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Madrid, España

Un piso antiguo que recupera todo su esplendor

Revestimientos y soluciones que facilitan el paso de la luz fueron claves en la reforma de este piso original de 1912, que hoy recupera el esplendor de sus mejores años.

Realización: Pilar Perea. Texto: Susana González. Fotos: Patricia Gallego. Plano: Hearst Infografía 06/11/2017
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El interiorista Víctor Zorita se encontró con una auténtica joya cuando aceptó el encargo de sus propietarios. Se trataba de una pareja joven, profesionales liberales que buscaban un piso en el centro de Madrid, tanto para vivir como para ejercer su trabajo. El edificio era original de 1912, y su estructura confirmaba los criterios de la arquitectura de aquellos años. Como puntos a favor ofrecía techos altos, balconadas a la calle y suelos de madera. En contra, una distribución compartimentada, con habitaciones interiores a las que apenas llegaba la luz. El hecho de que se encontrara en evidente mal estado, con múltiples obras anteriores —ninguna integral, y no siempre acertadas— permitió empezar de cero.

La reforma se planteó con dos objetivos: crear ambientes diáfanos y lograr que la luz natural llegase a todos los rincones. Para ello, Víctor Zorita suprimió los muros prescindibles y redistribuyó la planta en espacios más amplios. Por ejemplo, el salón-comedor es el resultado de la unión de dos habitaciones más pequeñas. Su anexión implicó otras soluciones decorativas, como perimetrar el nuevo espacio con molduras en el techo, y ocultar en ellas tiras led que permiten disfrutar de una iluminación indirecta regulable. Parte esencial de la reforma fue, también, la rehabilitación de los elementos originales de la casa.

Así, las balconadas recuperaron su antiguo esplendor: las fraileras interiores —el equivalente de las contraventanas, aplicadas a las puertas— se pintaron en blanco para potenciar la luminosidad de la vivienda; los cristales se sustituyeron por vidrios aislantes; y las mallorquinas exteriores de hierro se lacaron en azul. El suelo, de pino melis, también se rehabilitó incluso en la cocina, donde se le aplicó un tratamiento específico contra la humedad. Solo en el pasillo y el baño, zonas en las que estaba deteriorado, la madera se sustituyó por un laminado.

En cuanto a las paredes, Víctor Zorita decidió pintarlas de blanco para potenciar la luminosidad, con dos excepciones: el baño y el frente de la chimenea en el salón, donde utilizó llamativos papeles estampados. Por último, el interiorista diseñó personalmente gran parte de los muebles, como el sofá de terciopelo azul, a tono con el papel del salón, o las mesas del comedor y del despacho, dos versiones inversas del mismo juego de materiales: cristal y madera.

CLAVES DEL PROYECTO

- Las paredes antiguas que dividían la vivienda en múltiples compartimentos angostos, se eliminaron para lograr una distribución diáfana, que transmitiera sensación de espacios diáfanos y desahogados.

- La búsqueda de la luz natural fue un objetivo esencial de la reforma. Víctor Zorita reorientó la distribución del piso hacia las balconadas que recorren toda la fachada, e ideó sistemas que facilitaran el paso de la luz, como el cerramiento de la cocina o la librería sin trasera del despacho.




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