El espacio excesivamente compartimentado, la falta de luz a pesar de la altura y el aire demasiado masculino fueron motivos suficientes para que Carmen y Rafa, los propietarios de esta vivienda, quisieran reformarla. Situada en Madrid, en una planta elevada y con espectaculares vistas a la ciudad, ya había experimentado alguna reforma cuando era el piso de soltero de él. Al llegar Carmen, le dio pequeños toques decorativos con muy buen gusto… pero no bastó con eso. Esta pareja de altos vuelos —trabajan él como piloto y ella de sobrecargo— sentía que su casa necesitaba nuevos aires, sobre todo con la llegada de Sofía, su preciosa hija, hoy ya de 4 años. Lo tenían claro desde un principio: querían abrir totalmente la cocina al salón y convertir los tres dormitorios originales en solo dos, pero más amplios. En Instagram descubrieron los impecables trabajos de la arquitecta Mª José Navarro y decidieron contactar con ella, quien de inmediato se entusiasmó con el proyecto. Enseguida todos comprendieron que la buena química que había surgido entre ellos iba a dar excelentes resultados.

“La reforma la llevé a cabo junto a mi colega Marta Díaz-Noriega Suárez, que desde hace años colabora conmigo y se ha convertido en mi compañera inseparable de trabajo”, nos cuenta la arquitecta. Así, entre vuelo y vuelo, ambas arquitectas se pusieron manos a la obra, aunque sabían que algunos elementos estructurales iban a dificultar la tarea. Tras la demolición de tabiques, se encontraron con tres muros de carga que no podían eliminar. Dos de ellos estaban en la cocina, lo que impedía que su apertura al salón fuera completa. Y el tercer muro, justo en mitad de los dormitorios que querían unir. María José y Marta hicieron del defecto virtud, y aprovecharon la existencia de estos obstáculos de una forma brillante, integrándolos en el proyecto. “En la cocina, que siempre imaginamos azul y blanca, aprovechamos los muros para apoyar muebles bajos y esconder la tele”, recuerda María José Segura. Y en la habitación de Sofía lo utilizaron para delimitar dos ambientes: la zona de descanso, y la de juego y estudio. El dormitorio principal también ganó, ya que Carmen logró el ansiado vestidor que quería. El baño en suite se le adjudicó a su marido, mientras que el segundo, más femenino, se reservó para las chicas de la casa. En cuanto al mobiliario, se eligieron piezas de diseño moderno y algún asiento de autor. Destaca la selección de los detalles, como las maravillosas lámparas de techo doradas. Gracias a ellas y al color azul, que todo lo impregna, la casa ganó personalidad. “Aún hoy, esta deliciosa familia nos sigue mandando fotos de cómo disfrutan felices en su nueva casa”, cuenta María José.

Aparador blanco, de Ikea. Sobre él, jarrón de madera, de Frenchy Madrid. Silla mecedora Eames, en Westwing. Mesas de centro, de Made. A la derecha: lámpara con brazos orientables Tesse, de Maisons du Monde; foco Eye Tone, en blanco y dorado, y lámparas con pantalla negra Bosac, de Liderlamp.
Carolina Fernández Varela

El salón combina con acierto piezas antiguas y modernas. El aparador metálico blanco y la silla de diseño a tono armonizan con las mesitas nido de estructura dorada y sobre de mármol, que son tendencia. Las plantas dan el imprescindible toque green.

Los diseños en dorado y negro de las lámparas suspendidas dan un aire sofisticado al salón.
Escritorio, de ManoMano. Silla, de El Corte Inglés.
Carolina Fernández Varela

En el salón, junto al sofá, se aprovechó un rincón para colocar un pequeño escritorio nórdico donde los propietarios consultan en el ordenador sus próximos vuelos.

Sofá de terciopelo, de Banak Importa. Alfombra bereber y cojines, de Benuta. Butaca de cuero Butterfly, en Westwing.
Carolina Fernández Varela

Cuando llegan a casa, los dueños se refugian en el cómodo sofá con chaise longue que preside el ambiente. Además, su intenso color azul les relaja. Una butaca de diseño vintage y textiles étnicos lo acompañan.

Carolina Fernández Varela
La cocina abierta a la zona de estar permite interactuar con los invitados mientras se está en ella.

Durante las obras, en la cocina surgieron un par de muros de carga. Justo entre ellos se ubicaron la placa y el fregadero —en un frente de muebles bajos que, a la vez, integra ambos elementos constructivos—, y que quedaron separados del resto por una zona de paso.

Carolina Fernández Varela

El recibidor, antes oscuro, ahora gana luminosidad gracias a la corredera acristalada que lo conecta con la cocina. Al entrar en esta, encontramos una pared revestida con un papel estampado azul, a tono con los armarios. Así se unifican visualmente los espacios.

