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Los muebles y la concepción espacial de la casa son el reflejo de los gustos y costumbres de sus propietarios: una española que ha pasado media vida en Estados Unidos y en Gran Bretaña y su marido, de origen sueco. Tras una larga búsqueda, encontraron en el centro de Madrid el espacio idóneo para vivir: dos pequeños chalés, que han transformado en una casa luminosa y confortable con ayuda del arquitecto Luis Ester Butragueño.
Éste concibió ambientes amplios, resultado del mayor espacio conseguido al unir las dos viviendas. En la planta baja se encuentran
el recibidor, el salón, la biblioteca, la cocina y el comedor, que se comunican unos con otros mediante puertas correderas o
de acordeón, una característica de las casas norteamericanas. En el primer nivel,
un pasillo conduce al cuarto de invitados
y al resto de dormitorios de la familia.
En cuanto a la decoración, fueron los dueños los que se encargaron de elegir personalmente los muebles, las tapicerías y los complementos. La idea fue potenciar la luminosidad en todas las habitaciones con una base de tonos neutros, influjo claro de los países nórdicos. Las esculturas y los cuadros cobran mayor importancia en los interiores debido a la afición y al contacto directo que la propietaria tiene en su
trabajo con el mundo del arte. El resultado es una casa que destila personalidad.
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