Casper y Lexie Mork-Ulnes, fundadores de Mork-Ulnes Architects, son los artífices y propietarios de esta cabaña de montaña en la que residen junto a sus hijos en Kvitfjell, una estación de esquí de Noruega que se construyó para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994 en Lillehammer. Situada en la cornisa de una montaña y enmarcando unas vistas espectaculares del valle y el río, la cabaña se conecta ligeramente con el suelo, protegiendo tanto el terreno natural como las ovejas que ocasionalmente se refugian del clima debajo de la casa. Su arquitectura hace referencia a elementos de la tradición vernácula local, reinterpretados en un proyecto radicalmente original.

La pareja se conoció hace 20 años en un viaje de esquí y siempre ha compartido su amor por la montaña, la nieve y el esquí. Tras vivir un tiempo en San Francisco, se trasladaron a Oslo en 2011, donde convirtieron una antigua sala de billar de un castillo en su hogar (alucina). Ahora, han decidido abrazar por completo el estilo de vida nórdico al aire libre junto a sus dos hijos y a su perro Lupo.

La cabaña se encuentra a 943 metros sobre el nivel del mar, casi en la cima de la montaña (1.039 metros). Su gran altitud significa que la vivienda está expuesta a un clima invernal severo. De noviembre a abril, se puede llegar al mercado local esquiando y regresar a casa en telesilla. En verano, es posible caminar desde la cabaña hasta la cima de Kvitfjell (que significa Montaña Blanca en noruego) en unos 20 minutos, o llegar a uno de los muchos arroyos y lagos para nadar y pescar.

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Las columnas están revestidas con skigard, un tronco de árbol largo y estrecho que los agricultores noruegos colocaban tradicionalmente en diagonal a modo de cerca.

Si bien hace referencia a la arquitectura rural, la fachada rugosa consigue que la cabaña encaje en el paisaje accidentado y la vegetación boscosa. Durante el invierno, cuando los huecos entre los troncos se llenan de nieve, la casa adquiere una nueva expresión.

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El acceso a la cabaña se realiza a través de una serie de escalones de madera que conducen a una terraza donde las vistas del valle y el río quedan enmarcadas como si de un cuadro se tratase.

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Para la pareja de arquitectos había tres premisas esenciales: Que la vivienda principal contara con una zona para invitados, y que cada uno de los tres dormitorios gozaran de vistas al exterior. Además, también era fundamental la construcción de una sauna.

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La zona de día presenta el salón, el comedor y la cocina en un único espacio abierto muy cálido y acogedor con vistas a la montaña a través de los ventanales de suelo a techo.

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Como mencionábamos, toda la cabaña se construyó con madera, tanto suelos y paredes como techos y mobiliario.

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Proyecto e información: Cortesía de Mork Ulnes Architects.