Banco Stockholm, de Ikea.
Carolina Fernández Varela

El mobiliario de cocina es de Doméstica Cocinas. Papel pintado, de Telas y Papeles. Taburetes de terciopelo, de Calma Chechu.
Carolina Fernández Varela

Carmen está entusiasmada con la nueva cocina. Integrada en el salón, cuenta con una agradable isla que hace de barra de desayunos. ¡Y qué bonita queda la pared empapelada! Los taburetes se eligieron a tono con su print de motivos florales.

Carolina Fernández Varela

El comedor, queda situado entre la cocina y la zona de estar.

Lámpara de comedor, de Liderlamp. Soporte de maceta negro con patas doradas, de La Redoute Interieurs.
Carolina Fernández Varela

Los propietarios querían para la habitación de su hija un espacio único y duradero en el tiempo. ¡Y con la ayuda de las expertas lo consiguieron! La pared revestida con árboles rosas le da profundidad y recrea el escenario perfecto para incentivar la imaginación de la pequeña. La litera blanca se diseñó a medida: su doble altura permite que alguna amiga se quede a dormir.

El papel pintado se compró en Telas y Papeles. La silla modelo Eames procede de MIV Interiores.
Carolina Fernández Varela

A la niña le encanta la escalera que une las dos literas. La lámpara de pared le permite leer un cuento antes de dormir. ¡Ah!, un secreto… a veces se esconde en la parte de arriba para jugar. ¡A ver si me encuentras, mamá!

Aplique, de Liderlamp.
Carolina Fernández Varela
¿Cómo unificar dos ambientes de un mismo dormitorio? En el caso de la peque, se utilizó el mismo papel pintado en tonos rosas. En el área de estudio se colocó una estantería que, cuando crezca, tendrá libros.
Carolina Fernández Varela

El espacio que ocupaba el tercer dormitorio original de la casa, se repartió entre los dos actuales. En el principal, la dueña consiguió el vestidor con el que siempre había soñado. Junto a la pared donde se apoya la cama, pintada en azul, se instaló un frente de armarios blancos sin tiradores y, en el centro, un módulo a juego para complementos.

Cabecero, de Banak Importa.
Carolina Fernández Varela
Vista del dormitorio, con puertas acanaladas; la vitrina, al fondo, es de Banak Importa.
Carolina Fernández Varela

Tanto la propietaria como su hija querían un baño para su uso exclusivo y, además, con bañera. ¡Este modelo exento resultaba perfecto! Quitándole un poquito de espacio al salón, sin que este se viera afectado, se decidió incluir también una ducha. “Una vez diseñado el espacio, vinieron los toques que lo hacen ideal”, comenta María José: las molduras en la pared que enmarcan la bañera, el mueble de lavabo en ratán realizado a medida, el suelo porcelánico que evoca losas hidráulicas, las lámparas escogidas con mimo… Todo hace que este baño sea un ambiente acogedor y muy femenino.

Bañera exenta y ovalada, de Entorno Baño.
Carolina Fernández Varela
En función de quién use la bañera —madre o hija— serán momentos de relax o divertidos. Nos encanta el suelo porcelánico, con una paleta de color suave y motivos geométricos de tendencia.
Carolina Fernández Varela

Carolina Fernández Varela

Cualquier baño puede tener mucho encanto. El blanco luminoso, la fibra, los detalles… logran una atmósfera íntima en este. Excelente idea, la hornacina en la ducha a modo de repisa.

Plano de la vivienda.
Hearst Infografía

Cuando lo inesperado se convierte en parte sustancial del proyecto

  • ¿Pueden los muros de carga pasar de ser un inconveniente a transformarse en la esencia de una reforma? Claro, y aquí está la prueba. Si no puedes vencerlos, ¡únete a ellos! La cocina se abrió al salón, aunque no en su totalidad, pero sí lo suficiente para ese open concept que querían los propietarios de la vivienda.
  • En la pared del fondo del salón, se diseñó una composición de armarios blancos, de suelo a techo. Sus puertas ocultan los electrodomésticos, panelados con frentes decorados con sutiles molduras. Gracias a ellos se logró que los muebles de cocina, vistos desde el salón, se integren mejor y formen parte de este.
  • El antiguo tendedero se unió a la cocina y se utiliza como zona de lavado, ya que en ella se instalaron la secadora y la lavadora. También conecta con el comedor a través de una cristalera de hierro lacado en negro, que ayuda a que la luz circule a través de la cocina, el comedor y el salón, multiplicándola.

    Realización: María José Navarro.