Una casa decorada al natural

El color marfil en materiales, carpintería y mobiliario es la base de esta vivienda situada en pleno campo cordobés. Sobre ella, los complementos en tonos fucsia suponen un anticipo de la alegría y el frescor primaverales.

Disponer de una casa en pleno campo siempre fue su sueño y, para hacerlo realidad, los dueños de esta casa encargaron el proyecto a la interiorista Dafne Vijande quien, en colaboración con el constructor Francisco López Egea, materializó esta ilusión. El objetivo era lograr espacios abiertos, pero sin llegar a transmitir una sensación de vacío. Para lograrlo, se recurrió a una uniformidad de colores tanto en materiales como en mobiliario. El suelo se eligió de mármol beis, de Mármoles Vicent Rubiales, sin pulir para evitar brillos.

Para potenciar la continuidad, las paredes se pintaron en marfil, a tono con la carpintería, realizada a medida por Metmacop. Otro objetivo fue abrir la casa al exterior para que el paisaje formara parte de la decoración. De ahí que se proyectaran vanos con cerramientos de aluminio lacado a juego con las paredes, elaborados por Aguilar Velasco. A esta uniformidad cromática se unió el mobiliario, con piezas de estilo clásico renovado que ya tenían los propietarios: asientos que se retapizaron y muebles que se decaparon en tono marfil. Sobre este lienzo, Dafne Vijande situó complementos en tonos vivos, fáciles de adaptar y sustituir a medida que cambian las tendencias.

Esos complementos en colores alegres, en su mayoría en distintos tonos de la gama del rojo, añaden vitalidad y dinamismo a la casa. La única excepción en la uniformidad cromática se reservó para el porche, donde el suelo de barro cocido —realizado de forma artesanal por Arg Decoración— sirve de transición hacia el campo abierto.

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Salón y comedor, juntos pero independientes

Ninguna puerta separa el salón del comedor, pero la distribución de los asientos en la zona de estar y la ubicación de la mesa de comedor
-centrada bajo una pareja de lámparas de techo- basta para independizar cada ambiente por separado.

Mesa, de Brocante. Las sillas modelo Berta se compraron en Londres. Lámparas de techo, de Ikea. Cómoda y secreter, heredados. Las cortinas son de KA International.

En la zona de estar: cuenco de madera en el suelo, de Esteoeste. El baúl es de anticuario.

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Una decoración íntima

Sobre la mesa de centro del salón se colocaron candeleros y flores frescas. Las velas, a medio derretir, transmiten imágenes de tertulias sosegadas y momentos de reconfortante complicidad entre amigos.

Candeleros, de Segunda Época. Jarrón realizado
con un asta, de Esteoeste.

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Un salón abierto al campo

Los propietarios querían que el paisaje se integrara en la decoración del salón. Para ello se abrieron ventanales y cerramientos que permiten fundir el interior y el exterior.

Mesa, de Guáimaro. Sofás: de piel, de Natuzzi; tapizado, de Pepe Peñalver. Cojines, de Zara Home y Designers Guild. Banqueta, de Segunda Época. Plaid rosa, de Zara Home. Cuadro de nubes, de Carlos Arriaga.

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Porche con zona de estar y comedor

Al aire libre se creó una zona de estar -con un banco de obra en forma de L y una mesa de centro- y un comedor con muebles de forja, de Antigüedades Juan Dorado. Cojines, de Guáimaro. Mesa blanca, de Segunda Época. Mantel, de Zara Home.

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Una decoración en contraste

La interiorista Dafne Vijande sacó partido a los muebles, de estilo clásico renovado, que ya tenían los dueños. Sin embargo, un elemento sorpresa rompe la uniformidad de la decoración. Se trata de la escalera que, a la derecha de la zona de estar, conduce hacia un pequeño altillo. La base, de piedra natural, se complementó con peldaños volados y una barandilla escultórica de hierro, diseñada por Dafne Vijande.

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Los colores del salón: Una base neutra

Fíjate en el suelo, en las tapicerías, en la mesa de centro, en las cortinas e incluso en la pared. El beis unifica el ambiente y admite detalles en tonos de casi cualquier color, en este caso rosa, para dar más viveza al salón.

