Una casa de campo en la ciudad

Disfrutar de una coqueta casita de campo en plena ciudad es un lujo aún al alcance de unos pocos privilegiados. Es el caso de esta vivienda que, una vez remodelada, conjuga funcionalidad y estética.

Los numerosos cambios y reformas que se han llevado a cabo para remodelar este chalecito original de los años 40 no han desvirtuado, en absoluto, esa sensación de casa de campo propia de las pequeñas colonias que aún existen en el centro de Madrid. Aunque modestas en origen, actualmente la posesión de una de estas casitas es todo un privilegio que hay que aprovechar al máximo. Así se hizo en este caso; el arquitecto Ricardo Elizondo y las interioristas del estudio Laminter —Ana, Juana y María Delgado—, formaron equipo y modernizaron la vivienda por completo sin alterar su esencia. La clave para lograrlo fue respetar en lo posible los elementos originales que caracterizan la vivienda.

En primer lugar se rescataron del olvido rejas de ventanas y balcones, la escalera original y las zonas del suelo que se encontraban en mejor estado. En la primera planta fue donde se recuperaron más elementos; la tarima, en espiga y sin barnizar, se restauró para resaltar su belleza natural. Los techos, a dos aguas y de vigas vistas, se pintaron al más puro estilo francés, en color blanco. Esta solución ayudó a multiplicar tanto la amplitud visual como el reflejo de la luz natural. Los muebles escogidos —la mayoría antiguos y de estilo provenzal— junto con telas y pinturas en tonos sosegados concluyen una decoración romántica y tranquila, una elección perfecta para las zonas de descanso.

Otro cambio fundamental afectó a la distribución original de la vivienda; la mayoría de los antiguos tabiques divisorios desaparecieron para dar lugar a estancias más amplias, que en la planta baja se comunican entre sí. El primer piso ahora acoge tres dormitorios y dos amplios cuartos de baño. El principal, concebido tipo suite, exhibe el encanto de la tarima sin tratar tanto en la zona de descanso como en el baño, como recurso de integración.

Un amplio vano comunica los ambientes exceptuando la zona del inodoro y bidé, que se independizó mediante una sencilla puerta corredera. 

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Salón de verano

El patio es, sin duda, el corazón de esta casa; comunicado con los espacios comunes, está decorado y concebido como un reducto al aire libre en el medio de la ciudad. Sus altos muros en color caldero y la vegetación frondosa permite disfrutar de un pequeño oasis. Sofás diseñados por el estudio Laminter. Velas cuadradas, de Zara Home. Flores artificiales, de Sia. 

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Zona de estar

La dificultad que implica mezclar piezas de distintas épocas no fue un problema en este ambiente, en el que muebles de líneas depuradas comparten espacio con antigüedades inglesas o complementos propios de un entorno rural. El éxito radica en simular una decoración con solera aunque, en realidad, es nueva. Estor de lino natural, de Pepe Peñalver. Estera de algas, de la firma KP. Mesa de centro, diseñada por Jesús Cadarso.

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Espacio de tertulia

La organización del salón invita a la tertulia, a la reunión con amigos; dos sofás enfrentados y cuatro butacas cierran un círculo en el que triunfa el eclecticismo. Asientos modernos comparten espacio con otros antiguos y de estilo Art Decó. El sofá tapizado en blanco se adquirió en Ybarra & Serret. Los sillones naranjas son un diseño del estudio Laminter. El sofá de madera antiguo y las butacas art decó se compraron en un anticuario de Londres. Mesas de centro diseñadas por Jesús Cadarso. 

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Una estantería original

Nos ha gustado mucho la idea de contar con una librería estrecha y alta, apta para colocar en cualquier rincón.

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Sin agobios

Tras la reforma fue posible distribuir los espacios con acierto para conseguir ambientes desahogados. En el salón, por ejemplo, se reservó un rincón para ubicar la zona de estudio muy peculiar. La estera de algas que reviste todo el suelo es de la firma KP. La mayoría de las piezas de estos ambientes proceden de anticuarios o fueron adquiridas en los viajes realizados por los propietarios. 

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El comedor

El romanticismo impregna este espacio con salida directa al pequeño patio. Un luminoso verde agua reviste las paredes y ayuda a multiplicar la luz natural. Los muebles elegidos contrastan con acierto, tanto por sus acabados como por su estilo, radicalmente diferente. La mesa de comedor, circular y patinada en blanco, es de Juan Antonio Martínez Tessier. Cuadros, de Badri. 

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Unión perfecta

Uno de los objetivos principales de la reforma fue la comunicación de espacios y la comodidad en la circulación; bajo estas máximas la cocina se independizó con unas puertas correderas, equipadas con cuarterones de cristal que permiten el paso de la luz. Cuando se dejan abiertas, el paso entre los dos ambientes es más fluído. 

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La cocina

Las decoradoras equiparon este espacio con muebles realizados a medida y acabados en laca en tono crudo, igual que la pared. Para el office prefirieron huir de la tradicional mesa exenta que, dada la distribución, podría dificultar la circulación dentro de la cocina. En su lugar, debajo de la ventana se instaló un sobre abatible. El suelo, de vinilo que imita madera natural, aporta calidez a la vista, y, además, su limpieza es sencilla. Armarios del estudio Laminter. Los taburetes son de Habitat. 

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El vestíbulo

acoge la gran escalera que, una vez restaurada, es la principal protagonista. Una solución muy práctica fue aprovechar el hueco que queda debajo de la misma para realizar un coqueto aseo de invitados. 

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Descanso privado

Muebles de diversa procedencia y estilo conforman una decoración romántica en la que prima el sosiego y la entrada de luz natural. Los espacios amplios y el gran ventanal caracterizan el dormitorio principal, decorado con el único objetivo de favorecer el descanso. La cama fue diseñada por las interioristas. 

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La tarima original del dormitorio

permanecía en buen estado, así que se optó por acuchillarla y mantenerla sin ningún tipo de barniz, con el fin de potenciar la belleza natural de la madera. Tanto la barandilla de hierro forjado como el gran ventanal de la habitación se recuperaron para no alterar el aspecto original de la fachada, aunque el aislamiento ahora es perfecto La cómoda antigua se adquirió hace tiempo en una subasta.

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Zona de aseo

La integración del cuarto de baño en el dormitorio fue clave a la hora de crear mayor sensación de amplitud. Un papel japonés hace posible la continuidad con la habitación mientras que una estera protege la tarima de madera, que también se prolongó con el mismo objetivo. El mueble de madera que acoge al lavabo fue diseñado por el equipo del estudio Laminter. 

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Plano

El techo a dos aguas contaba con listones y vigas vistas de madera oscura. Tras la rehabilitación se decidió restaurarlo y pintarlo en blanco, para ganar luminosidad.

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