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El proyecto al que se enfrentaron
Elina Vilà y Agnés Blanch, del estudio Minim, no era sencillo. Lo que parecía una ventaja —el piso se encontraba en un edificio típico del Ensanche barcelonés, con elementos estructurales modernistas— se convirtió en la principal dificultad. El reto consistía en adaptar a las necesidades de una familia actual una vivienda que nunca se utilizó como tal —fue sede de la
editorial Icaria— sin alterar sus peculiaridades arquitectónicas.
“Debíamos hacer una intervención respetuosa hasta tal punto que, al finalizar la reforma, pareciera que no se había hecho nada, salvo pintar de blanco y colocar el mobiliario contemporáneo”, comenta
Elina Vilà, interiorista y jefa del proyecto. Aunque difícil, el estudio Minim logró su propósito. A pesar de las obras, el piso mantiene intactos los techos, de más de 4 m de altura, con las bellas molduras y los rosetones de escayola originales de la casa. En el suelo, las baldosas hidráulicas repiten su delicada composición floral a lo largo de toda la vivienda. La carpintería exhibe contraventanas, fallebas y cuarterones en perfecto estado. Y las puertas interiores transforman la luz natural en un arco iris multicolor gracias a los cristales tintados de sus vidrieras emplomadas. Sin embargo, el estudio Minim no pretendía limitarse a recrear el pasado.
El piso, aunque en un marco modernista, debía mostrar que vivía en el presente. La sensación de vivienda actual se consiguió, en primer lugar, con la distribución de la superficie. La entrada al piso, como en la mayoría de las casas del Ensanche, se hace desde la mitad de la planta. Un pasillo actúa como eje y divide la vivienda en dos zonas; de día, hacia la izquierda, y de noche, en el centro y hacia la derecha. La primera se organizó como un gran salón-comedor, desde el que se accede a la cocina gracias a una doble puerta corredera. La zona de noche se planificó con dormitorios infantiles en el centro y un amplio dormitorio principal con bañera, vestidor, tocador, cuarto de baño y biblioteca privada.
A la hora de decorar la vivienda, el equipo del estudio Minim, lejos de imitar el mobiliario del siglo XIX, potenció la presencia de piezas de diseño que marcaran una diferencia clara con los elementos estructurales modernistas. Solo se tuvieron en cuenta dos exigencias: que los muebles no fueran tan llamativos como para restar protagonismo a la arquitectura y que estuvieran realizados con materiales nobles.
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