechas.


Por otro lado, y no menos interesante, el granjero Peter Andrews, quien lleva toda su vida investigando por cuenta propia cómo mantener la fertilidad de la tierra, llegó a una conclusión asombrosa: las malas hierbas también pueden ser nuestras aliadas en la lucha contra el cambio climático.

Basándose en el clima seco y árido de su Australia natal, Peter ideó un nuevo sistema de agricultura basándose en la reconducción del flujo del agua. Se trata de emplear la maleza y las malas hierbas para obstruir el agua de los riachuelos y las presas, aumentando así el nivel de humedad del suelo, y finalmente, haciendo que las plantas crezcan más. En sus propias palabras, ''es como crear esponjas gigantes con malas hierbas''.

Además, las malas hierbas también actúan absorbiendo el dióxido de carbono de la atmósfera, otro factor clave en la lucha contra el cambio climático.

Más información: CSIC

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