Lo suyo fue un flechazo. Cuando la joven pareja visitaron por primera vez la casa, supieron que allí podrían vivir esa vida campestre que anhelaban tener. ¡Por fin! Situada en el pequeño pueblo en pleno campo, y construida en el siglo XIX, se enamoraron rápido del alma de la vivienda, de la huella que habían dejado en ella los anteriores propietarios.

Además del factor emotivo, la construcción se encontraba en muy buenas condiciones y guardaba unos cuantos aspectos súper atractivos. En concreto les cautivó su increíble luminosidad, la distribución espacial en dos plantas y su gran terraza. Poner su sello personal a los interiores fue muy emocionante para los nuevos dueños: toda una aventura.

Aunque la mayoría de los materiales principales se encontraban en buen estado, como los suelos de madera antigua y los techos, decidieron renovar gran parte de las superficies de las habitaciones, incorporando nuevos colores y papeles pintados. Era el punto de partida necesario para hacer suyos los ambientes, eso sí, inspirándose en la esencia de los anteriores. El objetivo fue personalizar los espacios, hacerlos tranquilos, concebidos para ser muy vividos y funcionales. El mobiliario haría el resto.

Para la pareja también fue clave que la casa gozara de una gran armonía cromática, muy evidente nada más cruzar la puerta. La solución consistió en elegir una paleta que actuara como hilo conductor. Un desfile de tonalidades en grises, corales, azules y verdes, maderas naturales, blancos... Todos en su justa medida han creado una sintonía natural.

El aparador, el gran armario rústico, las mesitas... son muebles que la dueña ha ido adquiriendo en mercados de segunda mano. Los ha dado una nueva vida y son la razón por la que esta casa luce una decoración única. Y además sin olvidar lo principal: que su alma quedara intacta.

Recibidor con consola donde tampoco faltan las flores.
Cecilia Möller/Living4Media/Gtres

El banco era una pieza de la abuela de la dueña que ella ha querido recuperar para la casa renovando su aspecto.
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En este rincón, se han mezclado dos revestimientos: un zócalo de listones de madera en blanco y un papel pintado romántico, salpicado de flores azules, de Rusta.

EL SALÓN

Sus dos sofás enfrentados, de Mio, crean una decoración despejada y propician la conversación. Las paredes lucen un papel pintado de grandes motivos florales, Anemone, de la firma Midben.

La alfombra, de tejido natural, es de Ellos, y la mesa de centro un hallazgo de un mercadillo.
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El techo de madera es el original de la casa. Pintado de blanco, se ha vuelto más actual.

La pared de la ventana se dejó libre de muebles para facilitar la entrada de claridad y su libre circulación por el salón. En el techo, lámpara con velas y hojas naturales.

UNA COCINA BIEN EQUIPADA

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La cocina fue reformada por los dueños anteriores con un mobiliario y materiales evocadores: armarios altos con vitrinas, tiradores de concha, azulejos biselados en blanco y una encimera de piedra natural en negro.

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La lámpara que ilumina la mesa es un quinqué de queroseno que la dueña heredó de su abuela. Se integra de fábula en el conjunto.

Los dueños recurrieron a muebles recuperados con una estética campestre. La dueña renovó el aspecto de las sillas y el banco pintándolas de blanco, pero conservó la bonita pátina original de la mesa. El papel pintado de la firma Duro refuerza el aire rural tan sutil. Comedor y cocina comparten un mismo espacio y el suelo original, lijado y blanqueado con cera, para ganar luz.

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EN LA PLANTA SUPERIOR

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Los textiles cumplen un papel clave: las ventanas quedan enmarcadas por cortinas de algodón lavado gris con una caída muy natural, realzando las carpinterías blancas y las pátinas. Armonía total.

La pared principal del cuarto infantil se pintó de un gris plomo que viste el ambiente, con pintura Nordsjö.

El cabecero es un diseño de la dueña, hecho con tablones de madera. Ropa de cama, de Hemtex.
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Los ramos de flores frescas recuerdan el entorno rural exterior y ponen color.

El dormitorio principal se decoró con lo básico.

El papel pintado Ludvig, de Sandberg, da cierta profundidad visual. Ropa de cama, de Mio.
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La cómoda y la silla son de un mercadillo y el gran ropero fue pintado en blanco por la dueña para disimular su volumen.

CUARTO DE BAÑO

El baño está lleno de detalles que lo enriquecen: el espejo, con su gran marco de motivos tallados, la escalera de madera, a modo de toallero...

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El mueble bajo-lavabo y la pila sobrepuesta forman un conjunto muy moderno, al igual que la grifería con monomandos empotrados. Un acierto.

El mueble es pequeño, pero con mucha cabida. El lavabo cuadrado y con mucho fondo aun deja espacio a los lados.