Una casa con vistas al mar

Una reforma profunda y muebles sabiamente reciclados convirtieron esta vivienda, antes ruinosa, en habitable. Sin perder, por supuesto, sus espléndidas vistas al Mediterráneo.

El azul del mar y el blanco de la luz del Mediterráneo son los grandes protagonistas de esta espectacular casa enclavada en la Costa Brava. Quién iba a decir viendo las imágenes de este reportaje que la vivienda fue rescatada de un estado ruinoso. El artífice de esta reforma total fue Lázaro Rosa-Violán, de Contemporain Studio. El interiorista, en una tarea titánica y casi artesanal, logró con éxito respetar la estructura básica de la vivienda, repartida en dos plantas y situada frente al mar. Las vistas desde la terraza son todo un privilegio.

Ese aire marinero de puertas para fuera se mantiene también en la decoración interior. Prueba de ello está en los muebles azules y blancos, en las rayas del tapizado de los sofás, en las puertas con originales ojos de buey —que nos recuerdan las ventanas de los barcos— o en los cuadros repartidos por toda la casa con mapas o cartas de navegación. Una coherencia aplastante que impregna cada rincón de la vivienda: desde el salón y la cocina, en la planta baja, hasta los cuartos de baño o los dormitorios, situados arriba. Para reforzar el estilo navy, se utilizaron muebles que fueron en su día piezas pertenecientes a barcos. Por ejemplo, los sofás del estar eran camas de camarote, o las mesillas del dormitorio principal decoraban el salón de eventos de un antiguo transatlántico. Junto a estas piezas procedentes de otros escenarios se hallan diseños vintage, como la cómoda holandesa del siglo XIX del dormitorio principal, la alacena de la cocina o el suelo, de pino reciclado de un convento.

Esta miscelánea de estilos se debe, en gran medida, al espíritu aventurero del interiorista, en su búsqueda incansable de viejos muebles de muy diversas procedencias, y a los que les dota de nuevos usos, como el carrito auxiliar de la cocina, que en origen pertenecía a una clínica.      

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Comedor de verano en la terraza

La situación privilegiada de la terraza, ubicada en la primera planta, permitió colocar en ella un amplio comedor de verano. Y para protegerse del sol, se instaló una cubierta de cañizo sobre vigas pintadas de color azul. Mesa de comedor en blanco y con tablero extensible (249 €) y banco de madera maciza (54,95 €); similares en Ikea, modelo Norden. 

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Chimenea enmarcada en blanco

La chimenea preside el salón, por eso su embocadura se pintó de blanco, para que quedara perfectamente integrada. Sobre ella y, para continuar con el binomio cromático, se situó una pareja de jarrones de cristal azul. Jarrones artesanales de cristal soplado. Similar a ellos es el modelo Stockholm, de Ikea (29,95 €). En la mesa de centro, candelero de India & Pacific. 

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Una decoración que combina estilos

Lo nuevo y lo viejo se combinan en perfecta armonía en la zona de estar, formada por dos sofás que antaño fueron camas de camarote. En el centro, una mesa con el sobre de bandeja procedente de Filipinas. 

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Salón en blanco y azul

Las telas de las tapicerías a rayas azules de los sofás son de Pepe Peñalver. La consola blanca es de Contemporain Studio, y el candelero, de India & Pacific. 

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Salón relajante

Dos colores dominan cada rincón de la casa: la luminosidad del blanco y el azul marinero. El resultado final es un ambiente sereno, relajante, como se aprecia en el espacioso salón. Unas cartas de navegación del siglo XIX y cuadros de mapas decoran la consola blanca y las paredes. Aparador en color añil, de Otranto. Taburetes de madera, como estos, que pueden servir de mesitas auxiliares, los encontrarás en India & Pacific (desde 90 €). 

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Los muebles de madera aportan calidez

La frescura de los azules se ve arropada por la gama de los marrones, que aporta calidez al salón. Los veladores reciclados -que aquí se aprecian mejor-, los taburetes, la estantería del fondo o la mesa de centro son buen ejemplo de ello. Sin olvidar la imponente presencia del suelo recuperado de madera pino. 

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Una cocina con historia

Una antigua masía ampurdanesa fue el anterior hogar de esta alacena, que ahora almacena la vajilla. Y la mesita auxiliar procede de una clínica. En la zona del fregadero se respetaron los azulejos originales. 

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Fregadero recuperado

Vajilla, de la Compagnie Francaise de L’Orient et de la Chine. Mueble fregadero adquirido en un mercadillo de Montpellier, en Francia. La cocina antigua procede de Otranto. PLANO

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Un comedor de diario como los de antes

La amplitud de la cocina hizo posible la ubicación de una zona de comedor junto a la puerta de entrada, con lo que gana en luminosidad. El office, formado por unos bancos y una mesa alargada, se pintó en blanco y azul para continuar el binomio cromático. Bancos y mesa procedentes del refectorio de una antigua fábrica textil de la localidad de Vic. 

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Una habitación con vistas

El dormitorio principal, que incluye baño, comunica con la terraza que da al mar. Junto a la butaca de Le Corbusier, destaca un armario de Las Landas francesas, una cómoda vintage y la cama con dosel. Original detalle el ojo de buey de la puerta. Cómoda holandesa del siglo XIX. 

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Cuarto de baño

En el baño, tocador del siglo XIX y lavamanos de terracota negra. La grifería procede de Otranto.

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Una mesa con bandeja

El singular diseño de una mesa de centro con patas de tijera y sobre, realizado a partir de una bandeja-colador procedente de Filipinas. + mesas de centro con bandejas 

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PLANO E IDEAS

- La decoración de esta casa se caracteriza por la segunda oportunidad que se le ha concedido a determinados objetos, cuyos usos nada tenían que ver con su primitiva utilidad. Por ejemplo, los veladores situados junto a cada uno de los brazos del sofá, que en su origen fueron las mesas del salón de eventos de un transatlántico.

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