Una casa llena de historias de familia

Los muebles que pasaron de generación en generación se convierten en auténticos protagonistas de esta vivienda. Gracias a la habilidad de su propietaria, la fusión entre pasado y presente resulta creíble y ¡perfecta!

Uno de los grandes valores de esta vivienda es que, detrás de cada pieza, se esconde una pequeña historia. Su propietaria, Sofía Saavedra, la decoró con algunos muebles heredados de sus abuelas. Añadió otros nuevos, comprados o elaborados por ella —es propietaria de la empresa Dulce Compañía, especializada en prendas de punto— y los combinó con un criterio claro: lograr ambientes llenos de ternura. Ahí está la mesita de tijera, que su abuela tapizó con terciopelo azul y galones; o la trona donde su hermana tomó sus primeros purés, que ahora se utiliza como silla en el comedor de la casa. Y la emotiva composición de fotos en blanco y negro, que enmarca instantes felices de la familia.

Para lograr que cada pieza tuviera su propio protagonismo, Sofía optó por revestimientos discretos. En la planta baja, el parqué se pintó de blanco y las paredes se decoraron en azul pálido. Es en la escalera —decorada con un busto sobre el que se colocan sombreros poco utilizados— donde la transición hacia el primer piso se aprecia, también, en los materiales. La forma semicircular del muro impedía la instalación de madera, de ahí que el zócalo inferior se empapelara con un diseño que simula lamas. Y el Bolon de los peldaños se prolongó por el suelo de toda la primera planta.

A la belleza de las piezas heredadas se sumó el sello actual de su propietaria. Aquellos muebles que decoraron con maderas oscuras otras casas, se renovaron en las manos de Sofía con pintura en tonos alegres, más acordes para una vivienda con niños. Y en cada esquina se desvelan esos pequeños detalles que hacen la vida amable, como los cerditos de tela que decoran el dormitorio principal, o la guirnalda de orquídeas luminosas que recorre el dosel de la cama y que mamá enciende cuando se levanta de noche para no despertar a los niños.

Otro factor clave fue la búsqueda de la luz. Cuando la familia compró la casa, los materiales originales oscurecían y daban cierta tristeza a la vivienda. De ahí que el parqué se pintara en blanco, para que este color reflejara la luminosidad del jardín. Y que algunos asientos antiguos heredados, como la butaca del salón o la mecedora del dormitorio principal, se tapizaran con un lino en tono hueso. Además, para que ningún obstáculo bloqueara el paso de la luz, las ventanas se vistieron con visillos de un blanco inmaculado. Un recurso que envuelve en alegría esas historias de familia que miran al pasado para escribir el futuro.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Un salón que se prolonga al exterior

Los días de buen tiempo, la vida se desarrolla en el jardín. De ahí que la sensación de continuidad entre interior y exterior se potenciara con el color del suelo, blanco en ambos casos. Sofá, de SCV. Mesa, de Blanc D’Ivoire. Sopera, adquirida en Grupo 13. Mecedora infantil, de una cestería. Mantas, de Dulce Compañía.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Ingenio en el jardín

Una antigua cama de forja adquirida en un mercadillo se usa como sofá. Como asiento, se forró un colchón con una tela en tonos azules. Y una deliciosa combinación de mullidos cojines conforma el respaldo. La mesa de centro la realizó la dueña con un palé que contenía el nuevo suelo del jardín y unas ruedas, de Ikea. Cojines, de KA International y Grupo 13. A la izquierda, una copa de cristal adquirida en un anticuario sirve de macetero para el naranjo. Al fondo, sobre el murete, faroles de Carrefour.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
El salón es el corazón de la casa

El salón se convierte en el centro neurálgico de la actividad familiar. Mamá trabaja en su zona de estudio, frente al espejo, mientras los niños hacen deberes en la mesa de comedor. En los cajones de la cómoda de madera se guarda el material escolar, y el biombo oculta la impresora y los folios. Espejo y cómoda, de Musgo. Mesa de trabajo, de El Corte Inglés. Butaca blanca, de Ikea. Mantas de punto, de Dulce Compañía. Las sillas, el sofá chéster y la mesita de tijera con pasamanería son de herencia familiar.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
En torno a la chimenea

