Un hotel en Gran Canaria

En el hotel Las Calas, historia y modernidad se confabulan para ayudarnos a olvidar el estrés en medio de un paraje de singular belleza.

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El hotel Las Calas dispone de piscina.

Junto a ella existe una zona de estar al aire libre, cubierta por una pérgola para disfrutar a la sombra del excelente clima de la isla.

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Las dos habitaciones dobles Design disponen de cama de matrimonio.

En ellas, la decoración es más actual, con piezas realizadas en materiales modernos, como el acero cortén.

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Resulta muy agradable desayunar en el patio, al aire libre y rodeado de plantas y árboles.

En él también se puede tomar el aperitivo o cenar bajo el cielo estrellado de la isla. En el suelo se ha mantenido el empedrado original de la casona.

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Para llegar al hotel Las Calas

desde el aeropuerto, toma la autopista GC-1 en dirección a Las Palmas. A la altura de Jinámar sigue por la GC-2. Abandona esta autopista en Tafira y sigue por la GC-3 en dirección a Santa Brígida. Continúa hasta San Mateo, atraviesa el pueblo y sal hacia Tejeda. A unos 3 km encontrarás el desvío a la izquierda hacia La Lechuza. Tómalo y, después de 500 m, llegarás a la calle Arenal, donde se localiza el hotel Las Calas.

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Al restaurar el edificio se cerró la galería que se abre sobre el patio.

La parte baja se mantuvo con la madera original, de tea. El cerramiento se realizó con un estilo inspirado en la arquitectura del norte de España.

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En la zona de los antiguos alpendres,

donde años atrás se guarecía el ganado, se ha realizado un corredor por el que se entra a las habitaciones. Las ventanas tienen celosías de estilo árabe como guiño a la proximidad entre Gran Canaria y Marruecos.

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La fachada combina las piedras originales que soportan la estructura del edificio y pintura amarilla.

Se trata de un tono conocido en la isla como amarillo gofio, característico de la decoración exterior en viviendas rurales de la isla de Gran Canaria.

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El huésped puede descansar en la antigua galería.

El suelo de madera de tea, expuesto a la intemperie durante doscientos años, se trató y se pulió para recuperarlo.

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Cada habitación tiene una decoración distinta.

En ésta predominan los tonos verdes y las piezas singulares: el cabecero es una puerta antigua, recuperada; y la mesa combina una reja árabe —que sirve de estructura— y un sobre de cristal.

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Parte de los muebles que decoran las habitaciones son ingleses, adquiridos en anticuarios.

Desde esta habitación se sale a un pequeño jardín de uso privado.

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La puerta de acceso a la terraza

queda protegida por una marquesina de cristal.

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En el comedor se disfruta de un excelente bufé cada mañana.

Las paredes, pintadas de color naranja, realzan el acabado irregular original de la casa. En la balda se exponen vistosas piezas de menaje: pertenecen a Magüi Carratalá, la dueña del hotel.

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