Había una vez... En una época lejana y convulsa, la desamortización de Mendizabal se llevó por delante este antiguo convento. Tiempo después, las ruinas dieron paso a una granja, pero el fatal desenlace volvió a repetirse, ya que el edificio quedó abandonado a su suerte y se derrumbó nuevamente.

Si no te hubiéramos contado que la historia es inventada, seguramente, la habrías creído. ¿Y quién podría culparte? Viendo los muros y los interiores de esta majestuosa finca mallorquí, nadie diría que se trata de una construcción tan moderna como los smartphones, fruto de las ingeniosas mentes de Marcos Vadell y Carlos Martínez Julia.

Una vez con la ‘’película’’ ya ideada, buscaron la colaboración de la decoradora Federica Ongaro, y comenzaron el ‘’rodaje’’…

En la entrada, unas losas de piedra de Rodeno rescatadas de un derrumbe en Alicante, reposan junto a una alfombra de mosaico de Nolla que parece llevar toda la vida en la casa. El cuadro principal es obra de Antonio Socias, pero también hay pinturas de Plessi, Miró, e Irueste, entre otros.
Vicens Negre
Los cuadros provienen de subastas, y otros de la colección privada de Marcos Vadell.
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Todo el mobiliario es antiguo, adquirido en mercados de Francia, Italia, Mallorca y Bélgica. Son piezas humildes, pero también únicas y especiales, que ahora gozan de una segunda oportunidad.
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Seleccionaron unas puertas coloniales inglesas de teca traídas de la India, que habían sido abandonadas en un almacén de Cuenca.
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La casa reúne todas las características técnicas de una vivienda actual: suelo radiante, aire acondicionado empotrado dentro de los falsos techos, y doble acristalamiento.
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Este coqueto salón comparte espacio con el despacho, separados visualmente por dos amplias alfombras.
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Uno de los salones de la casa de piedra en Mallorca
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Dos sillones reposan frente a una chimenea en el salón
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La chimenea fue encontrada al sur de Francia, y la boaserie procede de un anticuario de Gerona, original de un comedor de monjas de Bilbao.
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La cocina Lacanche le confiere el matiz de un habitat no convencional.
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La isla central es en realidad una mesa de madera antigua dividida en dos zonas: una de trabajo, y otra con fregadero.
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La sala de lavandería se encuentra anexa a la cocina.
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La antesala del baño y el dormitorio está decorada con dos cómodas antiguas de madera.
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El dormitorio cuenta con dos camas de matrimonio unidas por un gran cabecero tapizado en tela.
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También hay un gran vestidor que conecta directamente con el baño.
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El baño juega con una estética moderna con guiños al pasado, como el detalle del espejo sobre los lavamanos.
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En la terraza, un coqueto comedor de exterior compuesto por una mesa alargada de madera antigua y cuatro sillas de mimbre.
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También hay un área chill out con cuatro cómodos sillones de mimbre, y una mesa de centro de cristal.
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La mampostería de las fachadas se construyó a posta con desperfectos, para que encajase con el tono decadente que buscaban darle a los interiores.
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Y ahora, sorpréndete con las fotos del antes...

Marcos Vadell
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