Nata Moreno nos enseña su ático de Malasaña

La casa de una artista siempre destaca por su personalidad. En la de Nata Moreno, los detalles son la clave.

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Comenzó siendo actriz, pero en los últimos años, esta zaragozana afincada en Madrid se ha dedicado en cuerpo y alma a la dirección. De hecho, ha montado su propia productora: Kokoro Films.

Entre todos sus trabajos hasta el momento, destaca el cortometraje Le Chat Doré, una crítica al 21% del IVA cultural que en su recorrido por varios festivales ya ha ganado varios premios.

Pero la preocupación por los temas sociales queda patente en sus dos últimos proyectos: A la mar, un cortometraje que habla sobre la inmigración de la mujer africana; y Ara Malikian: una vida entre las cuerdas, donde aborda el genocidio armenio y la guerra del Líbano, todo ello contado desde la perspectiva de su pareja, el violinista Ara Malikian. Un relato visto a través de su carrera pero también desde sus vivencias personales, que se estrenará en unos meses. 

Y es que a esta mujer todoterreno no se le escapa nada: cortometrajes, documentales, videoclips, publicidad... Un alma camaleónica que ha visto mucho mundo, algo que queda reflejado en la decoración de su casa: ''Tantos viajes te generan un gusto concreto que tiene que ver con los objetos que traes de todo el mundo. Adoro las antigüedades, me gustan los detalles y considero que las casas también tienen que ser para vivirlas. Tienes que poder jugar, crear, soñar, ser feliz… Por eso intentamos que cada rincón tenga identidad y sea una extensión de nosotros mismos''. 

En su ático de Malasaña, donde vive con Ara Malikian y el hijo de ambos, cada pieza tiene su propia historia: ''Hay sillas que he encontrado en la calle y he reciclado, algunas son muy antiguas, otras pertenecen a escenografías de espectáculos nuestros… tenemos un poco de todo''.

Pero quizá lo que más llame la atención a primera vista, sean los espacios abiertos: ''Mi casa no es una casa típica, decidimos quitar las paredes que había antes y desestructurarla. Hicimos una gran obra porque quitamos habitaciones, y cuando salió el ladrillo y el techo roto, pensé que era bonito dejarlo, dejar la historia que esta casa tenía en sí'', comenta Nata. ''Nos gusta mucho el espacio abierto, que mi hijo pueda correr por aquí, que podamos ensayar, crear, y esta casa nos da esa posibilidad''.

Aunque si tiene que elegir una zona favorita, Nata se decanta por su lugar de trabajo: ''Me gusta la parte de arriba, es donde yo creo, pero también medito, hago yoga… es donde más existo. También me encanta la habitación de mi hijo, cuando la diseñé pensé todo el tiempo en lo que yo hago, en escenografías, intenté imaginar un mundo infantil donde pudiera ser feliz. Él la ha ido llenando de cosas bellas que va trayendo, sus piedras, sus globos, sus cuentos… la ha hecho mucho más creativa de lo que yo podría haber llegado a imaginar jamás''.

En definitiva, una casa con mucha personalidad para una familia de artistas que viven por y para la creatividad.

Fotos: Aránzazu Díaz Huerta

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