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Camino de mesa

Una tela confeccionada a mano en Camerún cubre la zona central de la mesa en toda su longitud. El hecho de que roce el suelo en ambos laterales añade un toque más señorial al comedor. Tela, de Esteoeste.

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Complementos en el comedor

La mesa también tiene derecho a ponerse guapa. Aquí se engalanó con figuras étnicas, de Esteoeste, y con flores frescas del jardín colocadas en un par de jarrones, de Ikea.

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Un office muy particular

Destaca en este espacio, de paso a la cocina, el armario empotrado que se realizó para guardar mantelerías y vajillas. Sus puertas, de madera y cristal, se reciclaron de una antigua ventana. Unas delicadas cortinas de encaje ocultan el interior.

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¿Comemos en la cocina?

Para evitar desplazamientos, Dafne Vijande organizó un comedor de diario en la cocina. La mesa de madera con patas torneadas, la lámpara de cristal suspendida en el techo y las sillas de diseño añaden prestancia y elevan el concepto decorativo del típico office.  

La mesa y la lámpara son heredadas. Sillas, de Ágatha Ruiz de la Prada. Alfombra, de Zara Home.

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Cocina con espacio de almacén

La cocina se amuebló con armarios de madera clara con tiradores de acero y una encimera de mármol beis envejecido. Abajo, vista del armario empotrado que se realizó para guardar mantelerías y vajillas. Sus puertas, de madera y cristal, se reciclaron de una antigua ventana. Unas delicadas cortinas de encaje ocultan el interior.

Muebles de cocina realizados a medida por Metmacop. Encimera de mármol, de Vicent Rubiales. El cuadro del paisaje verde es una obra de Miguel Ángel Redondo. 

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Soluciones para el distribuidor

Si tienes espacio, rentabilízalo, por ejemplo, con un rincón de lectura, como éste. Estantería, de Segunda Época. La butaca se adquirió en Icíar de la Concha, y los cojines, en Ikea.

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Dormitorio de chicas

El color fucsia alegra el ambiente. Camas diseñadas por Dafne Vijande. Mesillas, de Segunda Época. Lámparas y taburete, de Esteoeste. Colchas con tela de KA International. Cojines, de Ikea. Cuadros: de flores, de Miguel Ángel Redondo; los demás, de Zenaida Vijande.

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¿Es un sofá o una cama?

Para que visualmente pareciera lo primero, sobre la colcha se colocaron múltiples cojines adosados a la pared, que hacen las veces de respaldo. En realidad es una tercera cama, preparada para invitar a una amiga a pasar la noche.

Cojines de Gastón y Daniela y KA International. La mesilla era antigua y se decapó en color blanco.

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Dormitorio principal con vistas al campo

La cama y el cabecero forman parte de una estructura de obra. Los tonos neutros del dormitorio multiplican la luz natural que entra por la ventana.

Cortinas, de KA International. Mesilla, de Segunda Época. Lámpara con pie de cuerno, plaid rojo y chal, de Esteoeste. Colcha beis y cojines, de Zara Home. Los cuadros son de Carlos Arriaga.

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Detalles confortables

A los pies de la cama se organizó una zona de relax, con un sofá, una librería, un maniquí y una pequeña butaca. 

Sofá, de Pepe Peñalver. Cojines, de Zara Home. Librería y butaca, de Segunda Época. Cuadro, de Carlos Arriaga. Maniquí, de El Rastro.

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Un baño rústico chic

Un murete de mármol rematado con una hoja de cristal oculta la ducha. Así, el espacio parece más un tocador que un baño. La gran encimera se realizó con madera de teca importada de Indonesia por Esteoeste. Para que resistiera la humedad y las salpicaduras de agua, se trató con barniz de barco.

Los pequeños detalles añaden encanto al ambiente. Como la silla del siglo XIX, policromada y con el asiento bordado. O las baldas junto a la ducha, que además de sostener productos de aseo, sirven para colocar un cuadro. Las cortinas de encaje, colgadas en una barra metálica a media altura en la ventana, aportan la belleza del pasado.

Toallas, cestas y alfombra, de Ikea. Bandeja, de Esteoeste.

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Plano de la casa
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