Una preciosa casa en Lisboa con alma 'scandi' en un edificio del siglo XVIII

Cuando adquirieron esta casa, los dueños tenían un objetivo: trasladar a ella el espíritu hygge de su anterior vivienda. Ahora es amplia, acogedora y cálida

Columnas en el salón
Bruno Barbosa

Situada en un edificio del siglo XVIII en pleno Chiado, uno de los barrios más característicos de Lisboa, esta vivienda de tres dormitorios enamoró nada más verla a sus nuevos propietarios, una pareja joven con un niño. Su luminosidad, amplitud y la céntrica ubicación fueron motivos suficientes para adquirirla. Además, jugaban con la ventaja de que se podía modificar parte de la estructura. Por ello, encargaron la obra y la decoración a Lígia Casanova.

Un pequeño vestíbulo se abría a diferentes estancias. La decoradora convenció a los propietarios para que tiraran tabiques y dejaran una amplia sala de estar con tres balcones, distribuida en diferentes ambientes. También fueron decisivos los dos pilares intocables que la interiorista convirtió en una funcional y decorativa estantería, y que también delimita áreas. El nuevo espacio se dividió en cuatro zonas: un salón, un comedor de estilo nórdico, un rincón para descansar de día y otro de lectura.

El amplio salón comunica con la cocina, de planta alargada y estrecha. En ella destacan las losetas cerámicas en blanco y negro, instaladas de forma alterna. Una combinación de colores que se repite en el contraste entre la encimera negra y los diferentes elementos blancos que vemos en el ambiente: los muebles, la nevera y el office. Los dormitorios, como la zona de estar, también se decoraron con muebles del atelier de Lígia Casanova y con piezas de la anterior casa de los dueños. Para ellos era importante encontrarles un hueco en su nuevo hogar, porque querían mantener también aquí ese espíritu hygge que les había acompañado durante años en su primera vivienda. La interiorista encajó cada mueble y detalle con tal acierto, que parece que estos hubieran tenido su lugar desde siempre. Incluso se repiten los papeles pintados y los cuadros con mensajes positivos de su antigua casa. Así se ha conseguido ese ambiente acogedor que, ahora como antes, ha llenado de felicidad su nuevo hogar.

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Amplio salón
BRUNO BARBOSA

Sofá, cojines, lámpara, puf y alfombra, todo, del atelier de Lígia Casanova.

En el centro de la estancia, frente a las ventanas, se colocó un sofá gris acompañado de un amplio reposapiés a juego, que hace también las veces de mesa de centro. Ambos descansan sobre una alfombra del mismo tono. Una lámpara de pie y un puf de lana completan la zona de estar.

Detrás del sofá, se colocó un espejo con marco de madera, que amplía visualmente el espacio y multiplica la luz natural que entra desde las ventanas, situadas justo enfrente.

A ambos lados del espejo se diseñaron estanterías de obra con baldas superiores para libros. Las zonas inferiores se reservaron para colocar dos aparadores realizados a medida, del atelier de Lígia Casanova. En el techo se respetaron las molduras, que perimetran el estar.

Comedor nórdico
Inspirada en el modelo Tulip, de Eero Saarinen, la mesa redonda se rodea de sillas de diseño formando un agradable espacio con un mapamundi de fondo. Mesa, de venta en Arper. Sillas, de Vita, Muuto y Arper. Lámpara de techo y papel pintado, procedentes del atelier de Lígia Casanova.

Ricas composiciones
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Los cuadros son una constante en la decoración de la vivienda. En el salón no solo muestran dibujos y fotos familiares, sino que también envían mensajes positivos. En la pared del fondo vemos una composición horizontal formada por marcos de distintos tamaños y diseños que proporciona dinamismo a la zona de descanso diurno. Debajo de ellos, la cama indiana y los cojines son del atelier de la decoradora.

El pavimento de madera original de la casa estaba en un estado lamentable, pero había sido reformado poco antes de que los nuevos propietarios llegaran a la vivienda. Sus tablas con vetas y nudos se adaptaban a la perfección al estilo nórdico, y sirvieron de base para elegir dos piezas clave del mobiliario, también en madera con acabado natural: un aparador, en primer plano, y el mueble de televisor, de Ethnicraft.

Bien alineados
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La pared junto al primer balcón se amuebló con un par de expositores para libros, una cama étnica y un mueble bajo de madera con espacio de almacén. Sobre él, una lámpara permite leer acostado. Flexo de madera y metal amarillo, del atelier de Lígia Casanova.

