Una reforma cosmopolita

Recuerdos de diversa procedencia, compras exquisitas y caprichos singulares conviven en este piso madrileño -refugio para cortas temporadas- reformado con el objetivo de lograr espacios amplios.

El carácter cosmopolita de este céntrico piso madrileño queda patente en un primer vistazo; no en vano sus propietarios, un matrimonio joven con un niño, se trasladaron a Nueva York por motivos de trabajo y utilizan esta vivienda como refugio en sus frecuentes visitas a España. Dado que es fácil aislarse en el extranjero, esta pareja sintió la necesidad de conservar los lazos con su país; así siempre tendrían la opción de hacer una escapada para ver a sus familiares y amigos.

La ubicación del edificio, en pleno centro de la ciudad, así como su atractiva arquitectura —con techos altos y peculiares balcones— se tradujo en un flechazo instantáneo para sus dueños. Por eso y, a pesar de su compartimentada distribución, decidieron adquirirlo con el propósito de llevar a cabo una reforma integral.

La clave del cambio se centró principalmente en unir ambientes para lograr espacios lo más diáfanos posible. Teniendo en cuenta que se trata de una vivienda ocasional, no era necesario contar con grandes armarios empotrados ni numerosas habitaciones; dos dormitorios, un baño y una amplia estancia, que alberga las zonas comunes, componen una agradable vivienda suficiente y acogedora para la familia. Con la equipación, organización y decoración de cada ambiente ocurre lo mismo; al prescindir de lo habitual, se permitieron ciertas licencias, impensables en un hogar convencional. Destacan los objetos de antojo, las piezas procedentes de numerosos viajes y una libertad descarada que se plasma en muebles y detalles.

La comodidad, origen de la renovación y objetivo principal de la reforma, cobra especial importancia en el cuarto de baño, ahora absolutamente nuevo. Al tratarse del único de toda la casa, se le dotó de suficientes metros para compartirlo sin problemas. Concebido como una habitación más de la vivienda, ofrece detalles decorativos más propios quizá del salón, junto a depurados sanitarios de diseño y tradicionales hornacinas con estantes de cristal.

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Un estar acogedor

La integración y recuperación del antiguo balcón influyó en la decoración actual, especialmente elegida para resaltar su presencia. Sofá, de Ikea. Lámpara de pie, de Años Luz. Alfombra de piel de vaca con acabado en plata, puf amarillo y almohadones, de Maison de Vacances.

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Salón luminoso

Pocos elementos, seleccionados con mimo y bien organizados, componen la zona de estar de la casa, donde se prescindió de muebles y baldas; así las paredes blancas reflejan mayor cantidad de luz. Silla mecedora, de Vitra. Mueble de madera, de Concha Bay. Algunos cuadros se adquirieron en Brocar.

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Exposición privada

Detalles tan especiales como una sencilla vitrina junto al sofá, son los que definen el carácter único de cada espacio. Este mueble, en realidad, es un antiguo armario de médico que la propietaria restauró y destinó a exponer los recuerdos de sus viajes. Sobre ella, una colección de mariposas armoniza con el conjunto. Flexo de pie blanco, de Añoz Luz. La mesa de centro, de Antennae, está compuesta por una original bandeja metalizada sobre patas de madera.

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Ambientes comunicados

La integración visual de los distintos ambientes en un mismo espacio se logró, en gran parte, gracias a la elección del mismo suelo. El material triunfador fue el Pergo, un sintético acabado en madera que, al ser resistente a la humedad, las manchas y las quemaduras, se instaló también en la cocina. Suelo, de la firma Pergo, de venta en Tarimas del Mundo. Mesa, de Antennae. Alfombra, de Maison de Vacances.

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El comedor

A caballo entre el salón y la cocina, el comedor se equipó con muebles sufridos para el uso diario; pero al mismo tiempo, de reconocido diseño, dignos de exponer. Son protagonistas en la cocina, que se amuebló con armarios acabados en blanco y cristal al ácido y electrodomésticos en acero. Los detalles personales priman en la cocina. ¿Por qué no? Fotos a gran escala, colecciones y recuerdos son excelentes complementos decorativos.

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La cocina

Armarios de cocina, de la firma Forlady. Mesa Tulip, en Vitra. Sillas Hormiga diseñadas por Jacobsen, en Vitra. Electrodomésticos, Bosch, Balay y Fagor. Complementos y menaje, de Cucamona, Los Peñotes y Antennae.

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Dormitorio principal

Una decoración muy sugerente reina en el dormitorio principal con detalles que aportan el sosiego y la delicadeza necesarias en una zona de descanso. Mosquitera, de Ikea. Plaid verde, de Antennae. Flexo Tolomeo, de Artemide, en Años Luz. Marcos dorados, de Brocar. Cuadros de insectos, de Cucamona. Almohadones, de Antennae y Maison de Vacances.

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Detalles personales

La sofisticación no siempre tiene que ir unida al diseño o al estilo vanguardista: piezas heredadas, bisutería, prendas de vestir o nuestros accesorios favoritos pueden convertirse en el mejor complemento decorativo para nuestra habitación. Alfombra, de Zara Home. Banqueta de madera con asiento de rejilla, de Cucamona. Almohadones, de Maison de Vacances y Antennae. La butaca en color chocolate y el enorme espejo apoyado en la pared proceden de herencias familiares. La colcha blanca se adquirió en Textura.

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Baño en blanco

Tras la reforma, se consiguió un cuarto de baño bastante generoso; su organización se basó en crear sensación de máxima amplitud con revestimientos blancos y elegidos elementos decorativos. El resultado es perfecto. Suelo porcelánico brillo en 30 x 30 cm, gresite en la zona de la ducha y lavabo modelo Althea. Todo, de venta en Azulejos Peña. Toallero radiador, de Roca.

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Zona de lavabo

Grifería, de la firma Grohe. Toallas y cosméticos, de Textura. Marcos, de Brocar. Lámpara de araña adquirida en un anticuario.

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PLANO DE LA REFORMA

En la reforma se optó por mantener los vanos de paso, incluso algunos se ampliaron, pero se retiraron las puertas. El marco también se eliminó pintando todo en blanco, para favorecer el paso de la luz y su integración en las paredes, pintadas en ese color. El grosor original de los muros ayudó a resaltar su presencia.

Los elementos estructurales que poseía la vivienda se respetaron y rehabilitaron, como la hornacina que preside la zona de trabajo en la cocina, decorada con un simpático busto de cartón piedra procedente de Nueva York.

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