"Todo surgió porque yo me separé de mi marido, pero seguí trabajando con él tres años en la misma empresa que teníamos juntos" cuenta la interiorista Montse Morales, propietaria de esta vivienda. "Entonces me enamoré de otra persona, y era muy raro llegar a casa y hablarle de lo que hacía en el trabajo con mi ex. Me pregunté ¿qué es lo que quieres en tu vida: dinero, posicionamiento o ser feliz? Y opté por lo segundo. Negocié mi salida y con el dinero que me dieron dije ‘voy a seguir mi sueño’ que, desde pequeña había sido ser interiorista. Compré una casa de pueblo y pensé dedicarme a comprar, arreglar y vender viviendas. Pero no era lo que yo soñaba tampoco. Mientras hacía la casa, subía fotos a Instagram y me empezaron a salir casas para decorar. ¡Ahora tengo solicitudes a diario!".

Montse adquirió esta vivienda en Premià de Mar y la tiró abajo. “En realidad eran dos casas que estaban unidas, pero con una pared en medio, y yo la derrumbé. Aunque antes de hacer las obras quise vivir tres meses aquí —yo pienso que las casas te explican lo que necesitan— para ver qué me decía esta, cómo me movía en ella y qué hacía falta para poder estar cómoda”, explica. “Cuando la visité por primera vez estaba pintada en naranja, que es el color que más odio en el mundo, en fucsia y en verde intenso. Yo me acababa de separar, estaba echa polvo y pense ‘no encajo aquí’. Esperé tres semanas, pero no encontraba otra y volví para mirarla con otros ojos. Creo que hay tres cosas que no se pueden cambiar en una casa: la situación, los metros y la luz. Y esta las tenía. Me asomé al patio y vi la buganvilla, preciosa, del vecino. En ese momento me dije: creo que la puedo hacer mía”. Decidió pintar las paredes de blanco y decorar con madera y fibras vegetales, materiales acogedores. “Piensa que yo venía de una separación, necesitaba calidez y luz”.

“Juego con el blanco, el negro, la madera y el gris en toda la casa para que se vea homogénea”.

De lo que más orgullosa está es del suelo de roble, por su dureza. “Es impecable. Fíjate que a última hora de la reforma ya no lo tapaban y sobre él pasaban carros de obra, pero no hay ni una sola ralladura”. Y, también, de su rincón favorito. “Detrás de la isla, porque desde ella puedo ver a la vez la habitación donde juegan los niños —tiene dos, Divae y Janna, ambos de 10 años—, a Joan, mi pareja, haciendo la carne a la brasa y a nuestro galgo Vinti sentado en la escalera.” La casa sigue los criterios de la filosofía feng shui, “por eso tiene tan buenas vibraciones. Mucha gente me dice que ven cómo, de la nada, he vuelto a resurgir, y eso les anima. Porque a los 50 años se puede hacer un cambio en la vida”.

De dos casas pasó a ser una sola

Sofá, de Ikea. Mesa de centro, de Little House. Sobre ella, complementos, de Muy Mucho. Cojines y plaid, de Gancedo.
Jordi Canosa

La vivienda es la unión de dos casas contiguas. La puerta blanca del fondo era la original del comedor en una de ellas. Montse, la dueña e interiorista, la trasladó a la pared exterior del baño para que este tuviera luz natural a través del tragaluz superior y, de paso, para que sus frentes de espejo multiplicaran la luminosidad.

Salón con chimenea

Lámpara de techo, de La Casa de la Lámpara. Espejo, de Maisons du Monde. El mueble bajo es a medida, de Llavavintage.
Jordi Canosa
“Soy una romántica y me encanta. Puse una de gas, enciendes, le das y queda todo limpio”, cuenta Montse Morales, la propietaria e interiorista.

Espacio diáfano

Junto al sofá, taburete comprado en Mercantic, y cesta, de Muy Mucho.
Jordi Canosa

Antes de la reforma, las dos casas estaban unidas por una pared con dos puertas justo en el lugar donde se encuentra el pilar blanco. Montse la tiró, pero era necesario afianzar la estructura para que no se derrumbara. Decidió poner una viga de 7 metros de altura, aunque no era suficiente para soportar el peso, así que compró en un anticuario este pilar. “Es de hierro y, como estaba hueco, le pusimos varilla y cemento. Cogió muchísima fuerza. Me decían, no va a aguantar. ¡Pero lo hizo!”.

Un comedor acogedor

Mesa, adquirida en Intergift. Sillas, de Vaukura.
Jordi Canosa

En madera y con fibras vegetales, resulta muy confortable. En la pared de la derecha hay un elemento singular. “Colecciono tablas de madera. Diseñé un mueble para ellas y me lo hicieron a medida. Las barritas que sirven de tope hacen juego con los brazos de la lámpara. Al principio pensé en colgar el paño de cocina en la de abajo, pero lo quité, porque ¡siempre estaba manchado!”.

Cocina en perfecto orden

Encimera, de la firma Silestone. En la barra, platos y paños de cocina a modo de individuales, de Textura.
Jordi Canosa

Los muebles de la cocina los realizó un ebanista en DM lacado. En cuanto a las baldas “quería una casa tan vivida, tan cómoda, que todo se viera y se pudiera coger rápido. Su aspecto se mantiene bien porque cada cosa está en su lugar. Y es que soy una friki del orden. Si te enseñara cada detalle de mi casa, dirías ¡madre mía, ni Marie Kondo!”.

