Un chalet con grandes espacios abiertos

La fotógrafa Marta Medina nos abre las puertas de su casa familiar, un amplio chalet donde los espacios abiertos son la gran baza, tanto en el exterior como en el interior.

Lograr espacios generosos y diáfanos fue el objetivo principal de la reforma interior de esta casa unifamiliar con piscina y jardín situada a las afueras de Madrid. Para ello, se optó por eliminar muros y ampliar habitaciones en las dos plantas en las que se distribuye el chalé.

En la planta baja se dispusieron distintos saloncitos para disfrutar de cada momento del día, el rincón de trabajo, el comedor, la cocina y un pequeño aseo. La separación de ambientes viene dada por dos alturas. Las tres habitaciones que componían la planta superior se convirtieron en dos con el fin de ganar metros. Así, al dormitorio principal se le añadió un vestidor y al de los niños, un espacio de juegos. Aquí también se ubica el cuarto de baño a diferente altura. La casa ganó en luminosidad al pintarla toda de blanco y colocar una tarima laminada de Pergo acabada en blanco. Los muebles y la decoración son un acertado popurrí de piezas antiguas y modernas con otras traídas de diferentes países y culturas. Piezas de los años 50 y 60 se mezclan con objetos variopintos adquiridos por los propietarios en mercadillos al aire libre en sus múltiples viajes a Londres y París, en sus visitas a anticuarios o en las largas estancias en África y Asia, de donde proceden algunos de sus más preciados objetos; como las magníficas alfombras distribuidas por toda la vivienda.

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Esta casa es un oasis en la ciudad

En el generoso porche, con vistas a la coqueta piscina, se aprecian dos ambientes: el comedor al aire libre y un saloncito para disfrutar de la sobremesa.  Al fondo: mesa de mármol blanco, de Becara, y sillas adquiridas en un anticuario; similares en Lou & Hernández.

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Muebles de interior en el exterior

En un rincón del porche se ubicaron un sofá antiguo retapizado y un perchero isabelino procedente de Londres. La nota original la pone una figura de William Sweetlove, del Cracking Art Group.

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El porche, un rincón con mucho encanto

El darbuka, el kílim y los adornos que cuelgan del techo rememoran los viajes que la propietaria ha realizado por el fascinante Marruecos. El acogedor saloncito en madera de teca invita a mantener conversaciones sin prisa. Banco, butacas y mesa baja, de Unopiú. Mueble con cajones, de Becara.

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Un porche colonial

Tras el almuerzo, nada mejor que sentarse en el porche para disfrutar del café y buena conversación. Opta por muebles de estilo colonial.
Banco de teca con butacas a juego, de Unopiú, y mesa baja de madera, de Becara.

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Salón y comedor en un gran espacio diáfano

El pequeño vestíbulo da acceso a una planta de espacios abiertos. Se dividió en dos alturas para separar ambientes: a la derecha, el comedor y a la izquierda, el acogedor salón. Frente a la puerta se dispuso un rincón de trabajo.
Mecedora, de Stop & Walk. Alfombras traídas de Marruecos.

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Cafeteras y teteras muy decorativas

Si sientes debilidad por un objeto concreto, busca nuevas versiones cuando viajes. Los juegos de café y té son una auténtica fijación en esta casa. Estos proceden de Marruecos.

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En torno a la chimenea

Situado en un rincón, este primer salón se compone de un sofá retapizado en terciopelo color chocolate y una mesa baja en cristal y metal. En la pared, unos estantes volados sirven de librería y leñera. Sobre la chimenea destacan unas cabezas de ciervo traídas de la India. Mesa, Lou & Hernández.

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El rincón del aperitivo

En medio de la planta se instaló un segundo saloncito en torno a un mueble bar art decó, ideal para tomar el aperitivo. El estilo del sofá retapizado en terciopelo color chocolate y el de las mesitas es idéntico al del salón anterior. Mueble bar, de El Transformista.

