Un hotel en una masía antigua

Muy cerca de la Costa Brava, el hotel La Plaça esconde entre sus muros medievales un interior cautivador y sereno que resulta difícil de olvidar.

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El jardín del hotel cuenta con una agradable piscina y un huerto.

El manto de césped que cubre todo el exterior y las confortables tumbonas, situadas a la sombra, invitan a descansar y a dejarse arrullar por el canto de los pájaros. El bullicio característico de la ciudad es apenas un mal recuerdo.

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Para ir al pueblo de Madremanya desde Girona existe un camino directo.

Para salir de la ciudad lo más adecuado es tomar el Carrer d’Emili Grahit, que desemboca en la carretera Giv-6703. Son unos 20 kilómetros de trayecto, y la carretera termina en Madremanya. Una vez allí, hay que dirigirse a la calle Sant Esteve 17, donde se encuentra el hotel.

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Los arcos, bóvedas y muros de piedra del restaurante se conservaron en lo posible para recuperar el encanto original de la masía.

Al igual que el suelo de barro, tosco e imperfecto, que acentúa el carácter rústico del lugar. Los encargados del restaurante, Vicenç Fajardo y Mònica Farré, hacen el resto, con sus exquisitas creaciones culinarias.

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El clima cálido del Mediterráneo permite disfrutar de comidas al aire libre durante gran parte del año.

Por este motivo, el restaurante se completó con una magnífica terraza rodeada de vegetación y equipada con sombrillas. Las sillas son de Kettal, y las mesas fueron realizadas a medida.

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Todo está contemplado para satisfacer al huésped.

Si hace frío se puede comer dentro. Si hace sol en la terraza y el calor aprieta demasiado, el restaurante cuenta con una zona cubierta y protegida del sol. Su arcada sin puerta permite que corra el aire entre los gruesos muros de piedra.

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El hotel dispone de varias suites y apartamentos con cocina para dos o para cuatro personas.

Aquí se puede ver la zona de estar de una de las suites, Els Tarongers, decorada en tonos neutros y fibra vegetal; el techo, en el que destacan los arcos, se pintó en color crudo.

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En las habitaciones se buscó crear ambientes cálidos y confortables, pero sin camuflar los elementos arquitectónicos originales.

En esta habitación, bautizada como El Xiprer, llama la atención la pared decorada con sugerentes mensajes impresos.

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Los cuartos de baño se cuidaron con todo el mimo posible.

Son ambientes siempre especiales, decorados con estucos, azulejos de colores, bañeras cuadradas, etc. También se utilizaron en algunos casos piedras naturales; un buen ejemplo son los lavabos de este baño, realizados en bloques de piedra natural.

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Esta habitación, denominada L’Ametller,

cuenta con una pequeña zona de trabajo amueblada con un escritorio antiguo y una hornacina, realizada en el grueso muro, que hace las veces de estantería. El blanco inmaculado es, como en casi todas las estancias, el color predominante.

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La terraza con la que cuentan algunas de las habitaciones, es un atractivo añadido.

Y es que sentarse al atardecer a contemplar las increíbles vistas y disfrutar del intenso aroma a mar y tierra, puede convertirse en uno de los mejores momentos del día.

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