Una casa en los Pirineos

Las diferentes nacionalidades de sus propietarios y su ubicación, en la frontera con Francia, aporta personalidad a esta casa del siglo XIX reformada para acoger a una pareja con sus cuatro hijos.

   

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Un salón con espacio para todos

Uno de los frentes del salón se pintó en un topo intenso con el objetivo de calentar el ambiente y resaltar la belleza de los muebles antiguos. La silueta de los sofás, tapizados en blanco, destaca sobre esta pared. Sofás, de Ikea. Macetas, de Zara Home e Ikea. Mecedora, de Vitra. Los sillones y las mesas nido se adquirieron en un anticuario de Barcelona. El escritorio pertenece a la familia desde hace tiempo; sobre él, lámpara led, de Philips. 

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Mezcla perfecta de estilos

Junto al sofá, en lugar de la tradicional mesa de apoyo se ubicó un fantástico buró antiguo de madera que pertenece a la familia desde hace años. Butacas rojas, adquiridas en un anticuario de Barcelona.

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Jardín

La vivienda, aunque está ubicada en el centro del pueblo, dispone de un amplio jardín con una zona de cultivo para hortalizas propias de la zona.

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El distribuidor

El diseño de la escalera está pensado para evitar accidentes, especialmente en una casa con cuatro niños; de ahí sus generosas dimensiones y la solidez de los peldaños. Parte de su estructura, además, sirve de apoyo a uno de los sofás de la zona de tertulia. Sofá, de Ikea. Mecedora, de Vitra. Plantas colgantes en la escalera, de Boskke. Guirnalda, de Habitat. 

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El comedor

En este espacio, la superposición de estilos es asombrosa y el resultado, muy favorable. La mesa y las sillas antiguas destacan sobre una alfombra de elaborado estampado y la iluminación corre a cargo de la lampara Zettel’z, de Ingo Maurer, que se personalizó con algunos dibujos de los niños.

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La lámpara del comedor

Actúa como protagonista. Lámpara, adquirida en Biosca & Botey. Alfombra, de Grupo 13. 

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Una cocina para estar y cocinar

La espaciosa cocina de planta regular se equipo sólo con muebles bajos, modernos y funcionales. En contraste, la pared libre se decoró con un llamativo zócalo en verde manzana. En esta misma línea, folk y colorista, algunas de las puertas de los armarios se sustituyeron por cortinas confeccionadas con paños de cocina en tonos intensos. Muebles, de Ikea. Paños de cocina, de Le Jacquard Français.  

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Detalles con color en la cocina

Algunos elementos curiosos dotan a la cocina de un encanto especial. Destaca, por ejemplo, la báscula típica de las tiendas de ultramarinos, cedida por un almacén del pueblo cuando cerró, o el panel antiguo de la pared, hoy muy útil para dejar notas. 

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Un cálido office

La amplitud de la cocina permitió incluir un comedor de diario con muebles de estilo retro, a tono con el aparador antiguo, que pertenecía a la familia. La mesa de hierro y madera y las sillas plegables a juego se adquirieron en un anticuario de Barcelona. 

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Dormitorio principal en la buhardilla

Los diferentes ambientes del dormitorio reflejan el gusto ecléctico de sus propietarios. Antigüedades de origen francés se alternan con piezas de mercadillo y otras de nueva adquisición. El resultado es un ambiente rico en contrastes, en la misma gama y muy cálido. La cama, la alfombra y las sábanas son de Ikea. A los pies de la cama, banco, de V Dinastía. Manta, de Habitat. La cómoda es un recuerdo de familia y la mesilla se compró en un mercadillo. Lámpara naranja, de El Ocho.

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Área infantil

En el cuarto de baño de los niños, el suelo se pintó en un favorecedor azul celeste. Una opción muy acertada ya que, además, protege la madera y contrasta con los sanitarios blancos de estilo vintage. Sanitarios, de Gunni & Trentino. Mueble de madera con espejo, de Ikea. Taburete, de Vintage 4p. Cubo con tapa azul, de Brabantia.

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Dormitorio infantil

Gracias a la ubicación de las literas, de estructura ligera, los niños cuentan con espacio en el centro de su habitación para jugar. Literas y alfombra, de Ikea. Colchas con estampado turquesa, de Zara Home. Almohadones, de Gastón y Daniela. Lamparita y letra, de Jardin D’Ulysses. 

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Plano e ideas

- El recurso más acertado para aligerar el espacio de la buhardilla, con un marcado techo a dos aguas y la presencia de llamativas vigas de madera, fue mantenerlo diáfano y con los muebles justos.
- El predominio del blanco en todas las paredes aumentó la claridad y propició el desahogo.
- Otro gran acierto fue evitar los tabiques divisorios y jugar con la propia decoración para delimitar zonas. El espacio acoge la zona de descanso, de almacén, un rincón de trabajo, otro de estar y un cuarto de baño con ducha de obra y amplio vestidor incorporado.

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