Los asientos -dos sofás y una butaca- se distribuyen en forma de U y se orientan hacia el fuego. Sobre éste, se colocó un espejo y una balda con poco fondo. La leña se guarda en una caja de fruta, que Sofía Saavedra pintó y completó con unas ruedas. Butaca y lámparas, de herencia familiar. Mesita auxiliar blanca, de Grupo 13. Alfombra, de Zara.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Comidas al aire libre

En el jardín se organizó un comedor de verano bajo la pérgola, tapizada con glicinias trepadoras y jazmín. La iluminación, indirecta para crear un ambiente íntimo, se resolvió con una lámpara de pie orientada hacia el techo y con velas situadas dentro de maceteros de forja, que cuelgan de la pérgola sujetos con cintas de algodón. Mesa, butacas, banco y velador, de Becara. Los maceteros se compraron en un mercadillo francés. Lámpara de pie tipo flexo, de Ikea.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
La escalera

Es en la escalera -decorada con un busto sobre el que se colocan sombreros poco utilizados- donde la transición hacia el primer piso se aprecia, también, en los materiales. La forma semicircular del muro impedía la instalación de madera, de ahí que el zócalo inferior se empapelara con un diseño que simula lamas. Y el Bolon de los peldaños se prolongó por el suelo de toda la primera planta.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
La cocina

Los muebles blancos contrastan con el techo, empapelado con un diseño que evoca el cielo. Cada día, el menú se anuncia en el vinilo de pizarra -rematado por un conejito- que decora uno de los armarios altos. A la derecha, detalle del office. Tanto la mesa como las sillas se pintaron con un color diferente, que se asignó a cada niño para evitar peleas al sentarse. Mesa y sillas, de Ikea. Papel, de KA International. Vinilo, de www.cocoboheme.com

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Así se consigue un office chic

- ¿Qué hacen unas lámparas de araña en la cocina? La elección de piezas que habitualmente se reservan para el salón o el dormitorio añaden categoría al espacio.
- Los visillos etéreos dejan pasar la luz. Sobre ellos, una tela con estampado vichy en color rojo viste la ventana. Aunque el tejido es sencillo, su caída en el centro recuerda el bandó, típico de interiores formales.
- En la pared, una original composición de cuadros -grabados, labores de punto, acuarelas...- arropa el rincón y potencia la calidez. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Zona de estar infantil

El dormitorio de las niñas incluye un pequeño saloncito. La dueña protegió el sofá con una funda confeccionada con una colcha. Tanto el escritorio como la silla se alegraron con pintura. Sofá, de VTV. Manta, de Dulce Compañía. Cojín, de Textura. Silla, de Ikea. El escritorio perteneció a la abuela de la dueña, que lo actualizó con un tono turquesa de MC pinturas.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Un dormitorio con encanto

Las paredes empapeladas y el vaporoso dosel de la cama potencian la sensación de dormir en un ambiente de ensueño. La cama, heredada, se convierte en punto focal del dormitorio. La pared, revestida con un papel de estampado floral y un listón de madera. Papel, de Laura Ashley. Manta, de Dulce Compañía. Butaca, heredada.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Detalles femeninos en el dormitorio

En lugar de mesilla, un tocador crea un delicado rincón para la coquetería. La butaca, la caja de terciopelo para los pañuelos de papel y los guantes son recuerdos de la abuela de la propietaria, que añaden al dormitorio el encanto de las costumbres de antaño. En el listón de la pared, los percheros permiten exponer collares y pulseras. Escritorio, de Borgia Conti. Tanto el espejo de sobremesa como el teléfono retro los compró la dueña en uno de sus viajes a Londres.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Cuarto de baño con zócalo

Vista del aseo de invitados, con un zócalo de lamas de madera lacadas en blanco y pintura celeste.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Casas