Un viejo molino en Girona

El Molí de l'Armentera, en Girona, ofrece apartamentos rurales con encanto entre los muros de un molino de 1776.

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Un estanque recuerda el antiguo cauce del río, que pasaba por debajo del molino.

La zona es un acuífero, por eso, entre el estanque y el edificio se instaló una bomba que expulsa el agua subterránea que se genera en las épocas de lluvias.

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Las paredes de los cuartos de baño

están revestidas con estuco en color blanco, que contrasta con los muros de piedra originales y con las ventanas de madera pintada de color granate. Todos los apartamentos disponen de bañera.

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Para llegar a El Molí de l’Armentera,

toma la AP7 en dirección Francia y déjala en la salida 5, hacia L’Escala-Girona. Sigue por la GI-623 en dirección L’Escala hasta Vilademat. Allí, toma el desvío a Aigüamolls de l’Empordà. A 4 km está l’Armentera. Gira en la primera calle a la dcha. y sigue recto 1 km hasta El Molí.

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Para evitar crecidas

se instaló bajo el suelo un sistema que desaloja al exterior las aguas subterráneas cuando fluyen en exceso en las épocas de lluvias.

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Todos los apartamentos disponen de salón con chimenea

y leña para que los huéspedes puedan disfrutar del placer de un buen fuego. Cada apartamento tiene, además, cocina americana con vitrocerámica, frigorífico, lavaplatos y microondas.

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El Molí tiene dos entradas.

Ésta, por la que se accede al restaurante L’Aigua, y otra reservada para los huéspedes, que comunica con los apartamentos y la piscina. Árboles frutales centenarios dan sombra al jardín, de cuatro hectáreas.

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En el restaurante L’Aigua se saborea la exquisita cocina ampurdanesa.

La hornacina que se aprecia en la pared era uno de los vanos por los que, hace tres siglos, fluía el agua que accionaba los engranajes del antiguo molino.

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Los sofás de las zonas de estar son de obra.

Los asientos son colchones mullidos que se transforman en cama y permiten aumentar en dos plazas la capacidad del apartamento.

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El restaurante conserva la pared de piedra y los arcos de medio punto que permitían al río Fluviá adentrarse en las entrañas del molino.

Antes de que se decidiera desviar su cauce, el río era navegable hasta el mismo edificio. Por sus aguas se transportaron las vigas de pino melis americano que, aún hoy, decoran los techos del edificio. Los arcos se han cerrado con puertas de hierro oxidado y cristal.

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El Molí se caracteriza por alternar paredes en dos materiales.

Los muros originales de piedra se mantuvieron, salvo en las zonas donde la acción del agua la había deteriorado.

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Los tabiques

medianeros que se realizaron para distribuir el interior del edificio, y los muros deteriorados, se revocaron y se pintaron.

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