Un alegre piso de los años 50 reformado y decorado con mucho color

Tener las ideas claras y adaptar el espacio a las necesidades cotidianas fueron determinantes en la reforma de este piso madrileño. La acertada distribución y el mobiliario bien elegido hicieron el resto.

Los techos altos encubiertos, los amplios balcones y los 60 m² bien repartidos de esta casa madrileña, típica de los años 50, fueron suficiente reclamo para enamorar a sus jóvenes propietarios. Sabedores de lo que podían o no aprovechar, la pareja inició la reforma actualizando las instalaciones de fontanería, gas y electricidad. Continuaron sustituyendo el malogrado parqué por un laminado blanqueado y eliminando el gotelé por unas paredes lisas pintadas en un tono suave, asalmonado.

La distribución fue otro punto importante de la reforma. De los tres dormitorios originales que tenía la vivienda, uno quedó como estaba, mientras que los otros dos se convirtieron en un sencillo despacho y en un comedor con el que se amplió el salón al tirar el tabique de separación. Aunque la obra más compleja se centró en el cuarto de baño y la cocina, ya que ambos espacios mantenían la obsoleta distribución de las casas antiguas: el acceso al baño a través de la cocina. La solución consistió en un intercambio de espacios; así donde estaba el baño se instaló la cocina y viceversa. La nueva distribución en L permitió reservar una zona para la despensa y para la instalación de la caldera. La ampliación de la cocina restó metros al baño.

Como la reforma se llevó gran parte del presupuesto, se intentó reducir gastos en el mobiliario. Para ello se eligieron piezas de segunda mano encontradas en rastrillos, en tiendas on line o en contenedores de obra y se aprovechó la faceta handmade rehabilitando o customizando algunos objetos vintage con lo que se consiguió dar a la vivienda un carácter muy personal.

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Un salón comedor con estilo

En la reforma se decidió tirar el muro que separaba dos habitaciones y hacer una amplia estancia de 17 m² dividida en dos ambientes muy luminosos. A cada uno de ellos le corresponde un balcón, aislado térmicamente por ventanas de Climalit con persianas térmicas.
Mezclar muebles sencillos con otros de diseño es una opción recomendable. Aquí el comedor está formado por una mesa redonda y cuatro sillas sin brazos.

Mesa Docksta (179 €), de Ikea. Sillas Eames Plastic Side, de Vitra.

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La distribución de los muebles

La distribución en L de los dos sofás deja un espacio entre ambos que puedes rentabilizar si colocas una mesita rinconera. Decórala con una lámpara de sobremesa o un vistoso jarrón.
Se eliminó el gotelé que cubría las paredes de la casa y se optó por pintarlas de un mismo color, para dar continuidad. Uno de los frentes del salón se decoró con una serie de cuadros de distintos tamaños y motivos y con unas letras de colores. En él destaca la impresionante lámpara de araña y la alfombra azul que proporciona un ambiente relajado.

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Salón bien encuadrado

Dos sofás blancos situados en forma de L frente al balcón y una mesa de centro fue el mobiliario elegido para darle al estar un ambiente acogedor y luminoso. Textiles y accesorios ponen la nota fresca de color.

Sofás dos plazas Ektorp, de Ikea (269 €/unidad). Mesa de cristal y alfombra azul, de Habitat. Cortinas, de Zara Home.

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Un mueble a medida para la televisión

Al no encontrar un modelo de serie para el televisor que encajara en el hueco existente entre ambos balcones, los dueños decidieron hacerlo a medida ellos mismos: unas maderas de pino, un diseño vintage típico de los años 50, una mano de pintura y ¡a estrenar!

Madera de pino, de Leroy Merlin. Tarima laminada blanqueada, de Quick-Step.

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Comedor con un toque vintage

La zona de comedor se comunica con el despacho por una puerta y con el vestíbulo a través de un vano rematado en un arco rebajado. Entre ambos se dispuso una pieza singular: una vitrina de los años 30 que se restauró, se pintó en un tono verde agua y se enriqueció con iluminación interior.

Vitrina de segunda mano (50 €). Mantel, de Zara Home. Lámpara de estilo industrial Ambre, de Maisons du Monde (129 €).

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Una vitrina recuperada

Rastros, mercadillos, brocanters o los típicos contenedores de obra son lugares que conviene visitar porque podemos encontrar auténticas gangas. En esta casa, varios muebles son de segunda mano, como esta vitrina vintage restaurada y colocada al final del comedor, o los flamantes radiadores. 

Los radiadores, de Roca, que proceden de un palacete antiguo y se adquirieron en una empresa de derribo por solo 300 €.

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Despacho singular

En esta habitación casi no se hizo reforma. El suelo laminado, una mano de pintura y elegir los muebles adecuados para transformarla en un despacho funcional, con cierto aire industrial.
Se accede a ella a través del salón y también cuenta con un balcón que permite la generosa entrada de luz.

Cajonera Docks diseñada en metal y madera de abeto, en 120 x 60 x 40 cm, de Maisons du Monde (129 €).

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Espacios aprovechados

Inventar nuevos espacios y que resulten todo un éxito fue lo que se logró en este rincón del despacho: un vano de una puerta convertido en una mini estantería con baldas donde almacenar los tesoros más preciados y presumir de ellos, como esta colección de cámaras fotográficas. Aunque se ha destinado a despacho, también se puede utilizar como cuarto de invitados que incluso cuenta con un armario.

