Una casa con aires de campo

Los ambientes acogedores que rememoran la esencia del estilo rústico se funden con el paisaje en esta vivienda próxima a Comillas, en Cantabria. Naturalidad, sencillez y armonía son sus señas de identidad.

Esta casa, situada cerca de la ilustre localidad de Comillas, Cantabria, es la segunda residencia de una familia madrileña. Los propietarios, que habían veraneado de pequeños en la zona, querían volver a disfrutar de esta tierra, ahora con sus tres niños, en un hogar cómodo y acogedor, y encontraron lo que buscaban. El arquitecto, Carlos Ruiz Agüero y el promotor, Pablo Lantero, trabajaron en equipo para construir una vivienda actual y bien equipada, pero con unos rasgos característicos que permitieran recrear los ambientes típicos de las casas de campo. Pablo Lantero, que se dedica a realizar proyectos personalizados en Cantabria, participa de forma muy activa en el diseño de las casas, que se desmarcan de lo convencional. En este caso también fue así; el objetivo era que la construcción estuviera integrada en el paisaje, y que el interior resultara luminoso y amplio. Los colores suaves y claros de las paredes y la cuidada decoración fueron claves para conseguirlo, junto con el techo, con vigas de madera vista que transforman el espacio en un entorno más acogedor y cálido. Curiosamente, toda la viguería y la carpintería de la casa están pintadas en verde, un color que unificó y dio continuidad a los ambientes para crear una unión visual entre el interior y el maravilloso paisaje exterior de bosques y prados.

Los propietarios se encargaron personalmente de la decoración; para ello adquirieron muebles modernos, y los combinaron con piezas antiguas, de El Rastro, de Madrid, y de tiendas de Comillas. En casi todas las habitaciones de la casa recrearon el estilo rústico, aunque no dudaron en introducir otros diseños que personalizan el resultado; por ejemplo, una pareja de butacas Art Decó junto al mirador y una mesa de centro de líneas depuradas sorprenden en el salón, mientras que una lámpara de pie actual y majestuosa ilumina el comedor.
Las cortinas, con estampado de hojas, y las alfombras, de fibra natural, envuelven cada espacio con la naturalidad de una casa de campo. La sencillez de la vida rural también se revela como fuente de inspiración al elegir los complementos; únicos para aportar dosis de encanto.

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Entrada recibidor

Un perchero y un reloj de pared antiguos impregnan de tradición el recibidor de esta casa cántabra. Moderna en su construcción, los propietarios lograron, con detalles así, recrear la esencia de una casa de campo. Una alfombra de rayas aporta calidez y color a este espacio con magníficas vistas al exterior. Perchero adquirido en El Rastro de Madrid. Banco de madera con los brazos curvados, de Molucas. La alfombra se adquirió en un viaje a Marruecos. 

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Salón

La zona de estar se organizó en torno a una chimenea de obra rematada por una viga de madera. Ésta y el cesto para almacenar la leña imprimen un carácter rústico a un ambiente, donde predominan los neutros. Sofás, de Casa & Jardin. Mesa diseñada por María Lladó. Sobre ella, plato de alabastro con forma de flor, de Meridiana. Cojines, de Antennae y Gastón y Daniela. Manta, de Textura. Tela de las cortinas, de Málamo.

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Salón comedor

Los dos ambientes comparten espacio, aunque cada uno se delimitó con sendas alfombras de fibra natural. Los colores que aportan los complementos dinamizan la decoración de ambos. En primer plano, malvas y rosas con toques naranjas en los cojines y la manta animan la tapicería cruda del sofá. Detrás, los tonos verdes del comedor evocan la frescura del paisaje exterior. Cuadro del comedor, de Esperanza Bastos. Alfombras: en zona de estar, de Gastón y Daniela; y en comedor, de Málamo. En la imagen de la derecha, butacas Art Decó, adquiridas en El Rastro, de Madrid, con una tapicería de Málamo. 

