Una casa victoriana con carácter

Objetos heredados o adquiridos en mercadillos han servido para personalizar esta luminosa casa victoriana, en la que el blanco es el color dominante y los muebles aportan una sabia combinación de contrastes.

Cuando la interiorista Francine Key vio por primera vez la fachada de esta casa le apasionó su enclave próximo al mar, pero no imaginaba que su interior estuviera tan destartalado. La decisión de comprarla vino después, cuando supo que la estructura estaba impecable y empezó a maquinar cómo podía quedar con unos cuantos arreglos si pasaba por sus manos. Dicho y hecho.

Entre ella y su marido Adrian se deshicieron del viejo papel pintado que cubría las paredes y de las alfombras. Una buena mano de pintura blanca en toda la casa y ¡ya parecía otra! Lo más fácil fue amueblarla, porque a Francine le apasiona ir a mercadillos y a tiendas de segunda mano, donde siempre encuentra lo que tiene en mente y a buen precio.

Su gran talento es convertir estos muebles sin gracia en piezas que rebosan personalidad: como las mesas de cocina que, repartidas por todas las estancias, cumplen diferentes funciones. El resultado es una casa vivida, relajada y evolutiva que cambia según las estaciones del año o del humor de sus dueños. 

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Recibidor y distribuidor en la planta baja

Las típicas baldosas de origen marroquí destacan frente a la tradicional arquitectura victoriana del recibidor. Precisamente de él surge una escalera, reformada por la dueña de la casa, que comunica el salón y la cocina con los dormitorios y el baño, situados en la primera planta.
Piezas vintage »

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Salón vintage

Los sillones y el sofá de corte clásico que amueblan el salón rejuvenecieron al forrarlos con una tela vistosa y cubrirlos de cojines, hechos por la propietaria con diferentes telas vintage. En este ambiente, la original chimenea se integra perfectamente en la estancia. Alfombra, de Habitat.
Elementos decorativos »

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Elementos decorativos

Una colección de objetos, incluidas unas plantas encontradas en la playa y hojas caídas de los árboles, ha servido para decorar con gracia la superficie de la cómoda dispuesta en un rincón del salón.

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Piezas vintage

Resulta gratificante encontrar en los mercadillos locales objetos que nos gustan a buen precio; como es el caso de este perchero de hierro para colgar abrigos y bolsos, que luce así de airoso en el recibidor de la casa.

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Una cocina muy luminosa

En la amplia cocina destacan la gran superficie de trabajo de madera de roble y los electrodomésticos, ocultos tras unas cortinas.

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Almacenaje en la cocina

Para tener la vajilla de diario a mano se colocaron unos originales estantes pintados de blanco. Bajo ellos, un pupitre de los años 50' se recicló en un práctico mueble, en cuyo hueco se instaló el frigorífico, oculto tras una cortinilla. La zona de almacenamiento se habilitó en una amplia despensa situada bajo las escaleras.

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Un rincón para el relax

Para esas butacas recuperadas, de respaldo y asiento duros, nada mejor que cubrirlas con espuma forrada de tela y unos cojines hand made. Por supuesto, que no falte la mantita para las piernas. Como las de este invernadero acristalado y utilizado, ahora, como zona de lectura y relajación.

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Un distribuidor bien aprovechado en la segunda planta

A lo largo de la escalera se decoró la pared con pequeños cuadros de dibujos y fotografías tomadas por el dueño. Antes de adentrarse en las habitaciones, se aprovechó el recodo final para colocar una librería, donde almacenar los libros de lectura de toda la familia. Así los tienen a mano al ir a la cama. Una enorme pizarra con pie de madera sirve para dejar mensajes o dibujos improvisados, si llega la inspiración.

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Una butaca de autor

¡Qué bien viene un sillón relax para leer, descansar o contemplar el paisaje! Y mejor aún si es una pieza de culto y heredada, como esta butaca de Jacobsen tapizada con lino blanco que derrocha glamour en el dormitorio.

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Sabia mezcla de estilos y materiales

La combinación de estilos, procedencias y texturas apasionan a la propietaria de la casa, siempre y cuando sea en su justa medida. Una miscelánea de materiales convive en armonía en su dormitorio: madera, mimbre, cristal, metal o piel. Una mesa de cocina se recicló en escritorio y el arcón de mimbre procede de un mercadillo.
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Escritorio y tocador

Una sencilla mesa de cocina colocada en el dormitorio cumple a la perfección ambas funciones. Sobre ella un espejo, unos cuencos-joyeros, tu libreta forrada de tela y los tapetes de ganchillo de la abuela.

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Toques de color en el dormitorio infantil

En la habitación infantil se introdujeron ligeras ráfagas de color: en el suelo, la ropa de cama o las cortinillas que cierran la mesa del lavabo exento. Los juguetes y los dibujos de las niñas decoran con gracia el cuarto. Sobre el cabecero, mosquitera, de Ikea.
Detalles a todo color »

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Detalles a todo color

A los niños les encantan los colores, por eso, si el mobiliario de su dormitorio es todo blanco, alégralo con juguetes, dibujos y accesorios de diferentes tonalidades. Expón sus trabajos manuales y sus fotos de bebé en un lugar preferente de su cuarto para que se sientan protagonistas.

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Adaptado a su edad

Un perchero a su altura les permite tener a mano la ropa.

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Cuarto de baño con pinceladas exquisitas

Para iluminar el baño, algo sombrío, se pintó todo de blanco, a excepción del suelo, para el que se eligió un amarillo suave. Una mesa de cocina, rescatada de un mercadillo, sirve de apoyo al lavamanos exento. Se pintó en blanco y azul y se completó con unas cortinas. Una colección de espejos de mano, de estilo Eduardiano, luce coqueta en la ventana.

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