Un hotel en un viejo palacio

En el centro de Granada, un edificio del siglo XVI acoge el encantador hotel Palacio de los Navas que, a pesar de conservar las características propias del edificio, cuenta con todo tipo de comodidades.

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Tras la recepción, nos adentramos en un patio típico de los palacios de la época.

La escalera y el suelo son los originales, ambos de piedra. En las esquinas destacan las columnas de estilo dórico, también auténticas, soportadas por cojinetes de madera tallada. En la pared se pueden ver zonas del muro del antiguo palacio, en piedra y ladrillo. El resto de la pared se tuvo que revocar, por las malas condiciones en que se encontraba.

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El mobiliario de las habitaciones se eligió con mimo y cuidando todos los detalles;

desde el escritorio de madera pintado en blanco, hasta los armarios con cuarterones de cristal y cortinillas. Los cuadros, las flores y todos los complementos ayudan a que te sientas como en casa.

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Para llegar al hotel desde el aeropuerto,

hay que coger la A-92 salida 129, a la Rotonda de Neptuno. Allí se coge Recogidas hasta Puerta Real. Se gira a la derecha por Ángel Ganivet y al final a la izquierda por San Matías. Esquina con Navas, se encuentra el hotel.

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En la zona central del patio se puede disfrutar de un tranquilo tentempié tras una agradable caminata por las calles granadinas.

Un espacio ideal para relajarse con el sonido del agua de la fuente de mármol blanco, réplica de la original del palacio, ya que la robaron durante la rehabilitación del edificio.

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El patio se cerró mediante una cúpula acristalada, a través de la cual entra abundante luz.

Para potenciarla, toda la galería —desde la que se accede a las habitaciones— se pintó en un gris muy claro, un tono muy elegante, que además, suaviza el ambiente y proporciona sensación de serenidad.

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Cada una de las habitaciones está amueblada de forma diferente, aunque mantienen la misma línea de colores, en tonos neutros.

El suelo es de barro cocido, como en el resto de las estancias y, aunque las ventanas son originales, las carpinterías se tuvieron que rehacer por el mal estado en el que se encontraban.

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La zona en la que se sirven los desayunos se encuentra en la planta baja.

Se amuebló con una gran mesa antigua, de madera, donde se colocan los alimentos del bufé. Detrás, se aprovecharon unas hornacinas que había para situar unas baldas de cristal donde almacenar el menaje. Las mesas son de hierro con sobre de mármol blanco y las sillas, de madera decapada en blanco; todo, de la firma Becara.

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Todas las habitaciones del hotel cuentan con techos muy altos y grandes ventanales, que las hacen muy luminosas.

Llaman la atención los cuidados tejidos que se eligieron; telas ricas, con brocados y delicados dibujos que hacen honor al noble pasado del hotel.

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Tanto la suite como la junior suite y otras habitaciones disponen de una cómoda zona de estar,

amueblada con confortables asientos y una mesita baja; todo, en tonos blancos y neutros, para seguir con la misma línea decorativa del resto de los ambientes del hotel.

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Los ventanales de las habitaciones que dan al exterior tienen dos puertas para insonorizar la estancia,

ya que el hotel se encuentra ubicado en una de las calles más céntricas y con más paso de Granada. Aunque la carpintería es totalmente nueva, las barandas y las rejas son las originales del palacio.

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Todas los cuartos de baño están revestidos con piedra natural italiana,

y conservan el techo con vigas de madera, pero sólo las del último piso son originales. Para integrarlo en la decoración, se pintó de beis a juego con el lavabo de mármol.

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