Este antiguo taller de pintura es ahora una casa familiar

La vivienda goza de techos de doble altura y espacios diáfanos en un edificio de principios de siglo en Madrid.

Antiguo taller de pintura transformado en una casa familiar
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

Dicen que los niños vienen con un pan bajo el brazo. Pero en esta ocasión, la llegada de los hijos supuso un antes y un después en el concepto de vivienda familiar. La hazaña consistió, nada más y nada menos, que en transformar un antiguo taller de pintura situado en lo alto de un edificio de principios de siglo en el centro de Madrid, en la perfecta casa para disfrutar del confort hogareño.

La obra, realizada por Alberto Marcos, del Estudio AMPS, comenzó por desmontar el falso techo para hacer efectivos los cinco metros de altura del espacio y recuperar los elementos originales que la casa brindaba, como la estructura de cerchas originales con acabado de aceite de linaza, o el solado de pino con tablas de más de seis metros de largo.

Al espacio diáfano se le sumó una doble altura.
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

En la planta baja, una sala diáfana de gran altura es bañada por la luz natural de un gran ventanal a norte. Bajo el impresionante entramado de vigas se reúnen el salón, el estudio y el comedor, aunque este no disfruta de toda la altura, sino que se resguarda bajo la entreplanta.

El mobiliario decide los usos del espacio diáfano. En el salón destaca la mesa baja en tablero macizo de olmo diseñada, junto con muchas otras piezas, por el autor del proyecto, y en la que se han calado versos de la poetisa Alejandra Pizarnik.

La estantería a doble altura protagoniza la zona de estudio. Firmada por Marcos, presenta una estructura de tubo de 12 milímetros de hierro pintado blanco y está suspendida de la pared con baldas en DM lacado en blanco de 30 milímetros.

Una galería, al mismo nivel que el resto de la entreplanta aunque sin comunicación con ella, facilita el acceso a los volúmenes más altos.
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

El comedor, con las sillas Eames Plastic para Vitra se convierte en antesala de la cocina. Aquí, el suelo de madera se cambió por uno de linóleo de Armstrong. Su tono anaranjado se recupera en el mobiliario resuelto en contrachapado de madera forrado en linóleo.

Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

Aprovechando la profundidad de los electrodomésticos, en uno de los muros se concibió un frente continuo con diversas puertas que al abrirlas, descubren sorpresas. Una de ellas da paso a un baño con una ducha de cemento gris y el lavabo Boing de Punt Mobles en naranja. Otra conduce a una despensa trastero. El resto muestra contenedores o módulos.

Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

La escalera que accede a la entreplanta está protagonizada por los versos calados.
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

En la planta superior, la reforma comenzó eliminando la excesiva compartimentación: donde había un pasillo y dos habitaciones se situó el dormitorio principal con vestidor y baño. En este, la zona del inodoro y el bidé se cierran con vidrio al ácido. El lavabo reposa sobre un mueble con acabado en cebrano, aunque el material que protagoniza este ámbito es el cemento bruñido de uno de los frentes, donde se disponen la bañera y la ducha, realizadas in situ.

El dormitorio incluye mobiliario diseñado por el autor del proyecto en tablero de roble.
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

La estructura con forma de casita donde se ubican las habitaciones infantiles ha sido amueblada por Ninetonine. De la misma firma proceden la cuna Zebra, el cambiador Owl, la estantería Toys & Crayons y los taburetes Caterpillar, diseños de Marcos para la mencionada empresa.

Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera
Pablo Zuloaga / María Primo de Rivera

Proyecto e información: Alberto Marcos, de Estudio AMPS Arquitectura y Diseño.


Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Casas