Un hotel en sintonía natural: la Posada del Agua

El hotel Posada del Agua, en el embalse abulense de El Burguillo, es un refugio perfecto para disfrutar de un paraje agreste desde una estética minimalista.

La complicidad entre un interior moderno y un bellísimo paraje exterior —el embalse de El Burguillo, en la reserva natural del Valle de Iruelas— cautiva al viajero que se adentra por primera vez en la Posada del Agua. Iban Jaén y Teresa Rodriguez Carrascal —del estudio Jaén Carrascal Arquitectura— transformaron una antigua casa de postas en este hotel singular. Su objetivo era redescubrir el concepto de hospedaje rural y ofrecer una imagen alejada del estilo rústico más convencional.

El primer paso consistió en abordar una reforma integral que permitiera una nueva distribución del espacio. Para ello fue necesario sustituir la fachada sur del edificio, deteriorada, por una nueva dotada de grandes ventanales. A través de ellos, la superficie espejada del embalse se convierte en un elemento activo de la decoración. La idea de que la naturaleza desempeñara un papel protagonista se potenció a la hora de elegir materiales discretos, que no eclipsaran la belleza del paisaje.

Los dormitorios se pavimentaron con tarima de cerezo, pero las zonas comunes y los baños se revistieron con pizarra por una cuestión estética y, a su vez, ecológica. Y es que la preocupación por el ahorro de energía es una máxima del hotel: los muros de piedra son excelentes aislantes térmicos, las placas solares producen el 60% del agua caliente y las cortinas exteriores eléctricas impiden el excesivo calor en verano. La decoración, de estilo actual, recrea ambientes modernos con todas las comodidades para que la estancia sea perfecta. Y un último apunte: la Posada del Agua dispone de una habitación con terraza para los huéspedes que siempre viajan con su mascota.
VIDA NATURAL
El hotel La Posada del Agua dispone de un restaurante en el que se puede degustar una exquisita cocina que pone de manifiesto la riqueza gatronómica de la zona. Sabrosas carnes de Avileño, tiernísimos judiones de El Barco de Ávila y yogures artesanales de La Moraña componen una carta inolvidable.
Desde el hotel se organizan todo tipo de actividades: rutas en quad y en 4 x 4, senderismo, pesca, alpinismo, paseos a caballo, excursiones a la Sierra de Gredos… Además, facilitan tumbonas y toallas para disfrutar de la playa del embalse, a la que se llega por un acceso privado. 

Dirección: Carretera N-403, km 97. El Barraco (Ávila).

Teléfonos: 920 281 045 y 608 938 261.

Web: www.posadadelagua.com

Habitaciones: dispone de 12 habitaciones: cinco dobles (entre 85 y 100 €), dos con jacuzzi (110 €), tres superiores (120 €) y una suite (145 €). Los precios incluyen IVA y desayuno. Una de las habitaciones está adaptada para personas con problemas de movilidad. 

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En las zonas comunes,

una cristalera integra el embalse en la decoración. La barra -un diseño del Estudio Jaén Carrascal Arquitectura con tensores y cables de acero- actúa de barandilla cuando la gran corredera se abre para disfrutar del paisaje. Los sofás rojos, adquiridos en Ibiza, se pueden encajar entre sí como piezas de un puzle. A la derecha, sobre el sofá de obra, se aprecia el estante con libros a disposición de los huéspedes.

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La terraza,

de uso exlusivo para los huéspedes, es el lugar idóneo para el descanso. La belleza del embalse de El Burguillo, en pleno corazón de la reserva natural del Valle de Iruelas, se traduce en una sensación de infinita tranquilidad. El suelo y la bancada están revestidos de madera de ipe. Las mesas y las sillas son de la firma Kettal.

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El restaurante

dispone de una zona al aire libre. El suelo se dejó de tierra, para que no absorba el calor. Así, el viento que procede del embalse se mantiene fresco incluso cuando el sol es intenso.

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Los ventanales orientados al sur

captan el sol en invierno. La energía calorífica se almacena en el suelo, de pizarra, lo que permite un importante ahorro en calefacción. El hotel dispone, además, de colectores solares.

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Las habitaciones de la planta superior

son abuhardilladas, con ventanas de tejado que añaden encanto. En esta doble con jacuzzi, la pared que independiza el baño está pintada en verde ácido.

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La pared donde se apoya el cabecero es la original. La piedra estaba tan deteriorada que se revistió con cemento sin alisar.

Los cuadros son fotos tratadas en blanco y negro con una pequeña nota de color a juego con el tono que predomina en cada habitación. La imagen se imprime sobre un tablero cubierto por una capa de aluminio que produce un peculiar acabado metalizado. Todos los cuadros del hotel son de Sara Jaén.

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Todas las habitaciones

disponen de un rincón de escritorio que se prolonga en una superficie para dejar las maletas. Se trata de una estructura de acero anclada a la pared y revestida con pizarra.

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Cada baño

está alicatado a tono con la habitación en la que se encuentra. En éste, la disposición de las bajantes sólo permitía colocar el lavabo frente a la ventana. Por eso, el espejo se trasladó a un lateral y se completó con un modelo de aumento fijado al pilar.

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