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Esta casa en Formentera es un paraíso azul

La intensa luz, el mobiliario artesanal y los textiles a rayas impregnan esta casa rural, ubicada en Formentera, de ese espíritu marinero donde el blanco y el azul traen la calma.

Casa Formentera
Jordi Sarrá

Situada sobre una colina en medio de la isla de Formentera, esta casa de campo hizo realidad el sueño de sus propietarios: vivir retirados, en plena naturaleza, rodeados de mar y dedicándose a sus principales aficiones, la pintura y la restauración. Sus nuevos dueños, una pareja italiana de artistas formada por Pier Paola Cané y Angelo Piersimoni, solo tuvieron que restaurar la cubierta con teja local y acometer la instalación de los dos baños, a pesar del carácter centenario de la vivienda.

En el interior conservaron la estructura típica de las casas rurales: vigas, carpintería, suelo de barro… Para el mobiliario se decidieron por sencillos y escuetos diseños de madera reciclada, hechos por Angelo, salpicados por algunas piezas de estilo industrial. La casa de una única planta y rodeada de un maravilloso jardín consta de una cocina, un salón, dos dormitorios, dos baños y una tercera habitación que hace las veces de estudio de pintura de Pier Paola. Aquí realiza sus deliciosos cuadernos de viaje ilustrados con acuarelas que luego vende en tiendas de la isla o bien decoran las paredes de la casa. Pintada en blanco y azul, toda ella es un canto al Mediterráneo.

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Vía verde

Setos, cactus, chumberas, agaves traídos de Madeira y plantas autóctonas configuran un jardín de aspecto agreste, muy informal. Las plantas en macetas y tinajas de barro le dan al exterior ese toque rústico que tan bien encaja en las casas
de campo.

Atmósfera fresh
En el centro del jardín se dispuso una apacible zona de estar sobre un suelo de piedra y cemento. Al caer la tarde, y una vez que el espacio se refresca, es un placer sentarse aquí a conversar mientras se saborea una rica limonada.

Con obrador incluido
La casa centenaria cuenta con detalles de la vida cotidiana de antaño, como el viejo horno en el que, hoy como ayer, se elabora deliciosa repostería casera. Todo queda impregnado de ese olor tan característico a pan recién hecho.

Más madera
El salón exterior está amueblado con tumbonas de madera inspiradas en el clásico diseño Adirondack, acompañadas de mullidos cojines. Todas ellas se sitúan en torno a una mesa de centro rústica, decorada con siluetas de peces.

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Carpintería de estilo marinero

Las paredes encaladas contrastan con las ventanas y puertas pintadas de ese azul índigo tan típico de los pueblos costeros. Este binomio cromático es una constante dentro y fuera de la casa, como aquí en la entrada principal.

Comedor al aire libre
Una mesa alargada y dos bancos fue el mobiliario elegido para el comedor exterior, pintado del mismo azul que la carpintería. El suelo de cemento y la trepadora que oculta la cubierta del porche refrescan este espacio orientado al sur.

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Diseños personalizados

El propietario, Angelo Piersimoni, crea piezas peculiares a partir de las maderas viejas que la marea arrastra hasta la playa, como la butaca y el marco del espejo en el recibidor. Unos bolsos de paja, adquiridos en mercadillos, cuelgan del perchero y confieren a la entrada cierto aire boho.

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Respeto a lo antiguo

Los dueños decidieron conservar las baldosas de barro, algunas desgastadas, y mantener así la esencia genuina de la casa. En el salón, unos visillos blancos de algodón dejan que la brisa circule con completa libertad. Lámpara de pared en forma de corona, de Catalina House.

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Recibidor acogedor

Inspirada en las antiguas cabañas, una pared del
vestíbulo se ha forrado con lamas de madera
lacadas en blanco dando lugar a un friso-perchero que aporta calidez al espacio. En la pared, una pintura de la artista Pier Paola Cané, propietaria de la casa.

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El toque moderno

La imagen tradicional de las casas de campo, donde la vida se hacía en torno a la mesa, está muy presente en esta cocina protegida también con lamas de madera. Tres lámparas de estilo industrial, alineadas sobre el office, nos devuelven a la época actual. Lámparas de acero, de Ikea.

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Almacenamiento horizontal

La ausencia de armarios altos para guardar la vajilla y el menaje se compensa con un práctico sistema de barras y estantes que dejan a la vista los utensilios más utilizados.

En torno a la mesa
Una mesa blanca extensible, capaz de acoger a múltiples invitados, es la gran protagonista de la cocina. Alrededor de ella, se dispusieron unas sillas antiguas de madera, todas diferentes, que le dan ese carácter añejo. Vestida o al natural, siempre está dispuesta para ofrecer un bocado.

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Baño relajante

Meterse en la bañera mientras se escucha el trinar de los pájaros y se divisa el verde exterior resulta todo un lujo en los dos cuartos de baño de similar factura. El tamaño de este se ve ampliado gracias a la presencia del espejo XL enmarcado sobre el lavabo.

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Trabajo handmade

La afición de Angelo por trabajar la madera se aprecia en toda la casa, ya que gran parte del mobiliario es obra suya: los decapados de los sofás, los marcos de los espejos, los cabeceros de las camas... adquieren otra realidad en sus manos. Al fondo de la habitación, un carboncillo de Pier Paola.

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Son de mar

Una amplia cama con mesillas a los lados es el sencillo mobiliario del dormitorio principal, en el que destacan referencias marineras: los textiles de rayas color azul grisáceo, las letras de madera...

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Bien protegidos

En todas las ventanas de la casa se dispusieron mosquiteras que evitan el paso de insectos al interior mientras, por fuera, van pertrechadas con contraventanas que mitigan el exceso de luz
y calor por el día o el frescor por la noche.

Dormitorio de invitados
Dos camas de 90 cm, separadas por una mesilla de noche, equipan el segundo dormitorio. La estructura de ambas, en madera lacada en blanco, contrasta con las colchas y los taburetes en azul -hechos por Angelo-, a juego con la carpintería interior y exterior.

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Aires románticos

Colgadas de una viga, unas prácticas mosquiteras permiten pasar las noches libres de molestas
picaduras. Además, junto al viejo farolillo de barco
en la pared, dan a la estancia un ligero toque
romántico. Mosquiteras, de venta en Ikea.

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Zona chill out
Jordi Sarrá

Detrás del porche de entrada, en un lateral de la
casa, se ha dispuesto una relajante zona de descanso que lo mismo permite conversar sentados en el banco adosado a la pared, dedicarse a la lectura o tomar el sol en las hamacas, rodeados de abundante vegetación.

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