UNA CASA VICTORIANA CON CARÁCTER
Objetos heredados o adquiridos en mercadillos han servido para personalizar esta luminosa casa victoriana, en la que el blanco es el color dominante y los muebles aportan una sabia combinación de contrastes.
Almacenaje en la cocina
Para tener la vajilla de diario a mano se colocaron unos originales estantes pintados de blanco. Bajo ellos, un pupitre de los años 50' se recicló en un práctico mueble, en cuyo hueco se instaló el frigorífico, oculto tras una cortinilla. La zona de almacenamiento se habilitó en una amplia despensa situada bajo las escaleras.
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Cuando la interiorista
Francine Key vio por primera vez la fachada de esta casa le apasionó su enclave próximo al mar, pero no imaginaba que su interior estuviera tan destartalado. La decisión de comprarla vino después, cuando supo que la estructura estaba impecable y empezó a maquinar cómo podía quedar con unos cuantos arreglos si pasaba por sus manos. Dicho y hecho.
Entre ella y su marido Adrian se deshicieron del viejo papel pintado que cubría las paredes y de las alfombras.
Una buena mano de pintura blanca en toda la casa y ¡ya parecía otra! Lo más fácil fue amueblarla, porque a Francine le apasiona ir a mercadillos y a tiendas de segunda mano, donde siempre encuentra lo que tiene
en mente y a buen precio.
Su gran talento es convertir estos muebles sin gracia en piezas que rebosan personalidad: como las mesas de cocina que, repartidas por todas las estancias, cumplen diferentes funciones. El resultado es una casa vivida, relajada y evolutiva que cambia según las estaciones del año o del humor de sus dueños.
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