Una casa country muy actual

Los elementos arquitectónicos típicos del norte añaden carácter a esta casa, en la que muebles retro y piezas singulares se combinan para crear atmósferas íntimas y evocadoras.

Vigas y pilares de madera, tejado a dos aguas, un bonito porche… Cuando los propietarios de esta vivienda la vieron por primera vez, se quedaron prendados de ella. Llevaban años buscando una casa en Santander donde la familia —una pareja con cuatro niños— disfrutara de sus vacaciones. Hasta entonces sólo habían visto construcciones ruinosas y a un precio muy elevado. Pero ésta, rehabilitada por Jimmy Suárez de Puga, era perfecta.

Este hecho se produjo cuando Jimmy Suárez de Puga unió una vieja casa y un bar para realizar esta vivienda con tres alturas. En el exterior, respetó al máximo la tipología arquitectónica de la zona, con la fachada pintada en blanco y carpintería de madera en tono verde. Las ventanas, con cuarterones, las diseñó ligeramente más amplias que las típicas para facilitar la entrada de luz natural. En el interior, la madera se convirtió en la protagonista indiscutible: suelos en acabado claro junto con techos y pilares pintados en blanco dulcifican los ambientes sin enmascarar el encanto natural de nudos y vetas.

La arquitectura rústica pronto se personalizó con una decoración singular. Piezas rescatadas en chamarileros y recuperadas tanto por especialistas como por miembros de la familia comenzaron a llenar de vida el interior. Con una mezcla de estilos vintage y campestre, los muebles se combinaron con texturas cálidas cuya sola visión —mantas mullidas, alfombras de pelo largo y cojines de lana— promete días felices, cuentos junto al fuego y risas infantiles en el jardín.     

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Una casa inspirada en la belleza natural que la rodea

El color verde de puertas y ventanas se repite en los muebles para unificar visualmente exterior e interior. 

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Muebles con solera al aire libre

Los muebles de la agradable zona de estar al aire libre tienen un origen singular. La mesa la realizó el guarda de la casa familiar, con señales de tráfico viejas y láminas de aluminio que él mismo cortaba, soldaba y pintaba. Las sillas se adquirieron en un chamarilero y se restauraron. 

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Zona de estar exterior

La mesita de centro la diseñó la madre del propietario al combinar la estructura de una pieza antigua con un sobre de madera. Sofá y alfombras, de Ikea. Sillas restauradas en El Taller de Veliko. Cojines: estampados, de Becara, y lisos, de Maison de Vacances. Jarrón ámbar, de Zara Home. Chal, de Becara. 

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Un salón abierto a la luz

Los muebles y tapicerías blancas captan la luz natural del jardín y la conducen hacia el interior del salón, multiplicándola. Las texturas de los complementos, como los cojines de pelo largo o la alfombra de cebra, crean una atmósfera de intimidad y calidez. Lámpara de pie Tolomeo, en Ideas Luz. Detalles sobre la mesa

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Detalle de la mesa de centro

Sobre la mesa de centro, un modelo antiguo reciclado, jarrones blancos, de El Ocho.

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Relax total en la zona de estar

Sofás Ektorp y alfombra blanca, de Ikea. De Zara Home: alfombra y cojín con estampado de cebra, y manta de mohair. La mesa es un modelo antiguo, que recicló la madre del propietario. Cuadro, de Brianda Fitz James Stuart. La mesa metálica, el espejo con marco dorado y la butaca de terciopelo dan un aire retro al rincón.

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Rincones con encanto

En el salón, dos ambientes de estilo distinto aportan personalidad a la decoración. Junto a estas líneas, un antiguo aparador decapado y una silla de cuero evocan destinos lejanos. Aparador, de la anticuaria Begoña Calzada. Silla Riaza, de Casa & Jardín. Arriba, butaca adquirida en Villalán. 

