Un hotel en un antiguo convento

La Hospedería Convento de La Parra es un lugar ideal para relajarse. La tranquilidad que antaño reinaba entre los muros envuelve, todavía, sus rincones.

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La Hospedería dispone de una galería blanca que rodea un patio empedrado, un lugar ideal para descansar.

Sobre el viejo campanario anidan las cigüeñas, que han hecho del convento su particular refugio.

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Son los pequeños detalles los que hacen de la hospedería un lugar único, con un encanto especial.

En las puertas de acceso a las habitaciones, realizadas con tablones de madera maciza, se colgaron delicadas cortinas de hilo, acordes con la lencería de primera calidad que viste el interior.

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La Hospedería dispone de cuatro tipos de habitaciones diferentes.

Este rincón pertenece a una de las suites, donde se creó una agradable zona de descanso con dos colchones de látex, colocados sobre unas tumbonas de madera y vestidos con tejidos de algodón. La tenue luz de las velas contribuye a recrear un ambiente íntimo y tranquilo, que invita a la relajación.

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Para llegar a la Hospedería Convento de La Parra

desde Badajoz, toma la N-432 dirección Zafra. Unos 16 kilómetros antes de llegar a esta localidad, gira a la derecha hacia La Parra. Una vez aquí, sólo tienes que seguir las señales que te llevarán a la hospedería. Es muy fácil. Recuerda que el hotel se encuentra justo en el centro de la villa, al lado de la Iglesia.

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Vista del patio principal desde el claustro.

Está presidido por una fuente y amueblado con sillas de madera de teca. Una galería conduce a la planta alta del convento, donde se encuentran las habitaciones dobles especiales y las suites.

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Sobre el patio, en la planta alta, se creó una agradable zona de descanso con unas camas turcas.

En las obras de restauración se conservaron elementos originales, como la viguería vista del techo y los suelos de barro, que otorgan un encanto especial a todos y cada uno de los ambientes.

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Son muchas las zonas donde los clientes pueden relajarse en un entorno de silencio y tranquilidad.

Un ejemplo es este rincón, situado en la parte trasera de la hospedería, con un par de tumbonas bajo un toldo de lona.

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En la hospedería es posible disfrutar de rincones que plasman la imagen característica del Sur.

No sólo por el encalado blanco del exterior, sino también por los naranjos en flor que desprenden un intenso y agradable aroma en todo el patio. En las obras de restauración se respetó la arquitectura original, pero también se añadieron elementos que se integran perfectamente, como las acequias por donde se conducen las aguas de riego.

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La piscina se encastró entre los muros encalados de uno de los patios, en el lugar que ocupaba el antiguo huerto del convento.

Para su decoración, se eligieron varias colchonetas blancas apoyadas directamente sobre el suelo, y unos pufs de roten.

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En las habitaciones se logró recrear una atmósfera tranquila y sosegada.

Para su decoración se apostó por una estética sencilla, acorde con la austeridad del viejo convento, pero sin descuidar la comodidad.

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El color blanco, presente tanto en las paredes como en las tapicerías y la ropa de cama, es el gran protagonista.

La carpintería de ventanas y ventanucos es artesanal, y los suelos, de barro.

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El comedor está situado en dos naves con bóvedas de cañón que antes ocupaba el antiguo refectorio.

Está decorado con mesas de madera de haya maciza y sillas de director vestidas con fundas de color blanco. En el suelo, de barro artesanal, se colocaron alfombras de fibras vegetales.

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