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Consola con nuevo look

Una mano de pintura y otros tiradores transformaron una consola colonial en un escritorio más actual. Detrás se dispuso un armario modular rematado en los laterales por sendas librerías hechas a medida.

Consola Havana, de Maisons du Monde (199 €). Armarios, de Ikea. Silla transparente Eames Plastic, de Vitra.

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La reforma de la cocina

La cocina acaparó la reforma con mayúsculas: varió su distribución, ya que pasó de ser rectangular a tener forma de L, se eliminó el falso techo, para ganar en altura, y se renovó la instalación de gas para que éste llegara también a la calefacción. Además, se reservó un espacio extra para la despensa y para la nueva caldera.

Armarios en color blanco y encimera laminada, de Ikea.

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Más almacenaje en la cocina

Cuando el espacio en armarios y cajones resulta insuficiente, lo mejor es optar por el almacenaje de pared. Así, en esta cocina se tienen a mano no sólo los condimentos y los utensilios de cocina sino también las botellas.

Además de la luz general, se dispusieron otras zonas focales de iluminación: una en el área de trabajo y otra en la de cocción incluida en la campana decorativa. Para las paredes se eligieron azulejos, para facilitar la limpieza. 

Original botellero Vurm, de venta en Ikea (10,99 €).

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Recibidor distribuidor

El vestíbulo era muy bajo por lo que se decidió eliminar el falso techo y dotarle de más altura y profundidad. La aparición de una viga de carga en la entrada obligó a cubrir ese tramo y dejar un pasillo en dos alturas. Se restauró la puerta de entrada y se puso una mirilla adquirida en El Rastro.

Consola Sèraphine en madera blanca (99 €) y espejo; de Maisons du Monde.

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Un espejo en el recibidor

De punta en blanco... Una sencilla consola lacada en blanco, a juego con el marco del generoso espejo, fue el sencillo mobiliario elegido para dar la bienvenida a la vivienda. Objetos decorativos y un kílim multicolor en el suelo rompen la monocromía del blanco total. Enfrente, y reflejada en el espejo, la puerta de acceso al baño con la ducha al fondo.

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Toques de color en el dormitorio

La ropa de cama y los cojines rompen la monocromía del dormitorio inmaculado. A este estallido de color en fucsias y azules se unen las alfombras de aire marinero y el cabecero handmade al que se dirigen todas las miradas. Todo ello hace que el dormitorio respire un aire refrescante.

La Union Jack lleva tiendo siendo un must have en decoración. Cabecero hecho a partir de tablones de madera unidos y pintados a mano con la bandera inglesa in blue, un estilo muy british que aporta el toque actual al dormitorio.

Cojines, de Zara Home.

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Dormitorio refrescante

Tampoco hubo que hacer reformas en el dormitorio principal que sigue la estela del blanco en paredes y suelo. Se amuebló con una cama de matrimonio y dos originales mesillas a los lados.

Mesillas de metacrilato y ropa de cama, de Zara Home.

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Armarios y almacenaje en el dormitorio

Un armario similar al del despacho y, frente a él, un baúl customizado.

Atrévete a personalizar piezas adquiridas en mercadillos; como este baúl de caoba pintado en blanco y con los herrajes en color rojo.

Armario modular, de Ikea.

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Baño con ducha

Tras la reforma el cuarto de baño quedó más estrecho, pero con suficiente espacio para instalar un plato de ducha. Una consola francesa se transformó en mueble de lavabo y sobre la puerta, se colocaron un par de baldas para almacenamiento.

Cesta debajo del lavabo, de Zara Home. Espejo étnico, de la firma Pórtico.

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Lavabo blanco y de líneas rectas

A juego con el sanitario y el alicatado se instaló el lavabo minimalista e inmaculado sobre una sencilla consola. El hueco de al lado se aprovechó para colgar un pequeño armario donde almacenar cosméticos y bajo él, el toallero. Una ventana situada frente al lavabo asegura la ventilación.

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Zona de ducha

Estrecho y alargado, el cuarto de baño perdió algo de espacio, pero aún así salió airoso de la reforma. Al fondo de la planta se colocó la zona de ducha que, como el resto de la estancia, va alicatada con azulejos biselados que recuerdan los diseños clásicos. Para preservar la intimidad se colocó una cortina blanca, de Zara Home. Grifería, de Leroy Merlin.

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Plano y detalles de la reforma

Aprovechar, buscar, conservar y restaurar:

- Adquirir una vivienda antigua supone hacer las reformas necesarias, pero siempre hay que intentar aprovechar todo aquello que esté en buen estado. Aquí, el parqué se cambió pero se respetó la puerta de entrada una vez que se eliminó el acolchado capitoné en color granate, típico de los años 70.

- El resto de puertas, de aglomerado, fruto de alguna reforma anterior, se cambiaron por otras de madera maciza con labrado artesanal, encontradas en un contenedor, y que curiosamente tenían un diseño muy similar al de la puerta de entrada. Al final del hall se abrió un vano con un arco de medio punto.

- En los techos se conservaron las molduras y las paredes se dejaron lisas, frente al gotelé. Se aprovechó la obra para cambiar la instalación de gas, tuberías y electricidad. Y para amueblar se optó por piezas recuperadas, low cost, alguna restauración y contados caprichos de diseño; eso sí, ¡rebajados!

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