Un hotel rural entre naranjos

El hotel Molí El Canyisset, en la localidad valenciana de La Font d'en Carròs, se levanta sobre un molino del siglo XVII. La belleza del entorno y su cuidada decoración hacen que la estancia allí sea inolvidable.

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Las habitaciones, muy espaciosas, cuentan con una zona de escritorio.

Todas están decoradas de forma distinta para que cada ambiente sea irrepetible. Los únicos elementos comunes a todas ellas son los arquitectónicos: suelo de barro y carpintería de madera pintada en color verde agua. La propietaria del Molí El Canyisset es la galerista de arte Rina Bouwen, y los cuadros que decoran sus paredes son obras de los artistas que exponen en su galería.

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En la decoración de esta habitación,

así como en la del resto del hotel, se combinaron muebles de distinto estilo: diseños rústicos traídos desde Bélgica por la propietaria con piezas de anticuario y almonedas recuperadas por las decoradoras Ana, María y Juana Delgado. Junto a ellos, los complementos de estilo actual ponen un atractivo contrapunto.

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La sala de reuniones ofrece la posibilidad de trabajar en un entorno relajante.

La sala dispone de conexión para ordenadores y, a la vez, de salida directa al jardín para los momentos en que sea necesario hacer un descanso. Molí El Canyisset se diseñó con facilidades de acceso para minusválidos y ascensor, para eliminar las barreras arquitectónicas.

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Al hotel Molí El Canyisset

se llega a través de la autopista A-7. Si se sale desde Valencia en dirección hacia Alicante, hay que tomar la salida 61 que indica Oliva. Una vez allí, hay que tomar el desvío hacia La Font d'en Carròs. Después de unos 4 km se llega a esta localidad, se rebasa y se toma la carretera hacia Beniarjó. El hotel se encuentra a sólo 1,5 km de distancia.

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El hotel dispone de un agradable jardín

donde el visitante puede disfrutar del magnífico clima valenciano. Las vistas, el aroma de los naranjos y el rumor del agua fluyendo en la acequia -que discurre bajo el suelo del hotel en los días pares, según el dictado del tribunal de las aguas- constituyen todo un espectáculo para los sentidos.

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El hotel se levantó sobre un molino de arroz del siglo XVII.

El arquitecto Ricardo Elizondo se encargó de la reforma: recuperó la chimenea, donde hace siglos se quemaba la cáscara de arroz, y mantuvo la estructura del edificio. La fachada se revocó con arena de la playa.

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La antigua maquinaria del molino se recuperó.

Los engranajes que entonces servían para lavar, secar y moler el arroz se han convertido en auténticas esculturas que imprimen carácter al salón del hotel, decorado con una mesa de trillo.

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Desde la recepción, cada detalle recuerda el pasado del hotel como molino.

Las mesitas auxiliares que flanquean la puerta de entrada se realizaron con las antiguas poleas que giraban impulsadas por la fuerza de la corriente del agua.

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De las 17 habitaciones que dispone Molí El Canyisset,

dos de ellas ofrecen cama con dosel. La de la imagen tiene, además, una terraza orientada hacia el jardín -diseñado por el paisajista Jesús Ibáñez- y la piscina.

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La amplitud de habitaciones y cuartos de baño

es uno de los atractivos del hotel. Cada baño está decorado con revestimientos y muebles distintos que comparten un denominador común: un estilo rústico refinado, lleno de encanto.

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Durante la rehabilitación del edificio se cuidaron todos los detalles.

La coqueta ventana que aparece bajo estas líneas, con una minicontraventana, es un ejemplo del buen gusto y la minuciosidad con que se planificó la reforma.

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En muchas habitaciones y zonas comunes del hotel,

las paredes se revistieron con estuco. Los colores de cada dependencia se hicieron a mano para evitar los acabados industriales. En muchas habitaciones, el cabecero se realizó de obra y se remató con losetas de barro.

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