Un coqueto ático de 50 m²

La supresión de muros fue clave para transformar un viejo almacén de documentación en un coqueto ático abuhardillado. Gracias a una distribución diáfana, este piso de sólo 50 m² parece mucho más amplio.

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Hace décadas este ático era un antiguo archivo. Su actual propietaria pasó su infancia en el mismo edificio, ubicado en el madrileño barrio de Salamanca, pero entonces la vivienda familiar estaba en la segunda planta. El padre, abogado, decidió habilitar la buhardilla como almacén para la abundante documentación que necesitaba en su trabajo. Además, hizo tres cuartos de estudio para cada uno de sus hijos. Por eso, cuando su dueña abordó la rehabilitación del ático puso un empeño especial en mantener aquellos elementos que le traían gratos recuerdos de su niñez.

El proyecto de rehabilitación lo realizó el arquitecto Gregorio Ibarra, pero quien lo materializó, con algunas modificaciones, fue la arquitecta Ana Girod. El ático tenía una planta en forma de L y una superficie de 50 m2; la prioridad, por tanto, era conseguir una distribución diáfana que diera sensación de amplitud y permitiera que la luz natural fluyera por toda la vivienda. Para ello, se derribaron los tabiques que no afectaban a la estructura del edificio y se recuperaron elementos constructivos originales.

Los pilares de madera y las vigas vistas en el techo —que se adapta a la forma de la cubierta, con tejado a dos aguas— pasaron así a convertirse en piezas clave de la vivienda. Su calidez y su belleza añaden personalidad y encanto a la buhardilla. Otro tema decisivo para potenciar la sensación de continuidad fue utilizar el mismo pavimento en toda la casa. El suelo original, un gres catalán deteriorado por el paso del tiempo, se sustituyó por una tarima de roble.

La iluminación fue otro aspecto esencial. Al suprimir los tabiques, la luz natural fluye por todos los rincones. Tanto es así, que fue necesario instalar contraventanas. Sobre este telón de fondo, la propietaria elaboró una decoración personal, en la que diseños actuales se combinan con antigüedades que se suman a la historia viva de la casa.

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El recibidor,

se delimitó con un murete que no llega al techo y que permite tener una vista parcial del salón, lo que potencia la sensación de profundidad del ático. Junto al sofá, mesita de Kartell y lámpara Tolomeo, de Artemide. 

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Espacios diáfanos

Para modificar la distribución antigua, con numerosas habitaciones angostas y oscuras, se prescindió de paredes. Los pilares de madera originales bastaron para separar visualmente la zona de estar de la cocina y del comedor, sin que ningún tabique frene el paso de la luz. 

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Zona de estar

Los muebles se ubicaron de manera que facilitaran la circulación hacia la cocina y el resto de la casa. El sofá se situó debajo de las ventanas y se orientó hacia la chimenea; junto a ésta se colocó la butaca, adosada a la pared. Al fondo se aprecia el murete que independiza el salón de la zona de recibidor. Sofá con chaise-longue y butaca Barcelona, de venta en La Oca. 

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Cocina integrada

Se instaló en una península, con una campana que incorpora luz para iluminar la zona de cocción. Al compartir el mismo espacio que el salón, los armarios de la cocina se realizaron en un tono que armoniza con la tapicería del sofá. La capacidad de almacén se amplió con estantes para tener a mano las piezas del menaje y los ingredientes de uso diario. Muebles de cocina realizados a medida por Knib. Reloj de pared Bravur, de Ikea. Silla, de Musgo.

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Comedor singular

Aunque ubicado en un espacio ajustado, junto a la puerta corredera que da paso al dormitorio, irradia personalidad gracias al mobiliario: piezas con historia propia, adquiridas en ferias y almonedas. Por ejemplo, las sillas son las originales del Parque Güell de Barcelona, que se compraron en Carina Casanovas Antigüedades. 

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Dormitorio romántico

El cabecero doble de la cama, de madera decapada, y la colcha rematada en ondas recrean una atmósfera muy femenina. A ella contribuye la butaca tapizada en blanco con remaches metálicos y el velador de hierro forjado que hace las veces de mesilla. Cama, adquirida en Carina Casanovas Antigüedades. Ropa de cama, de la firma Homes in Heaven. Butaca, de IB. 

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Zona de estudio

Se organizó entre el dormitorio y el cuarto de baño. Cada uno de estos tres ambientes se independizan entre sí con puertas correderas, que permiten comunicarlos o separarlos en función de las necesidades. 

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Para rentabilizar los 50 m² que tiene el ático,

las hojas correderas se eligieron empotrables, lo que facilita adosar muebles a todas las paredes. Cómoda, de Habitat. La mesa de trabajo se adquirió en Barbarenia Antigüedades. El archivador blanco con cajones es de Musgo.

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Archivador de oficina

Además de tener una función práctica para guardar el material de trabajo, nos gusta su diseño con esquinas redondas. El peculiar aire retro pone una nota de estilo.

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Cuarto de baño

En la pared se combinó un zócalo de baldosas hidráulicas con pintura azul celeste. El juego de revestimientos envuelve en calidez un ambiente concebido para el aseo y el relax. 

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Los lavabos

se instalaron sobre un mueble realizado a medida. Su fondo, menor del habitual para facilitar el paso hacia los demás sanitarios, llevó a instalar la grifería en la pared. Baldosas, de Gunni & Trentino. Los apliques se compraron en Años Luz. 

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Los pilares originales de madera

sirven para delimitar ambientes, pero también cumplen una función decorativa. Sus nudos y vetas, como los de las vigas vistas, aportan encanto. 

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PLANO DE LA VIVIENDA

Un recurso infalible: el color blanco del entrevigado y de los tabiques aleja visualmente el techo y las paredes. ¿El resultado? El espacio parece mayor.
Apenas se han dejado muros en la buhardilla. La ausencia de paredes y la elección de puertas correderas que se empotran y desaparecen dentro del tabique crean sensación de desahogo.

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