Un ático en el corazón de Madrid

Este ático madrileño es el resultado de la unión de dos pisos contiguos de un mismo edificio. Los nuevos ambientes, muy espaciosos, reflejan una decoración real, vivida y con carácter.

Los dueños de esta vivienda madrileña aprovecharon la oportunidad cuando el piso contiguo al suyo se puso a la venta. Precisamente su familia acababa de aumentar y necesitaban más espacio. Además, no querían renunciar a su barrio, en pleno corazón de la ciudad, rodeado de museos y callejuelas con mucho encanto. Sin embargo, la unión de los dos pisos requería una reforma de cierta complejidad, de ahí que recurrieran a los arquitectos Miguel Kreisler y Ángel Jaramillo. El primer paso fue derribar los tabiques que separaban los dos pisos. A continuación se eliminaron los falsos techos para igualar la altura entre todas las habitaciones de la nueva casa.

Un tercer paso fue unificar el suelo con el mismo pavimento, una cálida tarima de ipe que se trató con barniz para que se pudiera instalar, también, en zonas húmedas, como la cocina y el baño. Las paredes se unificaron con pintura blanca, y los marcos de las ventanas se restauraron para recuperar la belleza de la arquitectura original del edificio. Por último, algunas puertas se sustituyeron por hojas correderas empotrables que permiten comunicar ciertos ambientes.

Pero, ante todo, fue en la decoración donde los dueños reflejaron su personalidad. No existen reglas que encorseten los ambientes bajo normas de un estilo concreto. Detalles adquiridos en viajes o que ya llevaban años en la familia, se alternan con muebles antiguos y piezas de diseño. El resultado es una sucesión de espacios cálidos, que invitan a refugiarse en ellos para saborear una vida familiar que escribe su propia historia.

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Salón

Se comunica visualmente con el comedor mediante una puerta corredera. La hoja queda oculta en el muro, panelado con lamas de madera lacadas en blanco. Los mismos listones machihembrados se prolongan a lo largo de toda la pared y camuflan la presencia de un armario situado justo detrás del sofá. El color blanco, tanto de los revestimientos como del mobiliario, sirve de nexo de unión entre ambos ambientes: salón y comedor. Sofás y banquetas, de Becara. La mesa de centro es de Casa & Jardín.

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Comedor

Las librerías, repletas de libros de suelo a techo, envuelven el ambiente en una atmósfera de intimidad que invita a una tertulia sosegada a la hora del café. Sus estantes presentan un original diseño: las baldas sobresalen ligeramente respecto a los travesaños verticales. Esto permite apoyar directamente sobre ellos cuadros que rompen el predominio de las líneas horizontales y dan más dinamismo a la composición. Las formas redondeadas de la mesa y de las sillas, piezas clásicas del diseño del siglo XX diseñadas por Eero Saarinen para la firma Knoll, suavizan el comedor y lo hacen, aún más confortable.

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La singularidad del comedor

La personalidad que destila cada ambiente es el resultado de una acertada combinación de estilos diferentes. En el comedor, una lámpara retro señala la ubicación exacta de la mesa y las sillas, todas ellas piezas emblemáticas de diseño. Al fondo, el ventanal se dejó sin vestir: sus contraventanas de madera se convierten así en elementos decorativos y añaden un aire señorial al conjunto.

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Salón

Al suprimir el muro que separaba los dos pisos, se ganó un salón de dimensiones espectaculares. En lugar de crear una gran zona de estar, se organizaron dos ambientes orientados en direcciones contrarias; así en cada uno se gana intimidad. La tarima de madera de ipe, tintada y barnizada, así como las paredes, tapicerías y muebles de color blanco, potencian una sensación de continuidad que unifica los ambientes de la vivienda y amplía visualmente los espacios. Piezas de diseño conviven con muebles antiguos, como los originales barriles holandeses -sobre estas líneas- que hacen las veces de mesa de centro en la segunda zona de estar del salón. Una propuesta divertida y funcional.

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Cocina

Diseñada y amueblada por el equipo de Artificio, se distribuyó con muebles de suelo a techo alrededor de la isla central. Para facilitar la extracción adecuada, sobre la placa se instalaron dos campanas de la firma Gutmann. Su espectacular diseño, con la base de cristal, capta la atención y da a la cocina una estética casi industrial.

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Espacio de almacén

Conseguir una tranquilizadora sensación de limpieza y orden fue una prioridad en la cocina. Los armarios de la isla, y los módulos de suelo a techo realizados a medida en las paredes, ofrecen una amplia capacidad de almacén para que cada cosa esté en su lugar, a salvo de humos y grasas. Incluso debajo de la pequeña barra de desayunos se dejó el espacio justo para colocar los taburetes cuando no se usan.

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Dormitorio

Su techo abuhardillado, con vigas vistas de madera, añade un encanto especial al ambiente. Las mesillas, antiguas, flanquean la cama, vestida con ropa blanca y sin cabecero. Sobre ellas se apoyaron fotos en blanco y negro, de diferente tamaño para adaptarse a la inclinación del tejado. A los pies de la cama destaca la mítica chaise-longue diseñada por Le Corbusier, pero sin tapicería, para exhibir su original estructura de acero cruzada por cinchas.

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Cuarto de baño

La bañera se instaló en el centro, revestida con un faldón de gresite. Los sanitarios, así como la grifería con mandos en forma de aspa, se eligieron de inspiración retro para potenciar la atmósfera de antaño. A ella contribuyeron, también, la lámpara de techo de cristal y la vitrina antigua de madera . Bañera, de la firma Roca. Gresite, de Gunni&Trentino. Taburete, de Cucamona.

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La pieza estrella: SILLA DE COMEDOR

Es el modelo Tulip, creado en 1956 por el arquitecto finlandés Eero Saarinen. Pertenece al grupo de muebles Pedestal con el que su creador quería liberar los interiores de las casas de la aglomeración de patas. Tiene un solo pie de aluminio lacado. La edita la firma Knoll.

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