Titanic: surcando los mares del lujo

Fue la noche del 14 de abril de 1912 la que pondría fin al viaje del transatlántico más grande y lujoso de la época, el famoso Royal Mail Steamship Titanic. El buque que inspiraría muchas décadas después a James Cameron y el mismo que situamos hoy como objeto de inspiración en esta decoración que trasladará a tu hogar a los primeros años del XX y lo llenará de glamourosos detalles y un exquisito lujo.

A pesar de lo trágico que fue su final (y el de las más de 1500 personas que fallecieron en él), esta gran bestia de los mares es todo un icono. Fue construido entre 1909 y 1912 en el astillero Harland and Wolff (Belfast) y contaba con todo lujo de detalles que lo convierten en una insignia de la decoración más suntuosa de principios de siglo XX. Los responsables fueron William Pirrie, director gerente de Harland and Wolff y Thomas Andrews, ingeniero naval. Si bien fallaron en el diseño de sus sistemas de seguridad, no hicieron lo mismo con sus delicados detalles. Costó un total de unos 7,5 millones de dólares de la época (unos 300 millones de dólares al cambio actual). El oro, plata y bronce envolvían al buque en un espacio de comodidad para pudientes donde los detalles clásicos con acento barroco se respiraban en cada rincón, dando como resultado una ostentosa e impresionante estructura.

Utilizaron revestimientos de madera blanca, chimeneas empotradas con estufas eléctricas y majestuosas escaleras en forma de caracol que ascendían a los lugares de reunión, como salones y comedores, espacios vestidos por delicadas alfombras y tapices. Por supuesto, las vajillas tipo limoges eran las piezas por excelencia para dar de comer a una tripulación de lujo. 

Una regia cúpula de cristal añadía luz natural al conjunto gracias a los tragaluces a ambos lados de las escaleras. En las habitaciones, el lujo no era menos: señoriales paneles de pino blanco, solemnes muebles de caoba y ambientes decorados en estilo gregoriano para aportar tranquilidad a sus pasajeros. El Palacio de Versalles fue uno de los motivos de inspiración a la hora de decorar el transatlántico, quedando patente en los tapices y paneles de madera tallados. 

Uno de los detalles que destacaban en su decoración eran los candelabros y espejos en bronce, los cuales conferían una distinguida elegancia a todos los ambientes. El mármol blanco y los vidrios tintados completaban una decoración de ensueño de un buque que, pese a estar diseñado con toda la ilusión y finura posible, no obtuvo más que un trágico final de viaje en mitad del Atlántico, quedando convertido en una auténtica leyenda que hoy descansa en las profundidades del mar. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Amor entre lujos

En 1997, James Cameron llevó al cine al legendario buque a través de la historia de amor que protagonizaron los actores Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. La época, caracterizada por un fuerte clasicismo, es el escenario de la relación que unió a estos dos personajes, procedentes de mundos totalmente opuestos... y niveles dentro del mismo barco.

Ese majestuoso lujo era sólo apto para los pudientes. Los más pobres, viajaban en la tercera clase, sin las facilidades de los viajeros de primera. La historia muestra a través de su amor, el contraste entre la pobreza y la riqueza de comienzos de siglo, entre detalles de ensueño como los rincones por los que se mueve Rose (Kate Winslet) y los lugares más lúgubres que frecuentaba Jack.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Joyas con historia

La cinta nos hizo partícipes de momentos inolvidables del cine como cuando un jovencísimo DiCaprio dibujaba a una radiante Kate Winslet. Los detalles del lujo de comienzos de siglo no sólo quedan patentes a través de la decoración del transatlántico, sino también mediante pequeños detalles como la joya en torno a la que gira la historia que Cameron quiso contar, a través de una anciana Rose, como trasfondo del film: la del corazón del mar. Una delicada y valiosa gargantilla que lucía la protagonista y que años después buscan mediante batiscafos en los restos de lo que un día fue el buque de la abundancia.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Joyeros con encanto

