UN PISO REFORMADO MUY ACTUAL
De las obras de este piso madrileño resultó una vivienda de carácter diáfano, con la cocina como eje central, luz a raudales y una sofisticada decoración para deleite de sus propietarios.
En el recibidor
Fue la propia decoración la que delimitó la zona correspondiente al recibidor ya que, por la ausencia de puertas, este espacio se abre directamente al salón.
Cómoda, de Maisons du Monde. Jarrón, de Sia. Copas, de Hanbel. Grabados de Chillida enmarcados en Bazar. La silla de Le Corbusier en piel de vaca es un recuerdo de familia.
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Situada en el madrileño barrio de Chamartín se encuentra esta vivienda de 115 m2, en origen oscura y compartimentada. A pesar de contar con una distribución tan complicada, sus actuales dueños supieron ver más allá y adivinar las maravillosas posibilidades de este espacio. Lograrlo por sí solos no les pareció viable, por ello se pusieron en manos de profesionales a los que propusieron una reforma profunda y una decoración funcional. La decoradora Leticia Basail y el arquitecto Sergio Olazábal, ambos del estudio 2arquitectos, junto a Manuel Zea, formaron un excelente equipo para hacer realidad sus peticiones. El resultado es una casa familiar que cuenta con amplias zonas comunes diáfanas.
Quizá uno de los objetivos primordiales para los propietarios fuera la búsqueda de la luz natural, tan escasa en origen, así como gozar de sensación de amplitud nada más cruzar
el umbral. Ambos sueños se cumplieron al derribar todos los tabiques y concentrar cocina y baños en el eje central de la casa. Recursos tan importantes como independizar la zona de cocción con puertas correderas de cristal, o apostar por una decoración general en blanco, sin artificios, ayudaron a percibir el espacio más amplio
y a favorecer la difusión de la luz.
Los dormitorios se redujeron a los estrictamente necesarios para la familia, es decir dos: uno para el matrimonio y otro infantil. Cada espacio cuenta con su propio cuarto de baño completo dentro de la habitación y grandes zonas de almacén. En el principal, además, se realizó un práctico vestidor mientras que el de los niños dispone de un amplio armario empotrado además de una gran estantería abierta para almacenar todos los juguetes, cuentos y complementos. Los colores elegidos para ambos ambientes son muy claros, grises y blancos en su mayoría, y con algún que otro toque de color. Arropados por suelos de cálida madera de roble, el resultado es muy luminoso sin parecer frío.
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