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Una decoración pausada, con estudiados rincones eclécticos, llena de vida y movimiento este piso de recién
casados. Es un curioso refugio en el que se suceden, uno tras otro, espacios dotados de una fuerte personalidad, muestra de los gustos contrastados de sus propietarios. Él, amante de los anticuarios y del estilo
Gustaviano del siglo XVIII. Ella, una romántica diseñadora de gustos actuales y muy detallista. Como resultado, una fusión
de estilos muy enriquecedora a medio camino entre el clasicismo y la actualidad.
Maderas, metales, linos, pieles, terciopelos… una auténtica suma de materiales y texturas con una base común de tonos neutros
sosegados y toques contenidos en rosa.
Junto al cuidado interiorismo que luce toda la casa destaca su distribución, bastante compartimentada. En contraste con la actual corriente que aboga por espacios abiertos y diáfanos, aquí se apostó por una vuelta al pasado con estancias algo más reducidas pero comunicadas entre sí por vanos dobles. El hilo conductor se basa
en la decoración, en los colores y, por supuesto, en una estructura idéntica: los diferentes espacios se unificaron gracias a los suelos de parqué sintético de lama ancha, las paredes en gris claro y las
molduras, iguales en toda la vivienda.
Pero son los detalles románticos los que, al fin y al cabo, imprimen coquetería al conjunto. Elementos tan dispares como una máquina de escribir antigua, una moderna escultura, unos portavelas de pie o unos pequeños escudos de armas colgados realzan con mimo la belleza de cada mueble. Destacan en el moderno cuarto de baño, por ejemplo, unas coquetas cajas que emulan a las antiguas sombrereras.
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