Los pudientes de la época tenían controladas todas sus pertenencias en coquetos muebles auxiliares como este armario joyero de madera de pino y cerezo, de Westwings.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para pequeños tesoros

Quién sabe si las joyas más valiosas de los tripulantes no descansarán entre corales, encerrados en pequeños joyeros de mesa similares al que hoy propone Westwing, en delicada madera envejecida, con espejo. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Auxiliares sin igual

Cada rincón estaba cargado con un detalle o un mueble auxiliar pensado para que no le faltase de nada a una exigente tripulación. Una forma de introducir el Titanic en tu casa es mediante este tipo de estructuras, como una pequeña consola en un lugar de paso o rincón en el dormitorio. 

La propuesta de la imagen es de Westwing (99 €)

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para las más coquetas

Uno de los muebles que no podía faltar en un transatlántico tan soberbio, eran los tocadores. Las mujeres de la época, coquetas y ultra femeninas, hacían vida en ellos. Hoy, estas piezas son prácticamente muebles de culto que otorgan a tu hogar una original distinción.

La propuesta de la imagen es de Portobello Street (694 €)

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Comodidades de primera clase

La habitaciones de la primera clase estaban dotadas de todo tipo de muebles auxiliares pensados para la comodidad de los viajeros. Por ejemplo, pequeños asientos estilo escabel como este, de madera envejecida y asiento tapizado en tono tierra de Westwing (79 €)

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Minuciosos detalles

Cada rincón de los salones donde la primera clase se codeaba estaba cuidado de forma minuciosa. Hoy, podríamos rememorar dichos lugares con jarrones de resina como este, de Westwing.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Shabby chic

Parte de esa nostalgia centenaria podría ser recuperada mediante muebles de estilo shabby chic, que tanta melancolía y añoranza despiertan gracias a su efecto envejecido. Su estructura, clásica y romántica, repleta de recodos redondos, podría ser perfectamente la de una cómoda de una adolescente pudiente de la primera clase del Titanic. 

La cómoda de la imagen es de madera de álamo y DM, de Westwing.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Cabeceros delicados

Las camas, perfectamente vestidas por sus cuatro costados mediante cabeceros ostentosos o doseles, podrían ser objeto de inspiración actual a la hora de decorar nuestro dormitorio mediante estructuras de hierro como esta, modelo Langeais, de El Corte Inglés.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Narcisismo ostentoso

A la hora de decorar las estructuras de los espejos, todo era poco para ensalzar estos accesorios en los que la primera clase engrandecía su narcisismo. El bronce era uno de los materiales más utilizados. 

En la imagen, espejo con marco de bronce envejecido de Westwing.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
División de estancias

Antiguamente, los biombos eran estructuras muy utilizadas para separar las clásicas alcobas de los dormitorios principales, del vestidor... 

Hoy pueden encontrarse piezas con sabor clásico como estos paneles de madera de paulonia, de Westwing.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Cristalería exquisita

El menaje, vajilla y cristalería del que disfrutaban los viajeros de la primera clase no era de menor calidad. Exquisitas porcelanas y vidrios tallados vestían las fastuosas comidas. 

Actualmente, los juegos de cristalería rescatan esa esencia lujosa en versión 'low cost'. El modelo de la imagen es de By table, disponible en El Corte Inglés.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
La Cartuja de Sevilla

Una clásica vajilla que hubiera encajado a la perfección es el modelo que jamás pasará de moda por la exquisita elegancia: La cartuja de Sevilla, con las delicadas piezas realizadas en loza. 

El modelo de la imagen, en rosa, está disponible en El Corte Inglés.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Porcelana labrada

Delicados juegos de cerámica y porcelana labrada y tallada con motivos florales están disponibles en la actualidad para resucitar el espíritu del Titanic en tu mesa. 

En la imagen, el modelo Damasco, de Zara Home.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Aire floral

Otros juegos más coloridos pero no menos delicados rescatan la esencia de comienzos de siglo y la ostentación de la que se hacía uso en el buque más famoso de la historia de los mares. 

En la imagen, vajilla de Vista Alegre, modelo Lazuli.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo