Un dúplex actual en un edificio histórico

Las características estructurales de este céntrico dúplex madrileño revelan su pasado como parte de un edificio histórico en el centro cultural y literario de la capital.

Ubicado en el Barrio de las Letras de Madrid —muy en boga por su intensa vida social y cultural— este dúplex fue totalmente renovado por el Estudio de Arquitectura de Jaime Benavides. El edificio que lo alberga data de 1890, y era una antigua casa de citas conocida como La Petit Venice. Conseguir el aspecto actual del piso, amplio y luminoso, frente a las múltiples divisiones que lo limitaban, y dotarlo de instalaciones funcionales, que reemplazaran las propias de otro siglo, era la prioridad.

También fue clave la recuperación de elementos originales, como puertas, ventanas y vigas de madera, así como el uso de los clásicos radiadores de fundición. El suelo de madera que tenía la casa fue imposible de recuperar y se sustituyó por un parqué industrial de roble tratado con aceite, un acabado que mejora su aspecto con el paso del tiempo. En cuanto a los revestimientos, todas las paredes se pintaron en blanco mate, excepto en las zonas de agua de los cuartos de baño y la cocina, donde se recurrió a gresite y a losetas de mármol de Macael.

Para entender la distribución de la vivienda, que en la actualidad es un dúplex, primero hay que explicar que está compuesta por dos pisos unidos por una escalera. En la planta baja se situaron dos dormitorios, un baño, el despacho-biblioteca y una zona de estar. La escalera, diseño del arquitecto, cuenta con una barandilla de metal lacado en blanco y cristal; a través de ella se accede al primer piso, donde se encuentran el salón, abierto al comedor y la cocina, y el dormitorio principal con su baño. 
Las antiguas vigas de madera y hierro que forman parte de la estructura de la casa fueron la inspiración a la hora de realizar los muebles de cocina, de madera de nogal americano y con encimera de granito negro africano. El arquitecto Jaime Benavides también diseñó la estantería de Pladur y dos de las mesas: de madera lacada en el salón y de fresno en el comedor, realizadas luego por los carpinteros del estudio. 

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Diversidad con estilo en el salón

La clave para lograr el dinamismo equilibrado que reina en la zona de estar fue optar por una base blanca en pintura y textiles; a su alrededor fluyen estampados y materiales muy variados. Madera, metacrilato, hierro o caña enriquecen este ambiente con su marcado eclecticismo. Sofás Air, de Sancal. Cojines, de Zara Home e Ikea. Banco, de Benavides y Camino. Lámparas blancas y alfombra, de Ikea. Mesitas, de Zara Home. 

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Biblioteca y almacén

La importante altura de los techos, típica en las casas antiguas, permitió realizar una impresionante librería a medida de Pladur con un llamativo diseño de cuadrícula irregular. 

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Rincón de estudio

Suave al tacto, su acabado en imitación pelo añade un toque de calidez al ambiente. Se vende en Filocolore, mide 24 x 44 cm y cuesta 52 €. Mesitas rojas y alfombra, de Ikea. Flexo, de Habitat. Óleo, de Raquel Bartolomé Robledo. 

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Escalera

Tras la reforma, la escalera que comunica ambas plantas se cambió de lugar, ahora se encuentra entre el despacho y una zona de estar. Su diseño, en cristal y metal lacado en blanco, es muy ligero por lo que no resta espacio visualmente. 

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La cocina

Los techos y paredes pintados en blanco conforman el escenario perfecto para instalar muebles bajos de madera oscura. Aquí, como protección contra salpicaduras, se instaló un práctico zócalo de losetas de mármol. Armarios y mesa de comedor diseñados por Jaime Benavides.

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Colores ácidos

Jarrones, cuadros y detalles en tonos ácidos crean agradables contrastes con los rotundos muebles de madera.

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Menaje colorido

Todo el menaje procede de Ikea.

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Detalles en color decoran la cocina

Dar vida a la madera oscura de los muebles fue tarea de menaje y complementos, en plástico y colores vivos. Los cuadros son de Raquel Bartolomé Robledo. Lámpara de techo en hierro pintado, de Cidón.

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Dormitorio infantil, un mundo de sueños

Los originales cuadros, en blanco y negro o de vivos colores, son la decoración principal del dormitorio infantil organizado de modo que en el centro quedara espacio libre para jugar. Cuadro en blanco y negro pintado por Jaime Benavides. Óleos de Raquel Bartolomé Robledo. Alfombra, de Ikea. 

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Rincones personales

Junto a las ventanas de los dormitorios se crearon sendos espacios con sello propio. En el de los niños destacan los motivos infantiles y una original lamparita en forma de seta. En el principal se creó un tocador con espacio para mostrar también fotos, pequeñas obras y dibujos. Aplique en forma de nube de venta en Ikea.

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Elementos originales en el baño

La esencia de la casa se mantuvo al conservar y restaurar las puertas antiguas y las ventanas. La del baño, con cristal, se vistió con una cortinilla de algodón blanco muy retro. Lavabo, de Duravit. Grifería, de Roca. Gresite, de Azulejos Peña. Accesorios, de venta en Ikea. 

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En el dormitorio, tejidos con historia

La base neutra del dormitorio es ideal para exhibir un suzani de gran tamaño que sustituye al clásico cabecero. Este tipo de labor textil, que proviene de Asia Central, tiene un origen ancestral; se bordaba en algodón, seda o lino para adornar las bodas. Suzani, de Antenae. Ropa de cama y flexos, de Ikea. Cojines, de venta en Zara Home. 

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Detalles que decoran

Acuarelas pintadas por Jaime Benavides. Collares, de Eleanora Amadei. Telas de las cortinas, de Gancedo. 

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Un baño para dos

El frente de los lavabos está revestido de espejo, lo que proporciona sensación de amplitud en el cuarto de baño. Destaca tambien la curiosa mezcla de sanitarios de diseño y piezas retro. Lavabos, de Porcelanosa. Griferías y sanitarios, de Roca. Gresite, de Azulejos Peña. Jarrones, toallas y espejitos, de venta en Zara Home. Apliques, de El Museo Popular. 

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Plano de la casa e ideas

- Al tratarse de un dúplex formado por dos pisos idénticos, el dormitorio infantil se encuentra justo debajo del principal y comparten el retranqueo entre el armario y la ventana. En el de los niños se aprovechó el hueco para realizar un armario bajo a medida, perfecto para guardar juguetes.
- En el dormitorio principal, el mismo hueco se transformó en zapatero, y se cubrió con unas cortinas, ya que la ubicación del radiador no permitía un diseño con puertas. La pared se aprovechó con estantes de poco fondo para exponer acuarelas, bolsos y otros accesorios.

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