Una casa catalana en la costa

Esta vivienda adosada, de 120 m² en dos plantas, está ubicada en una zona privilegiada, entre el mar y la montaña, en la bellísima Costa Brava.

No resulta nada fácil elegir un lugar de descanso para adquirir una casa a la que acudir de forma regular en las vacaciones veraniegas. La eterna duda “¿qué es mejor: el interior o la costa?” en este caso se resolvió sin problemas, ya que la excelente ubicación de este pareado, en la localidad gerundense de Begur, en la Costa Brava, ofrece una atractiva combinación de montaña y playa.

Las magníficas vistas de la bahía de Pals, con el Mediterráneo perdiéndose en el horizonte, fue uno de los factores decisivos a la hora de comprar esta casa. Además, sus propietarios la adquirieron cuando aún no estaba terminada, por lo que pudieron decidir algunos cambios en la distribución. Por ejemplo, optaron por eliminar el muro que sobre plano independizaba el salón de la cocina y lo sustituyeron por un murete a media altura que sirve de pasaplatos. Así consiguieron un espacio diáfano que permite el paso de la luz de una zona a otra, además de lograr una comunicación funcional entre la cocina y el comedor.

También llegaron a tiempo para elegir los revestimientos que preferían. El suelo se pavimentó con losetas de gres que imitan la toba catalana característica de la zona. La terraza también se soló con el mismo material, de forma que, cuando la puerta se mantiene abierta, el espacio exterior se integra en el salón como una prolongación de la zona de estar al aire libre. Para el cuarto de baño eligieron azulejos blancos y azules, una combinación de tonos típica de los ambientes marineros que se observa también en el resto de la decoración: en la tapicería a rayas del estar, en los muebles de la cocina… El color se utilizó, además, para delimitar espacios. Las paredes de la planta baja se pintaron en un tono ocre, mientras que la primera —reservada para los dormitorios y con el techo ligeramente abovedado— se decoró en azul. En cuanto al mobiliario, los dueños se plantearon la decoración de la casa con criterios prácticos. Por eso eligieron muebles funcionales que no requirieran demasiados cuidados y que agilizaran las tareas domésticas para disfrutar al máximo de las vacaciones

Publicidad - Sigue leyendo debajo
La casa dispone de una terraza desde la que se contempla la ladera que conduce hacia la bahía de Pals.

En el verano, los propietarios la usan para desayunar al aire libre. Sillas y mesa, de MDM. Macetero de cinc, de Muy Mucho. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
El salón se decoró en tonos azules y blancos que evocan los clásicos colores marineros.

Al ser una casa de vacaciones, se optó por colocar sólo los muebles justos, y asientos con tapicerías ligeras y fáciles de quitar para lavar. Sofá, butacas, puf y alfombra, de venta en Ikea. Mesa de centro con sobre en forma de bandeja de fibra, de Habitat. Velador, de Pilma. La lámpara se adquirió en un mercadillo. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
En la planta baja, salón y comedor

comparten un mismo espacio que, al prolongarse visualmente hacia la terraza, parece más amplio. Para amueblar la casa, los propietarios fueron conscientes de que se trataba de una vivienda pensada para el descanso, por eso eligieron muebles funcionales que no requirieran muchos cuidados.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
En una de las esquinas del salón se hizo una chimenea de obra

con la que, en los días frescos, se consigue un ambiente acogedor. La cómoda de cajones y los visillos se adquirieron en Ikea. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Los dueños decidieron eliminar el tabique que separaba la cocina del comedor

y levantar un murete a media altura que sirve de pasaplatos. Así lograron que la comunicación entre ambas zonas fuera más cómoda al tiempo que se facilitaba el libre paso de la luz. Mesa y sillas, de Ikea. La lámpara inspirada en los diseños náuticos es de Iluminación Pardo. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
En la cocina

se buscaron muebles de color azul que no desentonaran con el resto de la decoración. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Uno de los factores decisivos para la compra del pareado fueron sus vistas:

desde la terraza se tiene una espectacular panorámica del mar. La barandilla de obra y el original quitamiedos se hicieron con las mismas losetas que cubren el suelo.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
El dormitorio principal tiene el techo ligeramente abovedado.

Al pintarlo en el mismo tono de las paredes -un relajante color azul- se consiguió un efecto acogedor, aunque este recurso decorativo sólo es aconsejable para espacios con mucha luz natural; de lo contrario, el ambiente puede parecer oscuro. Cama y cortinas, de Ikea. Lencería, de Muy Mucho. Lámpara, de Iluminación Pardo. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
En el dormitorio de los niños

se colocó una litera; de esta forma queda espacio suficiente para un escritorio y una zona de juegos. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
En el cuarto de baño destaca la combinación de los revestimientos:

azulejos blancos colocados a cartabón separados de los azules -en retícula- por una cenefa. La encimera, de Silestone, se prolongó hasta la pared para tener más superficie de apoyo, pero su fondo se redujo para no recargar tanto el espacio. Azulejos, de Creixell. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Colores veraniegos.

Plasma los colores del mar y de la playa en tu hogar. Arena y azul combinan muy bien y son ideales para las casas de costa: amarillos 6321 y 6320 y azul 6340, de Titan.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Casas