Casa La Concha, en Marbella

Diseñada a partir de una antigua residencia andaluza, Casa La Concha destaca por la decoración de sus ambientes donde se alternan piezas rústicas, orientales y provenzales.

Al amparo de las faldas de la Sierra Blanca de Marbella y con impresionantes vistas al mar, Casa La Concha, que así se llama esta vivienda, enamoró a primera vista a su propietaria, la decoradora Milena Burot. Su esencia, con reminiscencias rurales de los años setenta, le fascinó, pero pensó que la podría pulir con un poco de gracia e imaginación; y así fue. Ella se dedicó en cuerpo y alma a la rehabilitación, ideando ingeniosas soluciones a la hora de comunicar los espacios, proponiendo detalles prácticos y originales, supervisando desde la embocadura de las chimeneas al traslado de vigas…

También decidió realizar nuevos vanos en la fachada que comunicaran el interior con el jardín; en el centro de éste destaca la piscina, con una pérgola de madera con cubierta de brezo y una cama balinesa: una invitación a la siesta o a plácidos momentos de lectura junto al frescor del agua. Claro que, si algo derrocha esta vivienda son los detalles que ponen magia en los ambientes. Su propietaria siente debilidad por determinados objetos que ha recopilado en sus numerosos viajes por África y Oriente. También le interesa experimentar con la pintura y el color en cuadros, muebles y paredes, y el toque étnico que resulta de combinar mobiliario y complementos de India y Bali.

En la casa se respira un mestizaje que personaliza cada ambiente: elementos orientales se han intercalado con otros que se acercan a sus raíces francesas y nos llevan hasta la Provenza. Otro de sus logros: buscar el toque artesanal en los azulejos y suelos, en los muebles de obra de la cocina, en el mueble de lavabo… Y el acierto a la hora de elegir accesorios: sutiles, nada pretenciosos, pero sí originales, como los taburetes de tres patas. Casa La Concha, situada en una antigua residencia andaluza, también es un hotelito singular, ya que dispone de cinco bungalows independientes, abiertos al frescor del jardín y con un interior deliciosamente rústico, con todas las comodidades, y donde puedes recibir un tratamiento de belleza en la intimidad de tu habitación. Además, durante todo el año se celebran eventos, como cursos de cocina, de yoga, bodas y otras actividades.  

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Jardín con piscina

Una decoración que apuesta por el mestizaje: cama balinesa junto a la piscina, muebles rústicos y provenzales, tejidos blancos, cerámica andaluza...

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Salón

Un gran arco enmarca la entrada a una segunda zona de estar y da perspectiva al salón. El sofá y las butacas, cubiertos con fundas blancas, dejan protagonismo a las piezas de madera, como el armario, la mesa de centro o la auxiliar, que es, en realidad, un paragüero balinés colocado boca abajo.

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Espacios abiertos

La decoradora quitó algunas puertas en el salón, comedor y baños; pero los ambientes quedaron delimitados con vanos en forma de arcos y puntas de flecha. Así se disfruta de mayor sensación de espacio, pero también es posible sentir esa intimidad que proporcionan las zonas más recogidas Sofá y butacas, de Ikea. Cojines, de Zara Home. Armario adquirido en Antigüedades La Mecedora.

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Comedor

Es un espacio acogedor bañado por la luz natural, que se multiplica gracias al mobiliario en blanco. El conjunto de mesa y sillas provenzales armoniza con un banco rústico y una alacena con gran capacidad para guardar todo el menaje. En contraste, un aplique en el techo y el suelo de baldosas de barro, en un tono oscuro y suavizado con las esteras de fibra vegetal. Banco y alacena, de Antigüedades La Mecedora. Aplique calado, de Meridiana. Esteras de sisal, de Gastón y Daniela.

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Cocina

Fiel al estilo rústico, se realizó con muebles de obra que combinan huecos abiertos con estantes y cestas y otros cerrados con puertas de celosía. El espacio entre los ventanales se aprovechó para colocar una estantería de pared donde organizar botes y conservas. Estores de lino, de Telas y Telas. Lavavajillas, de la firma Miele.

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Cocina campestre

Un frente de azulejos artesanales y una campana de obra, que esconde un modelo industrial, recrean la esencia de una cocina de campo. Esta pared entona con el tono gris azulado de las puertas de celosía. Azulejos, de Edgardo Uribe. Horno, de Balay. Taburetes, de Antigüedades La Mecedora.

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Barra de desayunos

Una barra de desayunos separa la cocina del comedor, y se enmarca con una viga y un pilar de madera. Azulejos, de Edgardo Uribe.

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Dormitorio

El cuadro pintado por Milena Burot inspiró la elección de tonos naturales para las paredes y la viguería del techo. En este último, la alternancia cromática ayuda a ensanchar visualmente la estancia, como también ocurre con el estor de rayas de la ventana. Ropa de cama, de Meridiana. Pufs de fibra, de Ikea. Silla plegable, de Casa. Estera, de Gastón y Daniela.

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Baño en blanco

Las paredes impolutas y el suelo de resina blanca dan frescura a este espacio, donde los vanos en forma de punta de flecha y los lebrillos de cerámica, que hacen de lavamanos, tienen un papel estelar en la deco.

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Frente de lavabo

El frente de lavabo se compone de una encimera realizada a partir de una pieza de madera de Bali, donde se encastraron dos lebrillos de cerámica y sendas griferías de caño alto. Los espejos se iluminan desde los laterales con tres pequeños focos orientables. Espejos de teca, de Hijos de Manuel Retamero. Grifos, de Leroy Merlin.

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Vanos y arcos

La decoradora quitó algunas puertas en el salón, comedor y baños; pero los ambientes quedaron delimitados con vanos en forma de arcos y puntas de flecha. Así se disfruta de mayor sensación de espacio, pero también es posible sentir esa intimidad que proporcionan las zonas más recogidas.

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Lavamanos tipo vasija

Apoyados sobre la encimera de madera, estos lavabos de cerámica artística tradicional lucen como piezas únicas. Su acabado brillante, así como la decoración vegetal y forma tan características, tienen un encanto irresistible.

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