Una vivienda en la costa

Elementos constructivos propios del Mediterráneo se mezclan con detalles modernos y con una distribución muy estudiada en esta casa de la costa catalana.

El espíritu marinero, típico de la costa mediterránea, se mezcla con elementos de marcado diseño en esta original vivienda decorada por la interiorista Adela Cabrer. No en vano su ubicación, en L’Ametlla de Mar, provincia de Tarragona, marcó profundamente las pautas decorativas. Por una parte se aprecian con claridad los elementos constructivos típicos de la zona, como los techos de bovedillas o las bancadas de obra. Al mismo tiempo llama la atención la distribución del espacio y la elección de tejidos de última tendencia. El salón, el comedor y la cocina son, sin duda, el mejor ejemplo de todo esto; se trata de un único espacio diáfano en el que destacan los muebles de obra, presentes en la estructura de los sofás, así como en la encimera de la cocina. La madera y el color gris son el denominador común de todo el ambiente.

En los tres dormitorios —uno de matrimonio y otros dos dobles— son fundamentales los elementos de obra, ya que cuentan con muy pocos muebles exentos.

Dos de ellos, con una original distribución simétrica y comunicados a través del cuarto de baño, constan de zona de descanso con cabecero de obra y de un rincón de trabajo bajo la ventana. La separación se realizó mediante dos puertas correderas; de esta forma, cada dormitorio cuenta con su propio acceso. Merece una mención especial el tratamiento que se hizo de los elementos antiguos; los techos de bovedilla, por ejemplo, están perfectamente restaurados e integrados en la decoración. Lo mismo ocurre con las ventanas de madera, vestidas con sencillos estores blancos. 

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Uno de los mayores encantos de esta casa radica en la original mezcla de estilos.

Las lámparas son, en parte, las responsables de este juego de contrastes. El salón, por ejemplo, está presidido por el modelo Random Light -de venta en Biosca & Botey- una maraña de hilos de fibra de vidrio en forma de esfera.

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Salón, comedor y cocina comparten un mismo espacio.
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En el diseño de la cocina, aunque actual, se emplearon elementos constructivos de la zona.

Llama la atención la encimera de obra que se prolonga hasta enmarcar también el frigorífico.

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El comedor, de grandes dimensiones,

se amuebló con piezas de madera maciza en acabado natural. Un toque cálido, ideal para la zona de estar. Los complementos son de Casa Viva y de El Mercader de Venecia.

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Los tejidos en gris marengo visten la zona de estar.

La decoración de este espacio destaca por su sobriedad; la ausencia de adornos y la pureza de líneas fueron las pautas a seguir.

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En el dormitorio de invitados se prescindió de cabecero.

En su lugar se aprovechó el murete de obra como lugar de apoyo para las lamparitas y el cuadro.

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Un murete de obra bordea todo el dormitorio.

En la zona que corresponde con el cabecero, hace las veces de mesilla de noche; incluso se realizaron un par de cajoneras a medida. Además, se prolongó hasta la zona de aseo y se utilizó para encastrar el lavabo.

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La zona de trabajo es muy sencilla.

Se compone de una mesa antigua de madera con acabado natural y una silla de director plegable. Complementos, de El Mercader de Venecia.

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El mueble del cuarto de baño también se pintó a tono con la pared.

El objetivo era la integración total de los elementos para crear espacios más amplios a la vista. Toallas, de El Mercader de Venecia.

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Tanto el suelo como las paredes del cuarto de baño

se pintaron en el mismo color tostado de los dormitorios; un recurso muy útil para dejar patente que forma parte de ellos. La zona de la ducha es la única que se alicató con piezas de pizarra negra.

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El techo de bovedillas se pintó en un tono más claro que la pared para resaltar su presencia.

Una vez restaurado y pintado se convirtió en uno de los principales elementos decorativos del dormitorio. La cama se vistió con una vistosa colcha naranja que aporta dinamismo y color al espacio.

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