María y su marido, Isidro, encontraron el refugio perfecto a pocos kilómetros de su casa de Barcelona: una encantadora masía del siglo XIX, en el Baix Empordà, lugar donde la pareja y sus tres hijos solían pasar sus vacaciones.

JARDÍN MEDITERRÁNEO. Rodeada por el fantástico paisaje del Baix Empordà, esta masía, que data de 1800, cobró vida tras una reforma en la que se puso especial cuidado en mantener el sabor rural tradicional. Los árboles ofrecen un plus de confort: una hamaca sujeta a los troncos promete placenteras siestas de verano.
JOSÉ LUIS HAUSMANN
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“Tuvimos mucha suerte —reconoce María— su anterior propietaria era una señora inglesa que acababa de enviudar y quería regresar a su país. La vendía a muy buen precio y, además, estaba en perfecto estado de conservación.” Y es que la casa ya había sido reformada; la última vez a finales de los 90, por el estudio de arquitectura Auquer i Prats, expertos en rehabilitar construcciones tradicionales con materiales típicos de la zona para lograr su total integración con el paisaje.

EN UN PARAJE ESPECTACULAR. La masía cuenta con una estupenda piscina en uno de los laterales del jardín, que permite a sus propietarios disfrutar de unas increíbles vistas mientras se refrescan en los días cálidos. Se rodeó con una valla de madera, funcional y muy decorativa, pensando en la seguridad de los tres niños de la casa.
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Sólo había que cambiar algunos detalles para ajustar su estética, demasiado rústica y oscura, por una nueva imagen más actual, pero sin perder ni un ápice de su esencia.

Este porche conecta con la cocina. En este acogedor rincón se creó una zona de estar con muebles recuperados. Una pérgola cubierta con un manto verde proporciona sombra, además de frescor. Se trata de una variedad de hoja caduca que en invierno se caerá, despejando el espacio y dejando que entre la luz del sol. Banqueta, de la firma Sacum. Los cojines son de Coco-Mat y Sira.
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“Conservamos casi todo, desde los suelos y la carpintería hasta la distribución, y nos limitamos a ampliar uno de los porches para hacer una zona de comedor y una cocina de verano”, nos cuenta María.

En el interior de la casa, la arquitectura tradicional y los materiales originales dotan de un encanto especial a todos y cada uno de los ambientes. Los techos abovedados, las paredes encaladas y el suelo artesanal son parte importante de la decoración.
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Para dar más luz a la casa y, a la vez, aportar un toque más fresco y amable al estilo rústico, todo el interior se pintó de blanco, incluidos los techos que, en algunas zonas de la vivienda son bovedillas de cerámica y en otras, tienen vigas de madera.

En la zona de estar, destaca la pared de la chimenea —el antiguo horno de la masía— con una viga de madera como repisa. Está flanqueda por dos ventanas que focalizan la atención. La carpintería se mantuvo, pero se pintó en un tono verde típico de la zona. Sofá blanco, sillón de piel, taburetes y puf de fibra, de Sacum. Cojines, de Muy Mucho, Cado, Filocolore, El Meu Coixi y Sita. Alfombras: de yute, de Coco-Mat, y a rayas, de B&B Collection. En la pared, fotografía de Jordi Esteva.
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Puertas y ventanas también se actualizaron con pintura en un tono verde muy suave; el mismo que se repite tanto en los muebles de la cocina y en los cuartos de baño, como en buena parte de los textiles y complementos que llenan de frescura y naturalidad todos los ambientes.

Una vez terminadas las obras, María se encargó personalmente de la decoración de la masía. Cada rincón de la casa refleja su gusto por combinar piezas elegidas de diferentes épocas, estilos y acabados.

El comedor se comunica con el jardín a través de un cerramiento acristalado formado por dos paneles fijos, una puerta batiente y una pequeña ventana superior abatible. En la decoración de este ambiente, las sillas de fibra se combinaron con una trona antigua, de hierro y con la mesa de madera. Mesa, de Última Parada. Sillas de fibra, de Sacum. El mantel es de Filocolore. Cojines, de Sira.
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Y a partir de objetos que ya tenían, de pequeños hallazgos en brocantes o tiendas de antigüedades, de alfombras de fibra vegetal y de cortinas confeccionadas con telas que se trajeron de un viaje a Marruecos, María logró una imagen rústica muy serena y acogedora.

La cocina se renovó por completo con muebles de madera pintada en color verde, tiradores en forma de concha de latón envejecido y azulejos artesanales. Su diseño se inspira en el estilo rústico de las casas de L’Empordà.
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TECHOS CON VIGAS

Ya sean de madera, de hormigón o de acero, pintándolas de blanco, quedarán integradas en la decoración. Este acabado es el más indicado para alejar el techo ópticamente y conseguir que la estancia parezca más amplia. En ambientes con paredes enlucidas y suelos de barro, el tono de la madera creará un bello contraste. Además, si revistes las entrevigas del mismo material o acabado, acentuarás la sensación de calidez. Las vigas decorativas de poliuretano que imitan la madera se colocan fácilmente, no necesitan mantenimiento y resisten bien la humedad. También son un recurso muy práctico para ocultar instalaciones eléctricas o de calefacción, ya que son huecas.

En el dormitorio principal, vigas y entrevigas se pintaron en blanco, a juego con las paredes, para integrarlas en la decoración. Esta base neutra se combinó con detalles y complementos textiles en distintos tonos de verde. Cabecero, banco, cuadro y alfombra, de Sacum. Colcha, de El Meu Coixi. Cojines, de Coco-Mat.
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Las diferentes alturas del techo ayudan a delimitar el ambiente del lavabo y el de la bañera, ubicada bajo la claraboya. Aquí, la pared se revistió con microcemento coloreado con pigmentos verdes, de La Bisbal d’Empordà. Alfombra, de Sacum. Fotografías enmarcadas, obra de Aitor Lara.
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El mueble de lavabo se pintó del mismo color que la carpintería de toda la casa.
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En la decoración de la habitación infantil, llena de luz natural y con unas vistas espectaculares, se apostó por una paleta de colores suaves, pinceladas rojas muy sutiles, muebles de madera y detalles en fibra vegetal.Alfombra de sisal y cojines de rayas rojas, de Sacum. Fundas nórdicas, de Zara Home. Plaid, de La Maison. Cojín de saco, de El Meu Coixi. Mecedora roja, de brocanter.
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El lugar ideal para escapar del estrés y del ajetreo diario y descansar en uno de los maravillosos parajes de la agreste Costa Brava.

Una pérgola de hierro funciona como una prolongación de la casa hacia el jardín. Se cubrió con un techo de caña que brinda un hermoso efecto de sombra, con los rayos de sol filtrándose por los huecos de la estructura. Los cojines son de Coco-Mat y Sira. El cesto de fibra procede de Sacum.
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Realización: Olga Gil-Vernet.