Un piso cosmopolita y personal

Tras una reforma que mejoró la distribución y calidades de la vivienda, este piso se transformó en un refugio cosmopolita decorado con recuerdos de viajes y épocas vividas. El resultado es único y personal. 

La personalidad de la propietaria de este piso se deja ver en cada rincón, una francesa nacida en África y de espíritu aventurero, que vivió hasta los 12 años en un velero. Su identidad viajera se refleja en los complementos escogidos para decorar una casa fresca, original, cómoda y con sabor bohemio. La diseñadora de interiores Sonsoles de la Vega (www.consaboravintage.es) se encargó de guiar el interiorismo tras una reforma —llevada a cabo por el arquitecto Germán de Castro Gosnell— en la que se actualizó una construcción de los años 50.

Con una distribución muy compartimentada el objetivo era ganar amplitud y espacios abiertos y algo más comunicados, sin perder la independencia de cada ambiente. Se eliminaron algunos tabiques, con lo que también la luz alcanza zonas antes oscuras. La cocina se abre a un espacio diáfano multiusos y distribuidor, a través de una barra americana. Se han eliminado puertas en algunas zonas de paso e, incluso, la carpintería de los marcos. El dormitorio se ha convertido en una suite con vestidor y baño gracias a la integración de varios espacios pequeños y estrechos.

En el suelo, una cálida tarima de roble envejecida y cepillada a mano. En los baños y en la cocina, gres porcelánico imitación a piedra arenisca y pintura blanca en las paredes, como en el resto de la vivienda, con justos toques de color en algunos frentes. En la decoración, muebles antiguos —algunos de origen francés, heredados por la propietaria de su madre— conviven con otros diseños contemporáneos y complementos con alma. Muchos objetos deco de Tánger, ciudad en la que también vivió la propietaria durante una época. Muchos adquiridos en mercadillos.

Este piso es un bazar de historias, de recuerdos, de estilo, de personalidad.

Fotografías Yael Portabales

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Salón y terraza

Desde la zona de estar se accede por un ventanal a una terraza, con suelo de madera y una mesa y un par de sillas. En el interior, sobre un lienzo en blanco, se colocan un par de sofás, tapizados en oscuro; un par de mesas nido;  un mueble alto y una mesa de centro. Textiles y complementos caldean y personalizan el ambiente.

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Arte en las paredes

Sin buscar simetrías, sino más bien un efecto descolocado preciso y meditado. Los cuadros en la pared, el mueble alto en la esquina, la decoración sobre la mesa... todo el conjunto resulta equilibrado. La mezcla de piezas y estilos es aquí un plus.

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Detalles con fuerza

La zona de trabajo se sucede en el estar. En esta toma se aprecia la hornacina de la pared, a modo de expositor sobre el sofá. El dinamismo y fuerza que aporta el azul en el que se ha pintado la pared del extremo es innegable. Sobre este tono destaca la fuerza del imponente espejo sol en la pared. Un banco marca la transición entre los espacios.

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Zona de trabajo

Delante de la ventana, un escritorio y una silla. Un aparador librería se apoya en la pared pintada en color. La mezcla de la madera sobre el azul es perfecta. Sol y tierra, luz y agua, un juego sugerente y evocador.

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Sobre el aparador librería

En esta imagen se aprecia un detalle de algunos de los complementos (tan variados) que decoran el aparador librería de la zona de trabajo: un balón y un reloj antiguo.

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En detalle

Enmarcado por unos ligeros visillos, un escritorio mini con una silla. Una lámpara de pie ilumina la zona. Sobre la mesa, una máquina de escribir.

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Comedor de diseño

Quizá el ambiente más actual por las piezas que lo decoran. Una mesa espejada y sillas Eames en blanco. La alfombra de fibra natural caldea la zona.

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Esas pequeñas cosas

Todas las piezas que decoran este piso encajan a pesar de sus diversas procedencias. El mimo y cuidado con el que se han escogido no es casual. Aquí, un detalle de la bandeja con el desayuno.

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Cocina abierta

La cocina se abre a una zona multiusos de paso. Desde aquí se accede al salón. A modo de barra americana, el vano integra espacios y aligera la zona. Se ha jugado con tonos blancos y arenas en revestimientos y mobiliario. El mismo juego cromático se refleja en las paredes de la zona de paso y la parte baja de la barra. En la columna, donde se aloja el radiador, una estantería abierta.

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Natural

Sin artificios. Sobre la barra de la cocina una caja con plantas.

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Recuerdos con aire retro

Un elogio a la memoria que pone la nota retro.

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El pasillo

Una correcta planificación de la iluminación y del uso del color ha convertido el pasillo en una zona de paso cuidada, que acorta su longitud visualmente.

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El dormitorio

Cuenta con vestidor y baño integrado. La cama se sitúa junto a uno de los radiadores, enmarcado por una estructura a medida que hace las veces de mesilla. Menos es más en este frente: la cama vestida de blanco, una mesilla en color rojo y un par de estantes en la pared. Los chispazos de color de los cojines avivan el conjunto.

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Un baño con mucho arte

Y es que los cuadros no faltan en el cuarto de baño. Los revestimientos mantienen la línea del resto de la vivienda: piedras areniscas y blanco. Solo el frente del lavabo se ha pintado en un tono más intenso, posible gracias a la cantidad de luz natural que recibe.

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