Cuando Noam Dvir y Daniel Rauchwerger, del estudio de arquitectura BoND, vieron este apartamento de 1856 en Chelsea, decidieron transformarlo en su hogar y en su oficina, ¡y todo ello en el punto álgido de la pandemia!

Distribuida en un solo dormitorio, la vivienda había perdido sus detalles arquitectónicos originales tras una reforma poco acertada. Sin embargo, gracias a los techos de casi 4 metros de altura y a las ventanas del salón con orientación sur, los arquitectos pudieron obrar un nuevo milagro en el diseño.

Comenzaron replanteando el salón como un espacio de trabajo con múltiples rincones para el descanso y la vida cotidiana. Uno de los mayores cambios de la estancia fue la construcción de tres hornacinas con estructura en arco donde ahora se encuentra la biblioteca. Un detalle que, junto a las molduras de los techos, al suelo de parquet de roble en espiga, y al revestimiento en mármol de la chimenea, devolvieron la elegancia de antaño al apartamento.

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La cocina, pequeña y abierta al salón, cuenta con un techo inclinado muy característico. La encimera es de madera contrachapada en un color claro y sencillo, y la cocina de IKEA sirve para equilibrar la grandeza del salón.

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El vestíbulo, revestido con azulejos de color mostaza de pared a techo, es un homenaje al metro de Berlín.
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El dormitorio, que da al jardín trasero, se hizo más pequeño para otorgarle cierta intimidad. Cuenta con un armario de Molteni, un aparador de USM, mesitas de noche de New Tendency de Berlín y una colcha de Tamar Mogendorff.

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Proyecto e información: Cortesía de BoND.