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La decoración del comedor

El éxito de la decoración de esta casa reside en que cada pieza encaja a la perfección en el lugar elegido.  Platos y boles de loza, adquiridos en Marruecos, presiden la mesa del comedor (similares los tienen en El Almacén de Loza). Para decorar el centro, elige un jarrón bonito como este de cristal lleno de tulipanes.

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Zona de descanso

Tras el comedor se accede a una relajante y sencilla estancia presidida únicamente por un sofá de dos plazas que desemboca en una chaise longue y una mesita de centro vintage, adquirida en anticuario. En el suelo, una elegante alfombra de nudos de origen marroquí. Sofá, de Natuzzi. Cojines, de Ikea.

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Zonas delimitadas del salón

Los muebles son el único elemento que cierra cada ambiente, como se aprecia en los salones y en el comedor.  Comedor: mesa, sillas y lámparas, similares en Lou & Hernández. Salón: lámpara de pie, de El Transformista.

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Un despacho en el salón

El rincón de trabajo, situado frente a la entrada, está formado por un escritorio y un sillón de escribanía inglesa retapizado con telas de María Lantero. Escritorio, de Poltrona Frau.

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Una cocina despejada y amplia

La sencillez es la gran protagonista de la espaciosa cocina. El blanco de la encimera y los muebles bajos contrasta con los tonos metálicos presentes en los tiradores, la propia cocina de gas y la campana extractora de humos. Armarios blancos y estante, de Ikea. Cocina de gas, de Smeg.

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Adornos en la cocina

A un sencillo estante de la cocina le darás vida si colocas en él objetos vistosos por su valor o por su colorido, como estas relucientes teteras, cafeteras y lecheras de plata, traídas de Marruecos, y la alegre bandeja adquirida en un mercadillo de verano.

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Notas de color en la cocina

En una de las paredes se ubicó la zona fría de la cocina representada por dos frigoríficos, uno metalizado y otra en rojo que acapara todas las miradas. Entre ambos se dispuso un mueble bajo donde descansa una pizarra en la que apuntar las listas de la compra. Suelo cerámico, de Azulejos Peña.

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Dormitorio infantil en L

La habitación infantil está formada por una zona de descanso, con camas en forma de L adquiridas en Londres, y un área de juegos y estudio. Mesa y sillas Latt, de Ikea (19,99 €). Alfombras traídas, de la India. Cuadro, de Jorge Biedma.

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Un dormitorio en blanco y negro

Un cabecero de piel diseñado por la propietaria enmarca la amplia cama de matrimonio a cuyos lados se colocaron, en contraste, unas mesillas negras. A un lado se dispusieron unas cómodas de cajones para almacenar ropa doblada y complementos. Cómodas Malm, de Ikea (59,99 €/unidad). Ropa de cama en algodón blanco, de venta en Zara Home.

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Muebles vintage en el dormitorio

Mezcla sin miedo piezas vintage y modernas. Quedan perfectas, como estas ubicadas en el dormitorio principal... Una antigua caja para hilos, de Coats Fabra, y la máscara-calavera de la artista Vicki Fox.

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El cuarto de baño, a otra altura

Una impresionante cómoda de estilo eduardino, adquirida en Londres, separa el dormitorio principal del cuarto de baño ubicado a diferente altura. Sobre ella, unos curiosos maniquíes de sombrerería, típicos de los años 50. Lavabos de cristal de Murano traídos de Venecia. Bañera de cemento pulido, diseño de la propietaria. Toallas y botes, de Zara Home.

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Plano y distribución de la vivienda

Objetivos del proyecto:
- Una mano de pintura de color lila fue la leve transformación que sufrió la fachada de esta casa. La reforma mayúscula se realizó en el interior al eliminar muros con el fin de conseguir espacios abiertos. El color blanco en paredes y suelos logró llenarla de luminosidad y recrear el estilo ibicenco que tanto gusta a la dueña.
- La decoración vino de la mano de la propietaria. Para ello eligió piezas de diferentes estilos y tendencias que mezcló con souvenirs traídos de sus viajes por África e India. En cuanto a las puertas y ventanas, se respetaron las genuinas, tan solo se les aplicó una mano de pintura en el mismo lila con el que se pintó la fachada.

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