Un piso con espacios diáfanos

La eliminación de tabiques y la presencia de paneles acristalados determinó una distribución espaciosa en la que la luz natural llega a todos los rincones de la casa.

La distribución original de este piso, situado en Zamora, no reflejaba espacialmente la amplitud que debería mostrar una vivienda de 183 m2. Los criterios arquitectónicos, típicos de los años 50 sobre los que se sustentaba, se basaban en un gran pasillo central en forma de T desde el que se accedía a las diferentes habitaciones. Sus actuales propietarios la adquirieron por motivos de proximidad —el edificio se encontraba junto al chalet familiar—, pero la sensación de oscuridad interior y la profusión de espacios, muchos de ellos angostos, no se ajustaban a su estilo de vida. El Estudio de Arquitectura Francisco Somoza se encargó de adaptar la vivienda a las necesidades familiares mediante una reforma integral que respondiera a una estética actual, diáfana y muy luminosa.

El proyecto se centró en sustituir el antiguo pasillo por un espacio amplio que hiciera las veces de gran distribuidor y recibiera luz natural a través de los ventanales abiertos en la fachada. Para ello se derribaron los tabiques antiguos y se crearon zonas visualmente comunicadas entre sí.

Tras la reforma, desde el recibidor, decorado con una estantería y un espejo que aumenta la sensación de profundidad, se accede directamente a través de un vano cuadrado y sin puertas a un espacio que se abre progresivamente hasta terminar en el salón. La única interrupción se debe a un original panel circular de cristal opaco que independiza el office del estar y, a la vez, permite el paso de la luz natural al comedor de diario. Su forma redondeada respondía a la intención de romper con la impersonalidad y monotonía de la distribución antigua y acentuar la diversidad del interior. El recurso del panel acristalado se utilizó también para independizar la zona de comedor del despacho, pero en esta ocasión se eligió un vidrio transparente para crear una unidad visual que se prolonga hasta el final de la zona de estar. Los revestimientos se escogieron, asimismo, para potenciar la sensación de continuidad y luminosidad con paredes pintadas en blanco y tarima de roble en el suelo. Los toques de color, como los azulejos rojos que protegen el frente de cocción en la cocina o el gresite azul que alegra el cuarto de baño de los niños, personalizan la decoración. A ello contribuyen los muebles —la mayoría comprados en Claudia Mobiliario— funcionales y de diseño actual, y las tapicerías cálidas que logran ambientes acogedores que reflejan la personalidad y el estilo propios de una familia del siglo XXI. 

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En el salón,

los sutiles toques de color negro delimitan visualmente la zona de estar, decorada con asientos tapizados en un cálido tono verde musgo. La pintura blanca de las paredes y el suelo de madera clara multiplican la abundante luz natural. Sofá y butacas, de Perobell. Mesa de wengué y cristal modelo Tótem, de Mais. Cuadros, de Pablo Busian y Jaime Matilla de la Peña. 

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El recibidor

Para potenciar la sensación de amplitud, el recibidor se comunicó con el resto de la vivienda mediante un vano sin puertas. 

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El comedor

se integró en el mismo espacio del salón al derribar los tabiques originales de la casa. La zona, decorada con muebles de líneas sencillas, se delimitó visualmente con una alfombra. Mesa de cerezo con sobre de cristal, de Interi. Sillas Arabesco de Concepta. Lámpara de pie Dórica, de Santa & Cole. 

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El panel de cristal

Una de las paredes de la cocina se sustituyó por un paramento curvo de cristal opaco, que facilita el paso de la luz entre el comedor y el office, situado dentro del panel curvo.

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El office

se situó dentro del panel curvo de cristal opaco, que independiza la cocina del comedor. Mesa Zero de Stua, de acero y cristal. Sillas, de Ikea. 

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La combinación de azulejos

rojos y gresite crudo en la cocina logró un ambiente acogedor, reforzado por los muebles de madera clara. Para no recargar el espacio, en vez de armarios altos se situaron baldas de poco fondo junto a la ventana. Placa y horno, de Bosch. Campana, de Pando. 

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En el dormitorio infantil

se optó por una cama nido que permite disponer de una amplia zona de juegos sin descartar la posibilidad de invitar a dormir a un amiguito. Las baldas se colgaron bajas para que el niño accediera a ellas. Cama, mesa y sillas, de Ikea. 

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En el dormitorio principal

se apostó por la gama del blanco, sólo animada por una colorista lámina de Kandinsky y una manta en tonos vivos. En lugar de cabecero se realizó un mueble de obra a media altura que se prolongó por uno de los laterales en una estantería y sustituye a la mesilla. Manta, de Sybilla. 

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Zona de armarios

En el dormitorio de matrimonio se realizó una zona de armarios de pared a pared. Las puertas se eligieron con frentes lisos a tono con la pared para que pasaran más desapercibidas. 

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La habitacin principal

cuenta con su propio cuarto de baño, que se revistió con losetas que imitan gresite. El lavabo se encastró en una encimera volada de mármol y se separó de la ducha con un murete rematado por una hoja de cristal.

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El cuarto de baño de los niños

se revistió con gresite azul. El lavabo se ubicó junto al ventanal y se encastró en una encimera que se prolongó hasta la puerta. Debajo, se situaron los toalleros. Un gran espejo sin marco amplía el espacio. 

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PLANO

Puntos clave de la reforma:
se hizo una distribución más espaciosa y se renovaron las instalaciones y los revestimientos.

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