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Zona de estar

Con muebles y diseños de otros estilos se personalizaron los ambientes. En el salón, una pareja de butacas Art Decó es punto focal, y la lámpara del comedor, muy actual, da mayor relevancia al comedor. Las ventanas y las vigas vistas se pintaron en verde, en sintonía con el paisaje. Además de dar continuidad visual a los ambientes y hacerlos más acogedores, se convierten en un elemento arquitectónico singular y con gran valor decorativo. PLANO

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Librería

Vista de la zona de estar desde el comedor. Su decoración rústica basada en la sencillez se completa con una librería realizada a medida para aprovechar el entrante creado por la chimenea de obra. Se empotró en este hueco y se laqueó en el mismo color de las paredes, de forma que se funde con ellas y resulta visualmente más ligera. En primer plano, vajilla, de Habitat; y flores de fieltro, de Antennae. PLANO

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Comedor

Para iluminar este ambiente se apostó por una diseño actual, en contraste con el mobiliario rústico. En lugar de una lámpara de techo, se eligió un modelo de pie con la pantalla suspendida sobre el centro de la mesa; una solución estupenda para ambientes con techos altos. Mesa y aparador diseñados por Pablo Lantero. Las sillas son de una cestería. Lámpara de pie Balance, de Vibia. Cortinas y alfombra, de venta en Málamo. 

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La cocina

Los frentes alistonados de las puertas y los tiradores recrean el ambiente de una cocina rústica. Sólo se alicató la zona de trabajo, con mayor riesgo de manchas y salpicaduras; el resto se pintó en blanco, tal y como manda la tradición. Los electrodomésticos, la distribución de armarios arriba y abajo, para optimizar el espacio, y el remate perfecto de los muebles revelan que la cocina es actual. Mobiliario de cocina, de Muebles Isidoro. El alicatado y el suelo cerámicos y con un acabado de apariencia artesanal fueron adquiridos en Azulejos Delgado. 

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Un rincón para el comedor

Situado junto a un gran ventanal, se decoró con muebles de madera maciza, austeros y robustos. Destaca la elegante forma del respaldo de las sillas con asiento de enea y el menaje tradicional sobre la mesa. Sólo el estor enrollable de la ventana revela que la cocina es un espacio actual. Aquí, como en el resto de la casa, las vigas de color verde dan calidez al ambiente. Sillas rústicas, compradas en El Rastro de Madrid.

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Dormitorio

Una estantería de pared a pared hace las veces de cabecero y da más protagonismo a la cama. Un cuadro con una flor en primer plano, el edredón y los cojines en tonos rosados crean una atmósfera más femenina y romántica en la habitación. Cuadro de Carlos Arriaga. Edredón y cojines, de Textura. Mesillas, de Ikea. Lámpara, de Habitat.

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Escritorio

En el dormitorio principal se creó un rincón de marcado estilo rústico, con muebles de madera natural y varios detalles. Una lámpara de latón, el jarrón con forma de pecera, el arreglo floral, los cuadros y el cesto acompañan a una mesa escritorio y un sillón de despacho, que rememoran el encanto de otras épocas. Escritorio y silla, de El Siglo. 

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Cuarto de baño

El color blanco, las toallas y las cestas de fibra natural transmiten sencillez y pulcritud a este espacio. En él destaca el diseño para el frente de lavabo. Sobre una encimera sintética volada se encastró el lavabo y, debajo, el armario convencional se sustituyó por una balda con varias cestas que permiten mantener ordenados todos los artículos de aseo. Lavabo y grifo, de Roca. Encimera, de Silestone. Toallas, de Textura. Cestos de fibra trenzada, de Ikea y Zara Home. A la izquierda, cómoda, de Becara y lámpara, de Molucas. 

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En el dormitorio

En el dormitorio principal se apostó por un estilo femenino más fresco. Una librería de obra de pared a pared con un llamativo cuadro de Carlos Arriaga sustituye al que sería el cabecero rústico tradicional, en forja o en madera tallada. 

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PLANO

Pablo Lantero, que se dedica a realizar proyectos personalizados en Cantabria, participa de forma muy activa en el diseño de las casas, que se desmarcan de lo convencional. En este caso también fue así; el objetivo era que la construcción estuviera integrada en el paisaje, y que el interior resultara luminoso y amplio.

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