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La casa reformada

Una casa llena de historias de familia

Los muebles que pasaron de generación en generación se convierten en auténticos protagonistas de esta vivienda. Gracias a la habilidad de su propietaria, la fusión entre pasado y presente resulta creíble y ¡perfecta!

Mi Casa 28/06/2013
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Uno de los grandes valores de esta vivienda es que, detrás de cada pieza, se esconde una pequeña historia. Su propietaria, Sofía Saavedra, la decoró con algunos muebles heredados de sus abuelas. Añadió otros nuevos, comprados o elaborados por ella —es propietaria de la empresa Dulce Compañía, especializada en prendas de punto— y los combinó con un criterio claro: lograr ambientes llenos de ternura. Ahí está la mesita de tijera, que su abuela tapizó con terciopelo azul y galones; o la trona donde su hermana tomó sus primeros purés, que ahora se utiliza como silla en el comedor de la casa. Y la emotiva composición de fotos en blanco y negro, que enmarca instantes felices de la familia.

Para lograr que cada pieza tuviera su propio protagonismo, Sofía optó por revestimientos discretos. En la planta baja, el parqué se pintó de blanco y las paredes se decoraron en azul pálido. Es en la escalera —decorada con un busto sobre el que se colocan sombreros poco utilizados— donde la transición hacia el primer piso se aprecia, también, en los materiales. La forma semicircular del muro impedía la instalación de madera, de ahí que el zócalo inferior se empapelara con un diseño que simula lamas. Y el Bolon de los peldaños se prolongó por el suelo de toda la primera planta.

A la belleza de las piezas heredadas se sumó el sello actual de su propietaria. Aquellos muebles que decoraron con maderas oscuras otras casas, se renovaron en las manos de Sofía con pintura en tonos alegres, más acordes para una vivienda con niños. Y en cada esquina se desvelan esos pequeños detalles que hacen la vida amable, como los cerditos de tela que decoran el dormitorio principal, o la guirnalda de orquídeas luminosas que recorre el dosel de la cama y que mamá enciende cuando se levanta de noche para no despertar a los niños.

Otro factor clave fue la búsqueda de la luz. Cuando la familia compró la casa, los materiales originales oscurecían y daban cierta tristeza a la vivienda. De ahí que el parqué se pintara en blanco, para que este color reflejara la luminosidad del jardín. Y que algunos asientos antiguos heredados, como la butaca del salón o la mecedora del dormitorio principal, se tapizaran con un lino en tono hueso. Además, para que ningún obstáculo bloqueara el paso de la luz, las ventanas se vistieron con visillos de un blanco inmaculado. Un recurso que envuelve en alegría esas historias de familia que miran al pasado para escribir el futuro.



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