Apuesta natural
La madera es un material básico en el estilo nórdico, de ahí que esté presente en toda la vivienda: en muebles, suelo, carpintería e incluso en los marcos de cuadros y espejos, proporcionando calidez. Junto a la madera, otros materiales también llaman la atención, como el fieltro con el que están hechos los collares king size de bolas que decoran la pared sobre el radiador.

Collares, del atelier de Lígia Casanova.

Solución funcional
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La casa contaba con una pareja de pilares imposibles de eliminar porque forman parte de la estructura, de manera que se les sacó provecho. No solo se conservaron, sino que entre ambos se colocaron tres gruesas baldas de madera a modo de estantería en la que colocar libros y objetos decorativos. Además, sirve a la vez para separar los distintos ambientes de la amplia zona de estar. Baldas, de E15®.

Vestíbulo y parking
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Un par de percheros de pared y un armario para dejar los abrigos dan la bienvenida cuando se entra en la vivienda. El amplio recibidor también se aprovecha para aparcar la bici, que se convierte así en una pieza decorativa.

La trasera de la primera librería de obra se decoró con un original papel, estampado con el texto de un libro antiguo; del atelier de Lígia Casanova. Puf de croché, de Zara Home.

Buen encuadre
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Consola, de Ethnicraft. Lámpara de mesa, de Foscarini.

En el recibidor se ubicó una consola de madera adosada a la pared. Sobre ella, destaca el panel con cuarterones de madera que poco a poco se va llenando de entrañables fotos familiares.

Cambio de look
Se respetó la singular estructura de madera de los balcones acristalados, que se actualizaron pintándolos de gris. A su lado, un detalle hygge: la planta verde, que recibe luz natural. Las paredes se decoraron con un cuadro y con una composición de platos que se mimetizan con el ambiente. Entre el comedor y el salón, se creó un rincón de lectura con la butaca Husk, de Patricia Urquiola, adquirida en B&B Italia.

En la cocina
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Suelo de damero. Piezas cuadradas de cerámica en blanco y negro forman el pavimento de la cocina y se convierten en los protagonistas de la decoración, a la vez que potencian ese aire retro al que contribuye la vitrina. Este binomio de color es tendencia no solo como losetas que se alternan igual que en un tablero de ajedrez. También está de moda en forma de cubos con tres dimensiones que logran un curioso efecto óptico.

Almacenaje en la cocina
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Una vitrina con armarios inferiores y frentes de cristal en la parte superior, proporciona al ambiente un cierto aire vintage. En su interior, tras las puertas opacas, se guardan y ordenan sartenes y cacerolas, mientras que las piezas más vistosas de la vajilla y la cristalería se dejan a la vista, así como los tarros con ingrediente de uso diario. Sobre ella, se colocaron plantas —imagen de la derecha—. Vitrina, de Ethnicraft.

Paralelos a la vitrina se colocaron el fregadero y la vitrocerámica, encastrados en una encimera oscura con una amplia superficie de trabajo. Para lograr un contraste efectivo, se colocaron muebles altos en color blanco y la campana, a tono. En la zona inferior se instalaron los electrodomésticos —lavadora, lavavajillas y horno—, y módulos con frentes en acabado de alto brillo que reflejan el original suelo.

En el dormitorio: Cabecero de obra
Cabecero de obra
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La cama cuenta con un diseño a medida. Su superficie sirve de mesilla, y en el interior se pueden almacenar mantas. La pared del cabecero se revistió con el mismo papel pintado utilizado en el recibidor, del estudio de la interiosista.

Escritorio con luz natural
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La cama se colocó frente a la ventana, sin cortinas ni estores. Una tendencia típica de los países nórdicos, en los que la luminosidad escasea, pero que en el centro de Lisboa se convierte en una garantía de muchas horas de sol y felicidad. Puf de croché, de Zara Home.

Debajo de la ventana se creó un rincón para trabajar en casa con la luz del sol. Mesa y silla, de Arper. Banco, de Ethnicraft. Alfombra y lámpara de techo, del atelier de Lígia Casanova.

Amplio vestidor
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Una cómoda con cajones que alternan frentes en blanco y madera, ocupa toda la pared del espacio reservado para la ropa y los complementos de los propietarios. Enfrente se colocaron dos burros separados por un banco para calzarse y un espejo XL apoyado en la pared. Bajo la ventana se ubicó una cajonera realizada a medida. Lámpara de techo, del atelier de la decoradora.

Baño en blanco
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Frente al dormitorio se encuentra el cuarto de baño, con ducha y decorado en blanco.

Aquí también encontramos mensajes positivos, que cuelgan de los cajones.

Mueble de lavabo, de Ikea

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