Lo primero que enamora al entrar en este piso de Santander, es la luz que inunda todos los rincones y que proviene del mar, concretamente, de la playa del Sardinero. El estudio de la interiorista Mara Pardo quiso conservar el aire de antaño de esta vivienda señorial que encontró maltrecha, recuperando la altura de los techos y manteniendo la carpintería de las ventanas, ofreciéndole una nueva vida después de una desastrosa reforma de los años 60 que destruyó molduras y el reparto original, dividiendo la planta en dos viviendas.

Cuando los nuevos propietarios llegaron se encontraron tres dormitorios minúsculos y sin apenas armarios, un salón con una zona oscura y mal aprovechada, un baño y un aseo, además de una cocina desproporcionadamente grande respecto al espacio total de la casa.

Era imprescindible redistribuir las estancias y sacarle el máximo partido a la luz, así que se hicieron dos habitaciones más amplias con grandes armarios y añadir la zona ciega del salón al dormitorio principal para conseguir un baño en suite.

David Montero

La cocina, en el mismo color gris de las ventanas, se integró con unas amplias puertas correderas que desaparecen completamente según las necesidades.
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El comedor se convierte en protagonista de todas las miradas enmarcado en una estrella del Norte.
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La mesa Essens y las sillas Nim de Inclass, con la alfombra vinílica Podevache de Numa, se adaptaron como un guante al suelo laminado de Faus modelo Espiga Boho y a la silla Masters de Kartell.

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Sentado en el sofá o en el mirador, se puede disfrutar del bullicio de los veraneantes mientras pasean y, durante el invierno, del sonido del mar.

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Para crear una sensación de continuidad y amplitud, y aprovechar al máximo los escasos 65 m2 de la casa, los tabiques de la cocina y los baños no están cerrados hasta el techo, sino que se comunican visualmente con un cristal que los aísla, pero que permite siempre mirar más allá del espacio entre las cuatro paredes.

Un colorista cuadro de Juanjo Viota con la mujer de rojo, de su colección La materia de los sueños, contrasta con el color mostaza de las sillas y los cojines del sofá, sobre un fondo continuo neutro y el papel pintado de chevron blanco y negro que se repite en la cocina y en el dormitorio. Así, los espacios no se interpretan como aislados, sino como una continuidad visual y de las acciones cotidianas que realizamos en casa. La carpintería se funde con las paredes y el techo creando un efecto de ''caja de luz'' para destacar pocas piezas pero indispensables. Los globos de la obra de Juanjo Viota flotan en la pared y marcan un hilo conductor amarillo que se enlaza en las sillas, el sofá o los detalles de la vajilla de Pardo Family y que recorre la casa hasta el dormitorio.

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Esa línea vital sigue en el dormitorio, sencillo pero colorista, unido al cuarto de baño verde que evoca la vista de la terraza, orientada al sur.
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El baño, que se hizo utilizando un triturador sanitario, ya que se encontraba lejos de las bajantes en el espacio perdido y oscuro del antiguo reparto, tiene una gran ducha y está unido visualmente al salón por un vidrio que se refleja en el espejo, creando un efecto amplificador. Los apliques Tolomeo de Artemide , los mecanismos LS 990 de Jung y los Componibili negros de Kartell aportan un toque muy contemporáneo entre los mullidos textiles de Pardo Interior.

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Vistas y todo el sol del Cantábrico dominan la estancia del ''jefe'' de la casa, Óscar, con un escritorio a medida y las paredes empapeladas, a petición suya, con ladrillo de aspecto envejecido. El taburete y la silla de Kartell son concesiones a la interiorista, ya que él, como es lógico a su edad, prefería un sillón de gamer.

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A cambio y, después de ''duras negociaciones'', dispone de un cuarto de baño para su uso exclusivo con cerámica Tweed de Roca y sanitarios Laufen, todo ello de Lostal. Como el resto de las estancias está unido a la cocina y al salón por un cristal hasta el techo. ¿Verdad que es una reforma espectacular?

Proyecto: Mara Pardo y Bruno Lanuza, de Mara Pardo Estudio.