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Una reforma a estrenar

Tener las ideas claras y adaptar el espacio a las necesidades cotidianas fueron determinantes en la reforma de este piso madrileño. La acertada distribución y el mobiliario bien elegido hicieron el resto.

Mi Casa 09/09/2013
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Los techos altos encubiertos, los amplios balcones y los 60 m² bien repartidos de esta casa madrileña, típica de los años 50, fueron suficiente reclamo para enamorar a sus jóvenes propietarios. Sabedores de lo que podían o no aprovechar, la pareja inició la reforma actualizando las instalaciones de fontanería, gas y electricidad. Continuaron sustituyendo el malogrado parqué por un laminado blanqueado y eliminando el gotelé por unas paredes lisas pintadas en un tono suave, asalmonado.

La distribución fue otro punto importante de la reforma. De los tres dormitorios originales que tenía la vivienda, uno quedó como estaba, mientras que los otros dos se convirtieron en un sencillo despacho y en un comedor con el que se amplió el salón al tirar el tabique de separación. Aunque la obra más compleja se centró en el cuarto de baño y la cocina, ya que ambos espacios mantenían la obsoleta distribución de las casas antiguas: el acceso al baño a través de la cocina. La solución consistió en un intercambio de espacios; así donde estaba el baño se instaló la cocina y viceversa. La nueva distribución en L permitió reservar una zona para la despensa y para la instalación de la caldera. La ampliación de la cocina restó metros al baño.

Como la reforma se llevó gran parte del presupuesto, se intentó reducir gastos en el mobiliario. Para ello se eligieron piezas de segunda mano encontradas en rastrillos, en tiendas on line o en contenedores de obra y se aprovechó la faceta handmade rehabilitando o customizando algunos objetos vintage con lo que se consiguió dar a la vivienda un carácter muy personal.



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