Comunicación fluida

Fregadero, de Ikea; grifo, de Amazon; macetas de mimbre y cerámica, de Muy Mucho.
Jordi Canosa

Al no haber paredes entre el comedor y la cocina, quien se encuentra sentado en el comedor puede charlar con la persona que prepara el menú, levantarse y participar de la elaboración aunque sea un invitado.

Nuevos añadidos

Armario negro, de Mercantic
Jordi Canosa

En el patio se hicieron dos espacios: el invernadero y un estudio donde Montse y su equipo trabajan.“Las baldas de la cocina continúan por el pasillo, llegan al despacho y terminan en el patio. Así te van llevando de una estancia a otra”. En la zona de paso se instaló un panel acristalado para que entre la luz natural.

Los dormitorios, en la planta superior

Ropa de cama, de Calma House; lámpara, de Little House; cestos, de Muy Mucho; espejos, de Maisons du Monde.
Jordi Canosa
En su habitación, Montse diseñó un cabecero de DM de pared a pared y una mesilla larga “para dejar los cojines de noche”, explica.

Un solo baño es suficiente

Mueble con lavabo, de Leroy Merlin; los apliques y el grifo se hicieron a medida; espejo, de Maisons du Monde; toallas y jarrón, de Textura; vela, de Gancedo.
Jordi Canosa

“Cuando vine a vivir aquí dije ¡no quiero tantos! Es el único que hay arriba: los niños se bañan de noche y nosotros, de día. A él se accede por mi dormitorio y desde el pasillo”. Su suelo tiene un truco deco: “se mete en la ducha para dar más sensación de amplitud”.

Una escalera muy personal

La escalera es de madera
Jordi Canosa

“La barandilla sigue el diseño de las lámparas, y los peldaños se hicieron con el mismo roble del suelo. ¿Y ves la puerta de la despensa? Fui a una antigua masía y compré todas las que hay en casa de madera”.

El cuarto de Janna

Mesa, de Maisons du Monde. Silla, de Ikea. Cabeza de burrito, de Mercantic. Aplique, de Vaporetto Iluminación, donde se realizaron todas las lámparas de la casa diseñadas por Montse. Cojines, de Calma House.
Jordi Canosa

“Mi idea era que la niña tuviera una especie de casita, porque igual que yo necesitaba sentir confort recién divorciada, pensé que ellos también lo querrían”. Por eso diseñó la estructura que alberga la cama, con estantes tanto en la zona de descanso como hacia el escritorio. “Arriba tiene capacidad para guardar, que siempre hace falta”.

Perspectiva de altura

Desde el piso de arriba se aprecia aún mejor el espacio diáfano, sin paredes
Jordi Canosa

“Por diseño y por una cuestión económica puse el aire acondicionado arriba, en la escalera. Lo enciendo, ponemos las palas y entra a todas las habitaciones, pero también baja al comedor. Así, solo con un split mantenemos toda la casa fresca”, nos cuenta.

Reforma, también en el exterior

La casa cuenta con un invernadero
Jordi Canosa

“Parte del patio lo cerré e hice esta estructura. El diseño en la parte superior tiene unos círculos que son iguales a los de la barandilla de la terraza en la primera planta. Y planté el árbol para que le dé sombra”.

Una mesa con truco

Butacas y pufs, de Ikea. Los cojines proceden de Sira Barcelona.
Jordi Canosa

“En realidad es un brasero donde quemamos la leña. Pedí a mi carpintero que hiciera una tabla de madera a medida y así lo uso, también, como una mesa”.

Al sol, con mucho encanto

Mesa y bancos de carpintero al fondo y de asiento en primer plano, de Mercantic. Espejo, de Maisons du Monde. Cojines, de Calma House.
Jordi Canosa
Madera, cristal, plantas en baldas… La atmósfera en el invernadero invita a quedarse.

Segunda oportunidad para una pieza antigua

La lámpara fue un DIY de Montse
Jordi Canosa
“La lámpara del salón la compré en un chatarrero. Quité la pantalla —era muy fea— y la limpié con limón. Quedó muy bien ¡y solo me gasté 30 euros!”, explica Montse.

Algunas claves de la reforma

De las dos casas, una era de 1930 y la segunda se había reformado en la década de los 70 con ideas y materiales poco atractivos. “Algunas piezas de la antigua las trasladé a la nueva para que la decoración de la casa fuese homogénea”.

“Desde todas partes se ve el patio”. En la cocina había una ventana que Montse transformó en una puerta acristalada. “La de la zona de estar ya estaba, pero era de aluminio marrón. Pinté las dos de blanco por dentro para ganar luz y de negro por fuera, a juego con el invernadero”.

“Todas las lámparas están diseñadas por mí, menos la que está sobre el sofá, que la compré. De ella saqué el diseño de las demás, y me las hicieron a medida. La negra también tiene puntitos dorados, por eso el resto sigue el mismo estilo, aunque unas son doradas y otras negras. Si te fijas bien, las de la entrada son más cortitas. Es para que todas queden a la misma altura visual, al margen de la altura real que tiene cada techo”.

Realización: Mar Gausachs.
Fotos: Jordi Canosa.