Casa Hikari se encuentra en pleno casco histórico de Marbella, entre flores, naranjos y paredes de cal blanca, en una Costa del Sol que, por desgracia, está sufriendo una pérdida de identidad arquitectónica.

Hikari hace referencia a la cultura nipona, presente en el carácter de la vivienda y de su propietaria.

El proyecto del arquitecto Alejandro Giménez se inspiró en las casas árabes, donde los tesoros del interior se van descubriendo a medida que entramos en ellas. En cuanto atravesamos la entrada, surge ante nosotros todo un mundo rebosante de creatividad, diseño y artesanía, dónde los sólidos volúmenes y los amplios espacios, conviven con elementos naturales que dan al lugar una identidad que habla de los pueblos blancos de Andalucía.

Alejandro Giménez Architects

La fachada queda integrada con las casas tradicionales de la calle, gracias a sus texturas blancas y a las buganvillas que trepan por ella.

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Al acceder desde la calle a la vivienda, lo primero que vemos es el patio, un espacio que conecta los tres niveles de la casa y que crea una doble fachada, otorgando privacidad y aislándola del exterior. Solado con piedra, una celosía cerámica se alza en uno de los muros del patio, proporcionando una cálida iluminación durante la noche.

La distribución de la planta baja potencia los ejes visuales a través de ventanales, conectando el patio de recepción con un jardín repleto de vegetación en el que una pequeña piscina invita al descanso.

Alejandro Giménez Architects
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En esta planta se disponen el salón y la cocina en un mismo ambiente, que a su vez se abre al jardín a través de grandes carpinterías. Este espacio cuenta con una altura de casi 4 metros, por lo que le confiere identidad sin perder la sensación de recogimiento y calidez. Esto se debe entre otras cosas a sus materiales: todas las puertas, armarios y muebles son de roble macizo y han sido diseñados por Alejandro para ser posteriormente fabricados a medida por un carpintero local.

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El suelo de piedra caliza natural se apodera de todo el espacio, tanto exterior e interior, de manera que estos fluyen y se conectan unos con otros. Además, esta planta también alberga un dormitorio para invitados y un patio interior con un lucernario que baja desde la cubierta aportando luz a todos los niveles de la casa. Del lucernario cuelga una escultura también diseñada por el arquitecto, realizada con tamices antiguos de madera y metal y que parecen flotar en el aire.

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En el salón, una gran escalera abierta da acceso a la planta superior, en la que se ubican los dormitorios.
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Al subir por la escalera, el patio-lucernario se presenta de nuevo ante el visitante de manera potente, aportando luz y jugando con los volúmenes blancos de la casa. Esta planta está pensada para la convivencia familiar, ya que los baños cuentan con zonas abiertas que se enfrentan unas con otras.

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Con el espíritu japonés presente, en esta planta se desarrolla un cuarto húmedo en el que disfrutar del ritual del baño, tan importante en la cultura nipona.

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El dormitorio principal asoma al patio de la entrada, protegido del exterior gracias a su doble fachada.
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Proyecto e información: Cortesía de Alejandro Giménez Architects.