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Cocina bicolor

Los muebles, blancos -realizados por artesanos de la zona- y verdes, añaden dinamismo a la cocina. Las vitrinas se encargaron con un diseño similar a la carpintería de la ventana. En la encimera, gallina metálica adquirida en Lou & Hernandez. La lámpara de techo se compró en la Feria de Anticuarios y Desembalaje que se celebra en Torrelavega cada agosto. 

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Comedor de diario

El comedor comparte espacio con la cocina, de ahí que se escogiera una decoración sencilla, para disfrutar en familia: una mesa y un par de bancos. Mesa, sillas y aparador, de Carina Casanovas. Cuadro, de Brianda Fitz James Stuart. En la mesa, candeleros de Point a la Ligne, mantel de La Europea y vajilla, de Villeroy & Boch. En el aparador, jaula de Teklassic y jarrones, de El Ocho. Lámpara, de Vintage 4P. Alfombra de lana, de Ikea. 

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Respeto por la arquitectura original

Las vigas y los pilares de madera a la vista descubren toda la belleza del sistema de construcción típico de Cantabria. En la rehabilitación del edificio, Jimmy Suárez de Puga rescató elementos estructurales rurales y los suavizó con pintura blanca, que hace más amable el ambiente. A ello contribuye la ausencia de puertas, que facilita una circulación fluida por toda la vivienda. Vitrinas verdes, de Deco Deco. Dentro, menaje de Point a la Ligne e Ikea. 

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Detalles con mimo a la entrada de la cocina

Cada rincón de la casa refleja el cuidado con el que se ha decorado toda la vivienda. Incluso el paso hacia la escalera resulta acogedor con las mullidas pieles en el suelo, la vitrina rústica, la leña que evoca tertulias junto a la chimenea o las velas, que llenan de magia los peldaños volados. Vitrina, de Carina Casanovas; de su llave cuelga un corazón de bronce, de Lou & Hernández. Botas, de Báslala. De Ikea: cestas, pieles en el suelo y velas. 

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El cuarto de los niños

El dormitorio infantil cuenta con dos camas separadas por un velador que sirve de mesilla. En lugar de cabecero, la pared se adorna con una guirnalda vertical de flores. Fundas azules, de Habitat. Colchas color topo, de Lexington. Mantas de lana, de Ikea. Cojín capitoné con lazos, de Zara Home. Velador y osito, de El Siglo. Sobre la mesilla, faro y pez, de Lou & Hernandez. Guirnalda en la pared, adquirida en Los Peñotes. 

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Dormitorio principal abuhardillado

Esa es la sensación que se desprende en el dormitorio, con la cama cobijada bajo el tejado a dos aguas y una cálida manta de punto al más puro estilo de las labores tejidas. En la cama, manta y cojín de punto, de Jardin D’Ulysse. Cojines blancos, de Maison de Vacances. Lámpara, de El Ocho. El cuadro es obra de Dafne Vijande. 

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Detalles del dormitorio

La combinación de acabados: madera decapada en blanco, toques de cuero, cojines de pelo largo, mantas de punto... ¿El resultado? Ambientes campestres, bucólicos y cálidos. Banqueta, adquirida en Almazén. Sobre ella, manta de Zara Home y chal, de Becara. 

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Cuarto de baño abierto al dormitorio

Un murete separa el cuarto de baño, sin ventanas, del dormitorio. Para facilitar el paso de la luz hacia el fondo, sólo se levantó hasta media altura. Junto a él se adosó una cómoda antigua de herencia familiar y una butaca de enea. Cómoda restaurada por Jaime Tárraga. Cuadro, foto y jarrones, de El Ocho. Flexo, de Ikea. Butaca, adquirida a la anticuaria Begoña Calzada. Cojines, de la firma Maison de Vacances. 

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PLANO E IDEAS

- Sacar a la luz los elementos estructurales, como las vigas y los pilares de madera, y dejarlos a la vista para que, además de su misión arquitectónica, aporten un plus a la decoración.
- Introducir muebles de diseño propio, realizados por miembros de la familia o próximos a ella, que se convierten en piezas únicas no sólo por su diseño, sino también por su valor emocional.

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